(Por Atilio A. Boron) El Mundial del 2026 pasará a la historia como el más escandaloso de la historia. Claro que no es el único. Los dos que se jugaron en la década de 1930 (Italia 1934 y Francia 1938) fueron ganados por la selección italiana en medio de fuertes presiones del régimen de Mussolini. Como habrá sido la cosa que el árbitro de la final de 1934 tuvo que hacer el saludo fascista antes de comenzar el partido. En 1938 las irregularidades no fueron tan obscenas pero la sombra del fascismo se proyectó en su desarrollo. Fútbol y política van de la mano, y cuando se trata de una competencia internacional los intereses nacionales y las cuestiones geopolíticas se constituyen en factores de gran importancia. Estas no eclipsan el carácter deportivo del evento pero no dejan de introducirle algunas distorsiones muy significativas. Bajo esta perspectiva de análisis resulta evidente que la semifinal Argentina-Inglaterra no era apenas un partido de fútbol más sino un enfrentamiento cargado de inevitables connotaciones y consecuencias geopolíticas derivadas de la persistencia del colonialismo inglés en las Islas Malvinas. Suficiente por ahora. Volveremos al tema más abajo. Veamos algunos de los hitos más sorprendentes de este mundial que, me temo, algunos de los cuales podrían terminar en los estrados judiciales de Estados Unidos.
b)Tarjeta roja para el árbitro africano. Las autoridades migratorias de Estados Unidos denegaron la entrada al país del Omar AbdulkadirArtan, considerado el mejor árbitro de África en 2025. Esto pese a que el hombre había solicitado una visa temporaria de trabajo, presentado todos los certificados correspondientes, concurrido a la entrevista en la oficina consular de Mogadiscio, facilitado el acceso a sus cuentas en todas las redes sociales y permitido la revisión de su teléfono celular. Había una cierta expectativa porque este árbitro sería el primer somalí en dirigir en una copa del mundo. Sin embargo, esto no fue considerado suficiente por las autoridades migratorias del aeropuerto de Miami que lo deportaron a Turquía. Infantino hizo mutis por el foro.
c) Rusia excluida de la Copa del Mundo 2026. A raíz de la “operación militar especial” que Rusia lanzara en Ucrania en Febrero del 2022 la FIFA y la UEFA suspendieron la participación de dicho país en las actividades deportivas organizadas por ambas instituciones. Todas las selecciones nacionales de Rusia así como los clubes de dicho país han sido excluidos de todos los torneos que organicen aquellas beneméritas instituciones. No obstante, la norma tiene sus bemoles y está sujeta a interpretación porque la invasión y bombardeo de Venezuela por parte de Estados Unidos el 3 de enero del corriente año no descalificó a dicho país impidiéndosele participar en la Copa del Mundo 2026. Estados Unidos, además, invadió Afganistán en octubre del 2001 y ocupó ese país durante veinte años e hizo lo propio a lo largo de 8 años con Irak, desde marzo del 2003, sin que la FIFA objetara la presencia estadounidense en todas las competencias internacionales realizadas en esos años. El imperialismo también actúa al interior de la FIFA. Estas arbitrariedades tienen lugar mientras los publicistas del imperio hablan del así llamado “orden mundial basado en reglas”. ¿Cuáles reglas, quiénes la acordaron, a quiénes benefician y yquiénes son los que vigilan su cumplimiento o castigan su violación?
d) Discriminación contra selección iraní. Pese a que debía jugar en Los Ángeles y Seattle a la selección de fútbol de Irán no se le permitió establecer su lugar de residencia y entrenamiento en territorio norteamericano. A causa de ello el equipo tuvo que enfrentar un esquema logístico muy desgastante: estableció su búnker de entrenamiento en Tijuana, México, la ciudad fronteriza con San Diego en Estados Unidos, y viajó en vuelos chárter hacia este país exclusivamente para cumplir con cada compromiso de la fase de grupos. Las autoridades norteamericanas estipularon que los miembros de dicha selección debían regresar a suelo mexicano inmediatamente después de cada partido. El plazo máximo para hacerlo era de dos horas, luego de las cuales los que aún se encontraran en el país podrían ser arrestados por la ICE. A consecuencia de este trato discriminatorio la selección persa sumó un aproximado de 4,300 kilómetros de vuelo únicamente para trasladarse a los estadios desde su campamento base. Pese a ello se retiró invicta aunque fue eliminada en la fase de grupos donde obtuvo tres empates: con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda.
e) Un árbitro europeo para la final. Dado que ésta se libraba entre un equipo europeo y otro sudamericano lo correcto habría sido designar para tan crucial encuentro a un árbitro de una región alternativa: la Confederación Africana de Fútbol, la Confederación Asiática de Fútbol o la Confederación de Fútbol de Oceanía. Sin embargo, la designación recayó en el esloveno Slavko Vinčić, lo cual luego habría de dar lugar a múltiples protestas por lo sesgado de su arbitraje y porque en 2020 había estado involucrado -él dijoque involuntariamente– en un oscuro episodio en donde fue detenido junto con narcotraficantes, proxenetas y prostitutas en Bijeljina, Bosnia-Herzegovina. En todo caso hay que decir en su favor que no recibió condena alguna. Pero vayamos a su sesgado desempeño arbitral: en el partido final la selección argentina cometió 25 faltas y la española 21. Pese a esta relativa paridad, la representante sudamericana en la final recibió 6 tarjetas amarillas y una roja, mientras que su contrincante europeo no recibió ninguna. Uno de los más destacados volantes centrales de la selección argentina, Enzo Fernández, vio su primera tarjeta amarilla por protestar ante una errónea decisión del juez que denegaba un tiro libre a los sudamericanos. El doble rasero fue, en algunos casos, escandaloso: a los ojos del esloveno los jugadores españoles eran piadosos devotos de la Madre Teresa de Calcuta mientras que los argentinos eran bárbaros poseídos por una incontrolable pulsión violenta.
f) El superclásico Argentina-Inglaterra. Sin duda uno de los platos fuertes del mundial fue la semifinal entre Argentina e Inglaterra. La primera venía de celebrar su campeonato mundial en Qatar y era una de las posibles candidatas a obtener la copa del 2026. A diferencia de Inglaterra el equipo sudamericano tiene en su haber tres copas mundiales, contra una de los ingleses, obtenida en otro mundial plagado de sospechas cuando se jugó en Inglaterra en 1966. Una de las tantas anomalías de aquel mundial fue la injustificada expulsión de Antonio Ubaldo Rattín, el capitán de la selección argentina, en los cuartos de final jugando precisamente contra Inglaterra. La causa: su insistente pedido, dado que era el capitán del equipo, de convocar a un intérprete para poder explicarle al árbitro las razones de su reclamo. Pero había que perjudicar a la Argentina y el árbitro alemán lo hizo: en lugar de escuchar sus razones lo expulsó. Antes, los sudamericanos le habían ganado 2 a 1 a España, vigente campeón de la Eurocopa; empataron cero a cero con Alemania, con un hombre menos en los últimos veinte minutos del partido, y derrotaron a Suiza por 2 a 0. Tal como estaba planeado Inglaterra finalmente llegó a la final y derrotó a Alemania por 4 a 2. Pero luego de esa victoria vendrían 60 años de sequía, y el mundial de 2026 era la oportunidad soñada por los ingleses para conquistar la segunda copa. Inglaterra había llegado a dos semifinales: en Italia 1990, pero fue eliminada por Alemania; y en Rusia 2018 donde fue Croacia la encargada de bajarla del torneo. Por eso el partido contra Argentina tenía un condimento especial: era la oportunidad dorada para poner fin a una frustración de más de medio siglo y, además, flotaba en el ambiente la rivalidad latente pero muy profunda ocasionada por la Guerra de las Malvinas y la permanente usurpación de las islas por parte de la Corona Británica. Esto tal vez explique que según algunas estimaciones el partido haya sido visto –en una gran variedad de plataformas– por varios centenares de millones de personas en todo el mundo, habiendo sido, como dicen algunosobservadores, uno de los eventos deportivos con mayor encendido en lo que va del siglo. Y fue un magnífico partido, en el cual Inglaterra se puso en ventaja a los 10 minutos del segundo tiempo y transmitió la impresión de que ya tenía asegurada su presencia en la final. Pero dos geniales asistencias de Messi, en los últimos minutos del partido: una a Enzo Fernández y otra, excepcional sobre todo si se tiene en cuenta que la concretó con la derecha, su “pierna inhábil”, bastaron para que Lautaro Martínez sentenciara con un cabezazo el triunfo de la albiceleste y la eliminación de los ingleses.
Fue al final de este partido cuando alguien, desde el público, lanzó un lienzo con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, que fue recogido por varios jugadores y luego por casi todos ellos en medio de una gran ovación de los argentos que poblaban el estadio dado que la recuperación de las Islas Malvinas es una causa nacional profundamente sentida por la población. Esto pareció haber sellado el destino de la Argentina en la Copa del Mundo 2026. Los argentinos dieron una vez más pruebas de ser incorregibles en su rebeldía y los ingleses se apresuraron a garantizar que aquéllos pagarían un alto precio por su osadía.
Para los integrantes de la selección nacional ese era “el partido” que había que ganar, la verdadera final de la Copa del Mundo del 2026. La bofetada mundial bien se la merecía el gobierno inglés y la Corona -no así sus magníficos jugadores- que, “limpieza étnica” mediante de los pobladores argentinos habían tomado por la fuerza el control de esas islas un aciago 3 de enero de 1833 (fecha maldita que reapareció hace poco en Venezuela). Los colonialistas ingleses desde entonces se niegan a todo diálogo, pese al insistente llamado del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas para iniciar una negociación tendiente aresolver pacíficamente el conflicto. Curiosamente se enfrentaron en la final dos países que tienen parte de su territorio arrebatado por los ingleses: las Malvinas en Argentina y Gibraltar en España. En ambos casos Londres desconoce los reiterados llamados de la ONU para poner fin a la condición colonial de esos territorios mediante un arreglo diplomático.
Derrotada Inglaterra en semis, Londres lanzó de inmediato una campaña para que la FIFA sancionara a la Argentina por haber permitido la exhibición del lienzo malvinero. La FIFA tiene por norma prohibir la exhibición, sea en los uniformes de los jugadores como en cualquier otro elementos, de símbolos alusivos a cuestiones políticas o religiosas. El lienzo en cuestión, arrojado por un espectador, violaba esa norma. Se habló de imponer una sanción que apartar a la AFA durante diez años de todo tipo de actividadesorganizadas por la FIFA o sus federaciones adheridas, de imponerle una multa millonaria, de expulsar a los jugadores argentinos que militabanen equipos del Reino Unido, etcétera. Obviamente que la furia desatada por una nueva frustración y que obliga a los aficionados británicos a esperar 64 años para ver si en 2030 pueden alzar la Copa del Mundo potenció hasta lo indecible la presión de la federación inglesa y esto caló muy hondamente en la FIFA. Ante ello, Infantino obró como lo hizo con la tarjeta roja de FolarinBalogun y transmitió la orden de que para salvar a la FIFA -en realidad, para asegurar su perpetuación en el cargo de presidente de la FIFA-había que asegurar que un europeo ganase el mundial, y le tocó en suerte a España, que sin duda tiene un gran equipo. Para los argentinos la final con España era otra cosa, un partido de fútbol entre dos muy buenas selecciones. Haber derrotado al usurpador inglés era lo máximo. Desgraciadamente, como ocurriera en 1990 y en el 2014, la suerte estaba echada y, por tercera vez, en contra de Argentina.
Conjeturas acerca de un robo
Antes que nada vale una aclaración. Descreo de las teorías conspiracionistas, pero tal cosa no me convierte en un cultor de la ingenuidad sobre todo en la vida política y en la política internacional. Recuerdo muy bien que viviendo yo en Chile en los años de Allende había quiénes acusaban a la izquierda de “conspiracionistas”, aunque el término no se utilizaba en aquellos años. Se nos imputaba de “ver a la embajada y la CIA hasta en la sopa” y que eso no era un análisis político sino un síntoma de una paranoia galopante. Pero la historia luego demostró que la derecha y el imperialismo sí “estaban hasta en la sopa” y conspiraban, y lo siguen haciendo, siempre, día a día. Conspiran para, en fechas recientes, robar elecciones como en Honduras, Colombia y Perú. Conspiran para calumniar escandalosamente a Cuba calificándola como un país que protege al terrorismo internacional, y conspiran también para asfixiar a la isla rebelde privándola del acceso a los bienes esenciales para la vida. Conspiran para aniquilar al grupo dirigente de la Revolución Islámica y para que el régimen neonazi israelí pueda continuar su genocidio en Asia Occidental sin interferencia alguna; conspiran para someter a la República Bolivariana de Venezuela al dominio yankee, para mantener al payaso sangriento de Zelenski prolongando su ya perdida guerra con Rusia. La derecha cree firmemente en la lucha de clases -no como algunos izquierdistas o progres descafeinados- y luchan con ardor, en todos los frentes. Y para eso programan sus movidas con cuidado; es decir, conspiran.
Dicho esto, ¿por qué se había vuelto necesario asegurar que Argentina no ganase la Copa del Mundo?
Primero, porque la FIFA es una de las corporaciones empresariales más grandes del mundo y jamás permitirá que un resultado deportivo arruine su negocio. Un gigante financiero que tan sólo en el mundial del 2026 registró ingresos por 15.000 millones de dólares, producto en parte del aumento del número de selecciones participantes (48 contra 32 en Qatar), de la cantidad de partidos jugados (104 contra 64) y los exorbitantes precios de las entradas y la reventa de las mismas amén de los cuantiosos ingresos por publicidad. En Qatar el total de lo recaudado fue de 7.570 millones de dólares; este año, casi el doble. En 2025 el patrimonio neto de la FIFA alcanzaba a 9.479 millones de dólares, y como se encuentra legalmente constituida en Suiza es amparada por las absurdas normas jurídicas de ese paraíso fiscal que la caracterizan como una “asociación sin fines de lucro.”
Este enorme poderío financiero es manejado por un Consejo presidido, sin contrapesos desde el 2016 por Gianni Infantino. Pero a comienzos del año próximo, el 18 de marzo de 2027, éste deberá enfrentar un proceso electoral en el cual hay ya varios interesados en sucederlo, alentados por su manejo autoritario de la institución, sus desmanejos y por la filtración de ciertas declaraciones de Donald Trump de que el suizo-italiano podría ser el candidato propuesto por Estados Unidos para el cargo de Secretario General de la ONU. El ocupante de la Casa Blanca, otro de la misma calaña que Infantino,elogió la labor del capo de la FIFA diciendo que ha mantenido un orden y una eficiencia ejemplares en una asociación que tiene más miembros que la ONU: ¡211 federaciones futbolísticas versus 193 estados miembros de las Naciones Unidas! Entre las federaciones europeas es muy marcado el malestar por las componendas, los escándalos y el autoritarismo de Infantino, que con tal de vender derechos de televisión y publicidad altera y desorganiza con fechas-FIFA obligatorias y otros compromisos el calendario de las federaciones nacionales, no sólo las europeas. Entre sus competidores por el cargo sobresalen los nombres del polaco Dariusz Mioduski, propietario del club Legia de Varsovia y que cuenta con un importante respaldo en el seno de la UEFA, especialmente en federaciones de peso como Alemania y España. Otro que está al acecho es Nasser bin Ghanim Al-Khelaïfi, empresario y ministro sin cartera del gobierno catarí pero que desde 2011 es nada menos que el dueño y presidente del París Saint-Germain de Francia. Ambos arden en deseos de arrojar por la borda a Infantino.
Dada esta coyuntura electoral y teniendo en cuenta que la UEFA es el bloque mayoritario dentro de la FIFA al nuclear a 55 federaciones, si bien es seguido de cerca por la CAF, la Confederación Africana que reúne a 54, los asiáticos de la AFC con 47, la CONCACAF (Centro América y el Caribe, pero hegemonizada por Estados Unidos) con 41 federaciones y la cenicienta del fútbol mundial, nuestra CONMEBOL, ganadora de diez títulos mundiales (Brasil 5, Argentina 3 y Uruguay 2), cuenta con apenas diez federaciones, o sea, diez votos. Teniendo en cuenta estos datos, digo, es obvio que para ganar la elección en la FIFA el bloque decisivo, no por su número pero sí por su gravitación económica y política y por su ascendiente sobre los demás, es el europeo. Por consiguiente, había que consolidar el apoyo de la UEFA, alineada por completo con los reclamos de los ingleses y solidarios con su condición de potencia colonial, y para ello un equipo europeo, en este caso España, tenía que ganar la Copa del 2026. Habría sido un desastre para Infantino que la ganase una selección de la CONMEBOL con apenas diez votos en la batalla decisiva. Lo que en el lejano 1930 comenzó como un acontecimiento deportivo en Uruguay se convirtió en un fabuloso negocio. Si Argentina ganaba la suerte de Infantino estaba echada, y probablemente terminaría desplazado de su carto y, tal vez, pasando una temporada en la cárcel como le ocurrió a su predecesor, Joseph Blatter.
Con el último silbatazo del partido entre Argentina y España, Blatter, de 90 años, no demoró ni un segundo en exigir una renovación en el liderazgo de la FIFA y pidiéndole a las federaciones que no reelijan a Infantino dada su estrecha relación con el presidente Trump y el escandaloso retiro de la tarjeta roja para un seleccionado de Estados Unidos. Criticó también la “hipercomercialización” fútbol (la pausa para hidratación a mitad de cada tiempo para vender publicidad) y la pretensión de aumentar aún más el número de participantes y partidos en el próximo mundial del 2030. Por su parte Javier Tebas, presidente de La Liga de España, al igual que Blattes exigió a través de diversos medios de prensa la renuncia de Gianni Infantino, afirmando de manera categórica que su gestión “está destruyendo la industria del fútbol.”
Dados los antecedentes arriba mencionados era evidente que la final sería un partido muy especial, indeleblemente marcado por esta pugna por el poder de la multimillonaria institución. Mucho se habló de la superioridad española ante la selección argentina. Quiero dejar bien en claro que para mí los cuatro mejores equipos del mundial 2026 eran España, Francia, Inglaterra y Argentina, y no fue casual que todos ellos llegaran a las semifinales. Muchos comentaristas hablaron de la “tremenda” superioridad del equipo español sobre el argentino, cosa que no se vio en la cancha en donde los sudamericanos optaron por quedarse en su campo y desbaratar la ofensiva española, bastante poco efectiva por cierto. Recordemos que en la fase de grupos España empató a cero con Cabo Verde, goleó a Saudiarabia 4 a 0 y obtuvo un triunfo agónico de 1 a 0 con Uruguay. Luego derrotó a Austria, Portugal, Bélgica y Francia, en una seguidilla inolvidable. Obviamente, era el candidato número uno para campeonar.
Pero muchos críticos que exaltaron la superioridad de España en la final no tomaron en cuenta que nuestra selección salió a la cancha con un día menos de descanso y, además, sabiendo que no podía ganar. Alguien se encargó de enviar ese mensaje que en caso de ser desoído la reprimenda sería implacable. Trascendidos hablan de amenazas de diverso tipo, nada que deba sorprendernos teniendo en cuenta el talante mafioso de la FIFA: suspensión por diez años a la AFA y sus clubes, que no podrían participar en ningún torneo avalado por la FIFA, desde los campeonatos mundiales hasta la Copa Libertadores de América y la Sudamericana; “aprietes” a los jugadores y, se murmura, sus propias familias (recuérdese la expresión angustiada de Messi una vez terminado el partido, escudriñando las graderías del estado mundialista en busca de su familia, que siempre había acudido a verlo en los partidos anteriores) e inclusive la expulsión de los jugadores de la selección de los clubes europeos en los cuales se estaban desempeñando. El contraste entre los rostros sonrientes y el estado de ánimo eufórico de los jugadores argentinos al llegar al estadio y las caras largas y cabizbajas con las que salieron del vestuario para entrar al campo de juego ahorra miles de palabras. Aún así lucharon dignamente, a tal grado que la selección española recién pudo marcar su gol al comienzo del segundo tiempo del alargue y eso gracias a un desafortunado rebote.Un dato de una elocuencia irrebatible: durante todos los partidos del mundial la Argentina efectuó 76 remates al arco contrario, 34 de los cuales dieron entre los tres palos. En la final, en cambio, no hubo un solo disparo a puerta. El equipo estaba maniatado. Pese a ello en ningún momento se vio una selección superior a otra que había entrado al campo de juego intimidada y desmoralizada, pensando en defenderse, casi a hacer un entrenamiento, y sabiendo que el resultado del partido ya estaba definido de antemano. La mafia de la FIFA impidió que se ofreciera un espectáculo deslumbrante. Quienes amamos el fútbol ansiamos ver a ambas selecciones jugando en condiciones normales, no bajo la amenaza de los hampones que manejan el fútbol mundial. Seguramente será un espectáculo inolvidable.
En los últimos días se ha comenzado a hablar cada vez con más fuerzas de estos arreglos extra-futbolísticos pero no es la primera vez que ocurren. Diego Armando Maradona contó lo ocurrido en el mundial Italia 1990 donde Argentina, al eliminar al país anfitrión por penales había arruinado la fiesta y los negocios de la FIFA y sus anfitriones italianos. Todo fue cuidadosamente preparado: Argentina llegó a la final con Alemania sin Claudio Caniggia, Julio Olarticoechea, Ricardo Giusti y Sergio Batista suspendidos por acumulación de tarjetas amarillas, y con Diego con su tobillo destrozado por los golpes recibidos en los partidos anteriores. Para ni hablar del penal inventado a 5 minutos del final por un árbitro corrupto, Eduardo Codesal, para darle el triunfo a los alemanes. Al igual que lo ocurrido en aquel entonces esta vez no hará falta tanto tiempo para que se devele la verdad de esta maniobra, imprescindible para mantener el negocio de la FIFA y sus aliados.
¿Quiere esto decir que Argentina podía ganarle a España? No lo sabemos porque, como dije más arriba, ambos son excelentes equipos, pero Argentina tenía, con un Messi inspirado y no abrumado por amenazas, buenas probabilidades de hacerlo. Téngase en cuenta que el elenco hispano no pudo doblegar durante más de cien minutos a un equipo que vino al campo amenazado y con el sólo objetivo de evitar una humillante goleada. El mismo equipo que había dado dos breves pero brillantísimas lecciones de fútbol del más alto nivel en las remontadas con Egipto (3 a 2) y con Inglaterra (2 a 1), parecía haber sido víctima de una amnesia colectiva y se le olvidó de jugar al fútbol. ¿Si, por otra parte, los españoles eran tan buenos ¿por qué no marcaron seis goles como los ingleses a los franceses en el partido por el tercer puesto? Tal vez ellos también estaban avergonzados de la situación y no querían empeorar las cosas. Quienes amamos al fútbol esperamos con ansiedad el próximo enfrentamiento entre estas dos brillantes selecciones. Y. mientras tanto, trabajar para liberar al fútbol y a la FIFA del poder del dinero. Tarea ímproba pero más necesaria que nunca.
No quiero poner punto final a estas reflexiones y conjeturas sin felicitar a los integrantes de la selección argentina por su patriotismo, por expresar sin la menor duda su solidaridad con el reclamo por nuestras islas Malvinas y por haberle otorgado a esa causa, la de la imprescindible e impostergable devolución de las islas, una visibilidad mundial absolutamente extraordinaria, que jamás antes había tenido y que, en desmedro de la estrategia de Londres, corrió el pesado velo diplomático que hacía que el mundo no supiera lo que estaba ocurriendo en el Atlántico sur. Aquella derrota que nuestra selección le infligió en semisy el lienzo con la prohibida inscripción propinó una inédita y tremenda bofetada a la arrogancia colonial inglesa, a su pertinaz rechazo a las resoluciones de la ONU y a su astuta y malignatáctica de mantener esta cuestión, como la de la devolución de Gibraltar a España, siempre a puertas cerradas, lejos de la mirada del gran público. Ese fue uno de los grandes triunfos de la selección en este mundial, algo que trasciende de lejos lo meramente futbolístico.











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