Agradezco haber  sido vacunado pero, tal como me lo había advertido el médico que supervisaba todo el operativo, al día siguiente no iba a sentirme muy bien.  No estoy como Tom Hanks después del naufragio, en la imagen que ilustra esta nota, pero casi. De verdad. Parece que el tipo me conocía y me dijo: ahora vaya a su casa, se mete en la cama, hace reposo y córtela con esos jueguitos a los cuales usted es tan aficionado. Déjese de joder con el Twitter, Facebook, Instagram  WhatsApp, TikTok y su blog. Eso es para los “millennials”, no para gente como usted. ¡No se haga el YouTuber que está un poco pasadito de años para eso!

Lo miré condescendiente y le repliqué que nosotros, los “baby bommers”, teníamos que meternos en las redes sociales porque la batalla de ideas nos obligaba a no dejar arma alguna en el arsenal, y si hoy están las redes sociales teníamos que aprender a utilizarlas. Agrandado le dije que no lo hacíamos nada mal y  ….. Me paró en seco, consciente que estaba por largarle un rollo interminable sobre el tema  y me dijo: ¡usted no es un “baby boomer”! Ensayé una protesta pero se acercó, enérgico, y me susurró al oído,  con un dejo sorna que me hirió en el alma: “¡usted es un pre baby boomer! Cuando usted nació todavía no se había inventado la sociología!” Quedé petrificado. Y siguió: “Así que mejor me hace caso: no haga ningún esfuerzo, olvídese de la compu porque la cabeza la va a sentir un poco “rarita”, aunque no me dio más detalles.  “Lo más que puede hacer es mirar pelis como Dos Papas, La Novicia Rebelde, o los documentales de la National Geographic sobre los felinos en la India o la serie completa de El Líder de la Manada. Ni se le ocurra mirar series como Perros de Berlín,  Suburra, Black Mirror o la versión remasterizada de Blade Runner o la saga completa de El Padrino. Nada que sea violento. Ahora que ha sido vacunado usted estará librando una batalla muy dura y no necesita nada que potencie la violencia que su cuerpo está experimentando. Sólo que ahora con la vacuna está bien pertrechado para ese combate contra el virus, pero, ¡ojo; baje dos cambios! ¿me oyó?”

Asentí con la cabeza ante su perorata pero, la verdad, en mi fuero íntimo la tomé un poco a la ligera. Pero hoy, 36 horas después, la verdad es que “el doc” tenía razón y se quedó corto con sus advertencias: no estoy tan mal como aparezco en la imagen pero casi:  tengo una líneas de fiebre, me duele todo, desde el dedo meñique del pie izquierdo hasta la cabeza. De la cintura y el nervio ciático mejor ni les hablo y las articulaciones en brazos y piernas han adquirido la elasticidad del hierro. Mover piernas y brazos, sobre todo las primeras, es un suplicio. Cada movimiento es como si me dieran un puntazo con una faca tumbera en la rodilla y la cadera.

Moraleja: ¡cuídense por favor!, porque si con vacuna y todo uno queda hecho un desastre imagínense lo que puede ocurrir si, creyendo que el Covid-19 es una “gripecita” como dice Bolsonaro y lo repiten los canallas de la prensa hegemónica en la Argentina uno baja la guardia y se contagia ese maldito virus.  El doc me dijo antes de despedirme: “hágame caso. Ya está vacunado pero siga usando el barbijo, mantenga la distancia social y lávese las manos permanentemente. No se crea que con la vacuna ya está a salvo de todo riesgo.” Ayer pensé que exageraba, hoy les diría que “se quedó corto.” Por eso, amigas, amigos, amigues: cuídense. Tenemos muchas batallas por delante, y todos son imprescindibles. No caigamos en la trampa que nos tiende la derecha que apuesta, otra vez, al genocidio. Recuerden que hace cincuenta años que sus voceros vienen diciendo que este país no progresa porque “sobra gente”, porque tenemos “demasiada población”. Y el Covid-19 puede eliminar mucha gente “indeseable”, porque resulta que este virus  no es indiferente ante las clases sociales. En Estados Unidos, donde hay buenas estadísticas sobre esto, las víctimas preferenciales son los afroamericanos, los latinos y los blancos pobres. Y en nuestros países es igual. Por eso, cuidémonos porque, repito, tenemos grandes luchas que librar en los próximos meses, y para eso necesitaremos recuperar las calles. De lo contrario las principales decisiones de la vida política la tomarán las multinacionales, las grandes empresas, el sicariato mediático y la justicia corrupta. Sólo podremos hacer valer la potencia de las grandes masas populares a condición de que derrotamos la pandemia con una campaña masiva de vacunación y manteniendo los cuidados señalados por el médico: barbijo, distancia social y manos limpias.