“Año 1985, empezaba la famosa transición democrática. El contexto de aquel encuentro con Tomás era Flacso. Todavía no existía la facultad de Ciencias Sociales. Tomás junto a una serie de gente, que luego se incorporaron a la cátedra como Eduardo Grüner, Rubén Dri y otros más, se presentaron como alumnos. Yo había vuelto a la Argentina después de 18 años. Ahí me encuentro con ellos. Era un alumnado muy raro. ‘Estos más bien son colegas míos’, pensé. Al cabo de una hora de estar dialogando salió el tema de que pensaba iniciar un curso de teoría política y dije que, naturalmente, iba a empezar con Platón. Y Tomás, como dicen en el cine, iluminó toda la sala. Le dije de hacer la clase especial de Platón juntos. ¿¡Qué juntos!? La hizo él solo. Yo solamente puse el botón push y él hizo una clase extraordinaria. Ahí me di cuenta de que era una persona que tenía una capacidad de transmitir conocimientos pero no una capacidad fría, sino una capacidad caliente que lo hacía un profesor excepcional”.