Participé con ella en un diálogo que organizó el Instituto Patria y luego asistí a la brillante conferencia que brindó en esa misma institución. Francia es una mujer muy inteligente a la vez que muy valiente. En su discurso enfatizó la necesidad de lograr definitivamente la paz en Colombia, poner fin a las periódicas matanzas que ensangrientan su país, reparar las injusticias históricas que han sumido en la miseria a los pueblos originarios, a las poblaciones afrodescendientes y al campesinado colombiano. Criticó a ciertos progresismos latinoamericanos que aún son portadores de un racismo latente y dijo que sin una lucha sin cuartel contra el patriarcado, el racismo y el capitalismo la Madre Tierra, será destruida, y que el gobierno de Gustavo Petro se ha comprometido firmemente en estos objetivos. También dijo que el narcotráfico y la drogadicción no se pueden combatir con métodos policiales sino legalizando el consumo de drogas y, además, propiciando un reemplazo de los cultivos de psicotrópicos y haciendo un esfuerzo mucho mayor en educación, para que los jóvenes puedan tener un futuro que su país, al que calificó como el más injusto del mundo, no lo tienen. En suma: una lideresa formidable y un honor acompañarla en su lucha, que es no sólo la de Colombia sino la de toda Latinoamérica y el Caribe.