El día de ayer subí a mi blog una nota sobre el 70º aniversario del fallecimiento de Evita. Hoy lo hago con otra dedicada a la recordación de un evento crucial, un parteaguas en la historia latinoamericana y caribeña: el asalto al cuartel Moncada.

(Por Atilio A. Boron) Hoy se cumple un nuevo aniversario, el 69º, del día en que, en el año 1953,  un grupo de jóvenes cubanos, liderados por Fidel Castro y secundado por Abel Santamaría, Raúl Castro, Ramiro Valdés y Juan Almeyda, intentó tomar por asalto y copar los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en la oriental provincia de Santiago. Fue una acción heroica que terminó derrotada y reprimida con sanguinaria brutalidad por las fuerzas militares del dictador Fulgencio Batista acantonadas en el Moncada. Las salvajes torturas y el asesinato a mansalva de prisioneros y jóvenes caídos en combate pero que no tenían heridas mortales escribieron una de las páginas más infames de la historia cubana, denunciada con inigualable elocuencia en el célebre alegato de Fidel conocido como “La Historia me Absolverá”. La detención, tortura y ejecución de Abel Santamaría y otros compañeros fueron de una crueldad y maldad espeluznantes. En medio de esta matanza dos mujeres extraordinarias, Melba Hernández y Haydée Santamaría sentaron un ejemplo de heroísmo militante que las instaló, para siempre, en las más brillantes páginas de la historia de Nuestra América.

La derrota era una posibilidad y así lo reconoció Fidel en su arenga final, la noche previa al asalto cuando, dijo “Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante.”  La derrota del 26 de Julio se convirtió, como lo había considerado Fidel, en la gran victoria popular del 1º de enero de 1959. La historia absolvió al Comandante pero también a todos los “moncadistas”, quienes con su valerosa acción inauguraron una nueva etapa en la inconclusa batalla por lograr la Segunda y Definitiva Independencia de los pueblos de América Latina y el Caribe, hoy más amenazados que nunca por la inaudita violencia con la que el imperio norteamericano pretende frenar su inevitable declinación. Por eso, el triunfo de la Revolución fue la feliz culminación del asalto al Moncada -cuyo autor intelectual, según Fidel, no fue otro que José Martí- y también el potente grito de rebeldía que, años más tarde, reverberaría por toda Latinoamérica convocando a los pueblos a librar con renovados bríos sus luchas por la justicia, la democracia y para arrojar al basurero de la historia el yugo impuesto por el  imperialismo norteamericano. Por eso la gratitud popular para con aquellos jóvenes “moncadistas”  que se lanzaron con valentía a conseguir lo que parecía imposible y que inspirados por Fidel se sintieron con fuerzas para poner en marcha el movimiento de la historia, será eterna e inconmensurable.