Publicada en Página/12
(Por Atilio A. Boron) Pocas personas en el mundohan hecho más para desprestigiar al estado de Israel y atizar las llamas del antisemitismo que el Ministro de Seguridad Nacional israelí Itamar Ben Gvir. Por supuesto que no está sólo en este empeño. Sus palabras resuenan con fuerza sobre los cadáveres de más de 70.000 víctimas palestinas -en su mayoría mujeres y niños- producidas por las políticas genocidas, de limpieza étnica y de robo territorial practicadas por el gobierno de Benjamin Netanyahu. En esta luctuosa empresa, preciso es decirlo, el régimen genocida cuenta con la ayuda militar, financiera y propagandística del gobierno de Estados Unidos y de los de la Unión Europea, con algunas pocas honrosas excepciones. Sin estos crímenes concretos y transmitidos urbi et orbi en tiempo real las palabras de aquel despreciable sujeto no tendrían la repercusión que han conseguido. En fechas recientes este truhán, encargado de la policía y las prisiones del país, apareció en un video visitando una cárcel con mujeres palestinas y diciéndole a una mujer que, mientras él esté a cargo, “se acabaron los campamentos de verano en las cárceles israelíes”. Poco antes había anunciado la construcción de lo que denominó una “instalación de ahorcamiento” para los condenados a muerte en el centro de Israel, y en una entrevista llamó públicamente al asesinato de entre “30 y 40 personas” cada noche en la Franja de Gaza.
Son horrendas expresiones formuladas por un desecho humano, una hiena sedienta de sangre; un psicópata ganado por el odio y el sadismo que día tras día conmueve a la opinión pública mundial con declaraciones que revelan un rabioso antiarabismo y una infinita crueldad en relación a todo lo que sea palestino: sus gentes, sus tierras, sus comidas, sus plantas, todo. Un personaje que re-encarna el racismo de los nazis que martirizaron al pueblo judío en la Europa de los años treintas; los que se divertían con el sufrimiento proporcionado a los judíos en el Gueto de Varsovia y luego en la “solución final” llevada a cabo en los campos de exterminio. En una palabra, comparte la monstruosa tesitura moral de los artífices del Holocausto.
Ben Gvir pertenece a esa infame estirpe, a esa podredumbre civilizatoria, y en cuanto tal sus palabras son un escupitajo en contra de la gran tradición humanista del judaísmo. Es una afrenta al legado de Maimónides, Baruch Spinoza, Moses Mendelssohn, Karl Marx, Martin Buber, Emanuel Levinas, Max Horkheimer, Albert Einstein, Sigmund Freud, Rosa Luxemburg, Gyorg Lukacs, Walter Benjamin, Theodor Adorno, Isaiah Berlin, Erich Fromm, Hanna Arendt, Jacques Derrida, Noam Chomsky y, entre nosotros, León Dujovne,León Rozitchener., Marie Langer, Arnaldo Rascovsky, Gregorio Klimovsky, Rodolfo Mondolfo, Oscar Varsavsky, César Milstein, Daniel Barenboin, Beinusz Szmukler y tantos otros que en la Argentina difundieron, en muchos casos a costa de la cárcel o el exilio, las ideas emancipatorias de la tradición humanista pisoteada por un ser tan despreciable como Ben Gvir.
Con sus palabras cargadas de odio este personaje cloacal ofrece municiones a granel a los antisemitas de todos los pelajes para quienes las palabras del ministro israelí es música celestial para sus oídos. Y, decíamos arriba, para grandes sectores de la opinión pública mundial ante cuyos ojos la imagen de Israel ha venido sufriendo un marcado desprestigio. El Centro de Investigaciones Pew, de Washington DC, ha publicado hace un par de meses los resultados de su encuesta global una de cuyas preguntas era la opinión de los entrevistados sobre Israel. Revirtiendo la situación predominante durante mucho tiempo en el pasado, los resultados indican que en los 36 países del estudio, “una media del 67% de los adultos tiene una opinión desfavorable de Israel, mientras que el 25% tiene una opinión favorable.”
Pesa sobre personajes siniestros como Ben Gvir y Netanyahu el creciente desprestigio del estado deIsrael y la propagación del virus del antisemitismo. ¡Que cese el genocidio sobre el pueblo palestino, el robo de sus tierras y que cesen también los discursos del odio como los que profieren Ben Gvir con sus palabras y Netanyahu con sus acciones! Y que la comunidad internacional, de una buena vez, levante su voz y tome medidas efectivas para detener toda forma de genocidio: la que practica el régimen israelí en al Asia Occidental y el que realiza Estados Unidos, sin balas pero con una letalidad brutal, cuando su bloqueo recargado pone en serio riesgo la vida de miles y miles de cubanas y cubanos.











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