Primer programa de «Diálogo Internacional» por AM 530 y radio UNDAV
abril 4, 2022

Pueden escuchar el programa en:

https://ar.radiocut.fm/radioshow/dialogo-internacional/

“Biden, la OTAN y las Malvinas”
Editorial de Atilio Boron para el programa “Diálogo Internacional”

Transmitido por Radio Madres AM 530/Radio UNDAV
Sábado 2 Abril, 2022

Un programa radial dedicado a examinar la situación internacional, y cuya emisión inicial se produce nada menos que al cumplirse 40 años de la transitoria recuperación de las Islas Malvinas no puede sino comenzar con una emocionada recordación de los centenares de jóvenes caídos en combate y de los combatientes que sobrevivieron, con los cuales este país todavía está en deuda y para los cuales hacemos llegar nuestro más afectuoso saludo

El trágico desenlace de la aventura militar lanzada por una dictadura acosada por la creciente oleada de protestas y movilizaciones populares era previsible. Se montó de apuro una operación militar sabiendo que la tercera potencia militar del planeta, apoyada además por la OTAN, no permanecería de brazos cruzados ante la demagógica movida del gobierno de Galtieri. Tampoco Estados Unidos permanecería neutral, y mucho menos tomaría partido por Argentina, a pesar de que por el TIAR estaba obligado a brindar todo su apoyo y asistencia al gobierno argentino. Para resumir: aquello fue un desastre previsible e innecesario, que posterga, por mucho, mucho tiempo, la reincorporación de las Islas Malvinas, junto a las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, a la jurisdicción argentina.

La actualidad de aquellos acontecimientos trasciende el ámbito del conflicto armado y sus trágicas secuelas. Hay muchas aristas en este asunto. Pero quiero llamar la atención sobre dos actores, uno personal y otro institucional, que fueron muy importantes hace cuarenta años y hoy lo son todavía más: Joe Biden y la OTAN.

En 1982, el actual presidente norteamericano era miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Y como tal lanzó duras críticas en contra de las negociaciones que el secretario de Estado de Ronald Reagan, Alexander Haig, estaba conduciendo entre Londres y Buenos Aires. En una entrevista con la cadena CBC  Biden declaró que el Senado y el Congreso de Estados Unidos “deberían dejar bien en claro de qué lado estamos: del lado del Reino Unido”; y continuó, “para que los argentinos dejen de especular que aún en el marco de unas negociaciones Estados Unidos podría ser neutral en esta guerra.”

Cuarenta años más tarde este siniestro personaje -llamado «el carnicero de Belgrado» porque en 1999 impulsó que el Congreso de EEUU convalidara el bombardeo de Bill Clinton sobre Belgrado y Serbia- es quien aviva el conflicto en Ucrania enviando armas, pertrechos militares de todo tipo, drones e inclusive mercenarios en una guerra cuyo objetivo es desangrar a Rusia y, de ser posible, destruirla y particionarla, como ocurriera en la ex Yugoslavia que luego de su destrucción dio  nacimiento a siete débiles entidades estatales. Un personaje coherente este Biden, oculto bajo el ropaje de un viejito simpático y “progre” cuando en realidad es un político al servicio de los más nefastos intereses del imperio.

El segundo actor, ahora institucional, es la OTAN, que brindó un crucial apoyo logístico a las tropas del Reino Unido durante la guerra y que ahora es un componente decisivo de la Fortaleza Malvinas construida en Monte Agradable en donde se almacena un ilegal arsenal de misiles nucleares. La OTAN como fuerza de choque imperial ha extendido sus garras más allá del Atlántico Norte. Su teatro de operaciones ahora se extiende por todo el Atlántico, el Índico y el Pacífico Occidental. En Malvinas no sólo están los británicos; está la OTAN con todo su enorme poder de destrucción. ¿Cómo explicar este renovado interés por las Malvinas después de la guerra? Respuesta: porque dadas las profundas transformaciones que conmueven al tablero geopolítico mundial ese territorio irredento adquirió una importancia fundamental, por las siguientes razones.

Cuando el capitalismo se lanza a una desenfrenada carrera en búsqueda de recursos naturales esas islas son paso obligado e ineludible para acceder a las enormes riquezas de la Antártida, todavía inexplotadas.  Expertos y analistas coinciden en que no pasarán muchos años para que, calentamiento global mediante, esa prohibición del Tratado Antártico sea archivada y las grandes potencias se abalancen -en una re-edición de la fiebre del oro de California- para apoderarse de los recursos que ahora duermen bajo una gruesa capa de hielo en el Continente Blanco. Pero las Malvinas también revisten una importancia  estratégica porque están localizadas en el Atlántico Sur, uno de los más más pródigos a nivel mundial en recursos naturales de todo tipo: ictícolas, minerales, petrolíferos y gasíferos. Y además porque en caso de haber algún atentado, o un accidente, en el canal de Panamá –recordemos lo ocurrido en el canal de Suez cuando encalló el carguero EverGiven-  el único paso existente entre los dos grandes océanos de este planeta: el Pacífico y el Atlántico, se encuentra al Sur de Tierra del Fuego, en el  extremo sur de la Argentina.

Por eso, a cuarenta años de la gesta del 2 de Abril, recordemos a nuestros muertos y honremos su memoria;  renovemos nuestro repudio a aquellos militares y a los civiles que los acompañaron en aquella irresponsable aventura, y tengamos en claro el valor estratégico fundamental que han adquirido las Malvinas en la coyuntura geopolítica internacional y hagamos que el gobierno nacional actúe en consecuencia. Que no se limite a la memoria y el homenaje a los caídos, que está bien; pero que sea consciente que la agenda actual nos obliga a desarrollar una estrategia integral de descolonización, centrada en la trascendental importancia adquirida por las Malvinas en el emergente orden económico y político internacional que, entre los horribles fragores de la guerra, está naciendo en Ucrania.

 

 

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Sobre el Autor de este Blog

Atilio Alberto Borón (Buenos Aires, 1 de julio de 1943) es un politólogo y sociólogo argentino, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Actualmente es Director del Centro de Complementación Curricular de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Avellaneda. Es asimismo Profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del IEALC, el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe.

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