Mi amigo, al actor y dramaturgo Manuel Santos Iñurrieta, uno de los más brillantes de las jóvenes generaciones, un día, hace casi dos años, llega a mi oficina y me dice: «bajá, que necesito que me ayudes para una escena de Eléctrico Carlos Marx.» Asentí porque es mi amigo y, además, porque sabía que estaba pergeñando esa obra y que los ensayos se estaban haciendo en la Sala Osvaldo Pugliese, en la planta baja del Centro Cultural de la cooperación. No me costaba nada bajar del quinto piso para ver que se trataba. Cuando llego Manuel me dice: «mirá, hay una escena en que Marx tiene que ir al cementerio de la Chacarita. Y toma un taxi y al taxista le dice insistentemente que doble a la izquierda». Lo miré sin entender nada y me dijo: «necesito que seas el taxista. Es un par de minutos nomás.» Le dije que jamás había hecho nada en teatro pero me dijo»hacé de cuenta que estás dando una clase», y esa observación me pegó, porque siempre pensé que un buen profesor tiene que tener una cierta «pasta» de actor. ¿Y qué debo decir, pregunté intrigado? «Vos no te preocupes, seguime nomás. Igual lo estamos grabando y si la cosa sale mal lo corregimos.» Acepté, tenía una gorra a mano, me pasaron un volante de automóvil y ….. luz, cámara, acción salió lo que van a ver ahora. De primera, no hubo ni ensayo ni dos tomas. Salió así, de corrido.

 

Debo confesar que me encantó la experiencia, confirmando aquello de que el teatro posee una magia inigualable. Y que la obra de Manuel, el libro de la obra, es estupenda porque instala a Marx en Buenos Aires charlando con un grupo de «rolingas» sobre el capitalismo y la necesidad de la revolución. Cuando puedan, véanla. Y si no ven esta obra vayan a ver cualquier otra que estrene Manuel. Me lo agradecerán. Ojalá que se diviertan con este tramito de unos dosminutos. Abrazos