Publicada en Página/12
La amplia victoria de Luiz Inácio “Lula” da Silva en el histórico balotaje de este domingo deja numerosas enseñanzas para los futuros procesos electorales de la región, en especial de Argentina. Pese a que las encuestas hablaban de un “empate técnico” y que en algunos casos los grandes medios de comunicación brasileños arriesgaban una pequeña ventaja en favor de Flávio Bolsonaro, la voz de las urnas destruyó esas interesadas y nada inocentes conjeturas. Lula ganó “por paliza”: 51.8 % contra 48.2 % de su rival. En números absolutos obtuvo unos 4.400.000 de votos más que su contendor, una diferencia equivalente al 3.45 % del padrón electoral. Lo de Lula fue una proeza política de enormes proporciones llamada a ejercer una influencia que va más allá de Brasil y Latinoamérica.
¿Cuáles serían esas enseñanzas? Primero, que la existencia de un instrumento político-electoral bien organizado y con capacidad de convocatoria puede hacer que gente que en otras condiciones no hubiese ido a votar concurra a las urnas. La tasa de abstención de esta segunda vuelta fue del 19.2 %, una reducción de dos puntos en relación al 21.2. % de la primera vuelta y el menor nivel desde las elecciones del 2006. Pero para eso el PT tuvo que abandonar sus despachos y oficinas y salir a conquistar la voluntad ciudadana en las calles, cosa que no hizo en la primera vuelta. Los y las votantes petistas se quedaron en sus casas en línea con el triunfalismo que emanaba desde Brasilia. Pero ante la amenaza que representaba el triunfo de Bolsonaro en el balotaje, decidieron concurrir a los comicios y ahí están los resultados.
El “territorio” es un escenario importantísimo en cualquier proceso electoral y jamás puede ser abandonado, postergado por los estudios de la televisión o los medios de comunicación en general. Ese fue uno de los pecados más graves que cometió el PT en la primera vuelta.
Segunda enseñanza: a diferencia de hasta no hace muchos años, hoy existen “otros territorios” en los cuales es preciso librar batallas. Me refiero a las redes sociales, un crucial espacio controlado por un puñado de reaccionarios tecno-magnates que con sus algoritmos comandan sofisticados aparatos de comunicación y modificación de percepciones y voluntades. El pesimismo dominante entre amplios sectores de la izquierda y el progresismo ante esta novedad reposaba sobre una falsa premisa: la indefensión ciudadana ante las maquinaciones y las manipulaciones de los algoritmos en las diferentes redes sociales. La épica remontada de Lula desmintió la validez universal de aquella premisa. Seguro: Meta (WhatsApp, Instagram, Facebook, Messenger y Threads, amén de Meta AI) junto con X son factores que pueden “formatear” la opinión de amplios sectores del electorado, pero su eficacia dista de ser irresistible y puede ser contrarrestada si las organizaciones y fuerzas populares construyen una adecuada estrategia dedicada a neutralizar aquellas intenciones. Esto exige la conformación de un numeroso contingente de guerrilleros digitales dispuestos a librar batalla en la galaxia informática.
El PT (y Lula) lo ignoraron en la primera vuelta, pero corrigieron el rumbo en la segunda con los resultados que hoy celebramos. Esta súbita toma de conciencia de la importancia del otro espacio territorial, el digital, fue precipitada por el éxito arrollador de Ana Elisa Santos Silva, una brillante afrobrasileña de apenas 21 años que obtuvo la mayor votación de la historia cuando fue electa como diputada federal por el estado de Minas Gerais. Y lo hizo sin el apoyo de su partido, sino a partir de una incansable, cotidiana militancia en las redes sociales que se tradujo en casi dos millones de seguidores en Instagram. Esto fue un cañonazo que sacudió a la dirigencia del PT hasta sus entrañas y convenció a Lula y al PT de que este territorio, el digital, había sido dejado imprudentemente en manos del enemigo.
Otro joven, el diputado federal André Janones, que venía trabajando fuertemente en las redes sociales, pero sin mayor eco en la dirigencia partidaria, envalentonado por el éxito de Ana Elisa, se encargó de organizar en WhatsApp el “Ejército de Lula” y logró, en pocas semanas, armar una fuerza de choque de diez millones de voluntarios. Dos lecciones bien claras: volver al territorio y penetrar en el espacio digital. He ahí dos de las claves más importantes que explican la histórica victoria de Lula.
La trascendental importancia de su victoria será analizada en sucesivas notas, pero hay una que no quiero dejar de señalar ya mismo, en caliente, y esta es la tercera enseñanza: el imperialismo no es omnipotente y nada sería peor que resignarnos ante sus amenazas o pensar que no existen posibilidades de oponer resistencia a sus rapaces designios. Trump amenazó de mil maneras al “régimen” iraní y ya los propios militares estadounidenses reconocen que han perdido esa guerra. Hace más de sesenta años que están procurando destruir a la Revolución cubana, y no han podido ni podrán hacerlo.
En el caso brasileño, Trump gritó, chantajeó, amenazó y presionó de una y mil maneras para impedir el triunfo de Lula, pero no pudo neutralizar la voluntad popular. Apoyó a los Bolsonaro, padre e hijos, con todas sus fuerzas y sufrió una humillante derrota. No solo Brasil, sino Latinoamérica toda, no serán nunca el “patio trasero del imperio”. El imperio no es invencible; dejemos esa creencia para la basura que fabrican en Hollywood. Habrá momentos de mayor o menor resistencia, pero en última instancia los pueblos, más pronto que tarde, se rebelarán.
La oleada de la ultraderecha, que parecía dispuesta a arrasar con todo el continente, se estrelló con la voluntad y el patriotismo del pueblo brasileño. Con ello, las dos mayores economías y los dos países más poblados de la región, Brasil y México, se erigen como fortalezas inexpugnables para las ambiciones de Washington. Nos toca a nosotros en la Argentina, el año próximo, unirnos a esta corriente y poner fin al proyecto colonizador encarnado por el otrora hiperactivo y hoy silente usuario de X, Javier Milei, y los malhechores que le acompañan.











0 comentarios