Pasan los días y la autocracia trumpista en Estados Unidos persiste en su criminal política de endurecimiento del bloqueo en contra de Cuba. Desgraciadamente lo hace ante la indiferencia de la mal llamada “comunidad internacional”, que si lo fuera debería haber reaccionado de inmediato exigiendo –y logrando- poner fin a esa política. Indiferencia compartida por los vasallos de Estados Unidos: la gran mayoría de los gobiernos europeos, de la Unión Europea (cuyas mandamases: Ursula von der Leyen y Kaja Kallas son dos burócratas intoxicadas por su odio a Rusia y a todos los pueblos que resisten la dictadura imperial, de la cual ellas son incondicionales secuaces). Y también de Canadá, de Japón, de Corea. En suma, más allá de la geografía, de ese núcleo en avanzado proceso de pudrición que es el así llamado Occidente Colectivo y sus instituciones, sumidas en una irreparable bancarrota.
Pasividad, complicidad no sólo con la agresión que sufre Cuba. También puesta en evidencia porsu escandalosa insensibilidad ante el genocidio del pueblo palestino (y de Líbano, de Siria, de Cisjordania) y su perpetua agresión en contra de Irán y los hutíes en Yemen. En suma, es todo el orden imperial que se ha venido abajo producto de la lenta pero inexorable putrefacción de sus fundamentos morales, dejando al desnudo su rapiña, sus intereses económicos y la monstruosa imagen del Leviatán imperial personificado en ese megalómano que habita la Casa Blanca y que se cree, o pretender ser, el dueño del mundo. En Asia se lo oye refunfuñar, pero sin mayores consecuencias prácticas. En África no se lo escucha. Trump quiere pero ya no puede, y eso lo enfurece e incentiva su agresividad. Todavía su presencia suena fuerte en Nuestra América, pero ya no inspira el temor o la sumisión que antes lograba en el resto del mundo. La Argentina de Milei es un caso inigualable de prostibularia obsecuencia, de imposible generalización. No en todos nuestros países, obvio, pero sí en varios hay una rebeldía latente a veces, en dependencia de qué tipo de gobierno tienen, cuán organizado esté el campo popular y cuán profunda haya sido la labor de concientización antiimperialista realizada en el pasado. Creo firmemente que hay más pueblos antiimperialistas que gobiernos antiimperialistas en Latinoamérica y el Caribe, y también creo que esa ecuación en algún momento está destinada a revertirse.
Retomando el hilo de nuestra argumentación digamos que en este contexto global no podemos sino reclamar una solidaridad efectiva mundial con Cuba, no sólo discursiva o retórica, sino concreta, traducida en ayuda material que le permita sobrevivir al vendaval del boqueo al país más solidario del mundo. Necesitamos más gobiernos que tengan la audacia de desobedecer las órdenes del imperio. Si logramos que cuatro o cinco de ellos organicen una caravana de tanqueros petroleros destinados a la ayuda humanitaria a Cuba Washington tendría que hacer lo que ha hecho ya varias veces con Trump: tragarse sus amenazas. Ojalá aparezcan esos gobiernos. Por ahora prefiero no convocarlos a esta empresa. Pero, es “por ahora”, como decía Chávez.
Termino expresando mi admiración por la notable resiliencia del pueblo y el gobierno cubanos, plantando cara a un sinfín de dificultades, privaciones e inconvenientes de todo tipo que están magníficamente retratadas en esta bella canción de Silvio que quiero compartir con ustedes. Cuba resiste y resistirá, pagando un precio exorbitante como lo hizo en su lucha por independizarse del dominio español en el siglo XIX. Pero lo hará una y mil veces por su honor nacional y su valentía; por ser la digna heredera de Martí y de Fidel. Es duro, y lo será tal vez más, pero tengo plena confianza que esa isla indispensable para quienes queremos un mundo mejor saldrá victoriosa ante el desafío que le plantea, lo que para eterno desprestigio de Estados Unidos, el más criminal bloqueo jamás sufrido por pueblo alguno a lo largo de toda la historia de la humanidad.












0 comentarios