Entrar en Gaza es entrar en el infierno
noviembre 20, 2012

TESTIMONIO IMPRESIONANTE:  Elisabetta Piqué es una periodista y politóloga nacida en Florencia, Italia, y criada en la Argentina, donde realizó sus estudios en Ciencia Política. En 1990 inicia su carrera periodística en la agencia italiana de noticias ANSA y desde ese momento abraza la profesión periodística especializándose en  la cobertura de conflictos bélicos. Ha estado en Haití, Bosnia, Kosovo, Afganistán e Irak y ahora en Gaza. A partir de 1999 se convierte en corresponsal de La Nación (Buenos Aires) en Roma. En publicó Diario de Guerra. Apuntes de una corresponsal en el frente. Afganistán 2001-Irak 2003. (Buenos Aires: Grupo Editorial Norma, 2003). Lean el estremecedor relato que hoy entrega en la edición de hoy en La Nación. Sobran los comentarios.

Lo que quedó de la casa de la familia Al-Dallu (Gaza, Nov. 18 2012-). Entre las víctimas había 5 niños.

Martes 20 de noviembre de 2012 | Publicado
en edición impresa de
La Nación (Buenos Aires)
Ofensiva de Israel
Gaza, un infierno de destrucción y miedo
Por la lluvia de misiles, pocos se animan a salir;
ya hay 100 muertos
Por Elisabetta Piqué  | 
CIUDAD DE GAZA.- Columnas
de humo negro que se elevan ahí donde cayó el misil, bombardeos que sacuden los
edificios y dejan sin aliento, el ruido incesante de los drones (los aviones no
tripulados israelíes) o de los helicópteros de combate Apache, fuerte olor a
pólvora. La radio constantemente prendida para saber cuáles fueron los blancos
de la jornada y cuántos muertos hay que agregar a la lista. El terror de la gente, que no
se anima a salir a la calle
 . «Aquí todos somos
blancos», repite la gente, con ojos llenos de miedo y rabia.
No es vida lo que hay en
Gaza, un enclave de miseria y extremismo donde 1,6 millones de palestinos viven
hacinados. Desde el miércoles pasado está bajo fuego, a merced de la Operación
Pilar Defensivo lanzada por las fuerzas de Israel, que le dijo basta al lanzamiento
de misiles contra su territorio.
Entrar en Gaza es entrar en
el infierno. Impresiona la destrucción que dejaron seis días de ataques
consecutivos en un lugar ya de por sí dañado y que parece haberse quedado atrás
en el tiempo debido a la pobreza, las guerras y el bloqueo israelí. Ni hablar de los muertos, que
ya suman 100.
Video: Gaza, bajo las bombas
Por las bombas que caen
desde aire y mar, no hay un alma en la calle. «Nadie se anima a salir;
cualquiera puede ser un blanco en Gaza», explica Ramez, mi intérprete, que
fue a buscarme al precario puesto de seguridad levantado a dos kilómetros del
paso fronterizo de Erez.
A diferencia de la ofensiva
que hubo aquí hace cuatro años, esta vez las fuerzas israelíes, que controlan
la frontera de Gaza, dejan entrar a periodistas a este territorio palestino
gobernado por el grupo islámico Hamas, considerado terrorista.
En diciembre de 2008,
cuando tuvo lugar la Operación Plomo Fundido e Israel invadió Gaza después de
cuatro días de disparos de misiles contra territorio israelí, la frontera
estuvo sellada. Entonces, más de 1400 palestinos y 13 israelíes murieron en
tres semanas.
Con una acreditación de la
oficina de prensa del gobierno israelí y un pasaporte, en cambio, ahora es
posible entrar a Gaza. Debido al lanzamiento de misiles de parte de grupos de
militantes de Hamas y de la Jihad Islámica, sin embargo, no se puede llegar
hasta el puesto de frontera de Erez en forma autónoma. Un checkpoint en el
camino corta el paso varios kilómetros antes, en un cruce donde hay una
estación de servicio y un lugar llamado Yad Mordechai, donde se libró una
batalla en 1948, como indica un cartel.
Allí, donde ya comienzan a
oírse fuertes estruendos y verse columnas de humo negro levantándose desde los
campos que se ven más allá, es donde los periodistas deben esperar, bajo un sol
que pega fuerte, para ser escoltados por militares israelíes.
El último paso hacia Gaza,
sólo posible a la mañana, es poco antes de la una de la tarde. Un simpático
oficial israelí conduce la caravana de periodistas hasta el modesto puesto de
inmigración de Erez. «Les pido que se cuiden, no se acerquen a gente de
Hamas y de la Jihad y espero volver a verlos pasar por acá», dice el
militar, al despedirse del grupo.
La mayoría de los
periodistas lleva casco y chaleco antibalas. Antes de hacer migraciones, hay
que firmar un formulario que certifica que uno sabe que está ingresando a una
zona en riesgo. Ya en fila para el último trámite migratorio, llega el primer
momento de pánico. «¡Hay un ataque! ¿No oyen la sirena? Vayan a refugiarse
a esa sala!», grita una joven soldado a los reporteros. La alerta dura no
más de cinco minutos. Controlado el pasaporte, luego del cruce de puertas
giratorias de metal enrejadas y de dos altísimos muros de cemento armado,
comienza la caminata de más de un kilómetro a través de ese famoso túnel
techado, plagado de cámaras y enrejado, que lleva a Gaza, el infierno.
Lo primero que se advierte
es el olor a pólvora, a bombas recién estalladas, a fuego. Pero también a
miseria, a suciedad. El silencio es roto por el ruido de fuertes explosiones,
de los siempre presentes drones y del chirrido de un carrito lleno de valijas
que arrastra un maletero palestino que también avanza en el túnel hacia el
centro de la batalla. «Welcome to Gaza», dice el hombre, tez morena y
de ropa harapienta, que no se inmuta ante los estruendos que hacen saltar a los
periodistas que van llegando a una zona de guerra.
Vista de la
ciudad de Gaza durante los ataques israelíes.  Foto: Reuters
Foto 1 de 21
Las calles están desiertas,
los negocios con las persianas bajas, se ven montañas de basura sin recolectar.
«La vida está totalmente paralizada desde hace seis días. No hay colegios,
no hay comercio, nadie se puede mover. Yo vivo en el campo de Jabaliya junto a
mi familia, que no sale desde hace días, porque está aterrada. El otro día cayó
un misil en un campo de cultivos que hay a 300 metros de nuestra casa»,
dice Zared.
Mientras avanzamos por la
calle Salaheldín, la principal avenida de Gaza, también desierta, el guía va
mostrando la destrucción de las últimas horas: la estación de policía del
barrio de Djihaie, el mismo donde fue asesinado el miércoles pasado el jefe
militar de Hamas, convertida en un cúmulo de ruinas. «La bombardearon a
las dos de la mañana», indica. También están arrasados la estación de
policía de otro barrio cercano y diversos edificios del gobierno de Hamas.
Las noticias de la radio,
siempre prendida, indican que un cohete palestino cayó en Ashkelon y otros
cinco en Kissufim, en el sur de Israel. «Es nuestra resistencia, es
nuestro derecho a defendernos», comenta Ramez.
En una calle desierta, dos
hombres le están poniendo a la ambulancia carteles que dicen «Press».
Con eso se sienten más seguros, porque ellos también temen ser blancos, explica
el guía.
CIUDAD FANTASMA
Si Gaza parece una ciudad
fantasma, el único lugar donde parece haber vida es alrededor del hospital
Shifa, el principal de la ciudad, donde traen a todos los heridos y a los
mártires de esta enésima guerra sin sentido. El hospital acaba de ser visitado
por una delegación egipcia y el ministro de Salud, Moheed Mukhalatti, está
dando una conferencia de prensa ante una multitud de hombres.
«¡Los israelíes
bombardean a mujeres y chicos que están en su casa, el mundo está viendo esta
catástrofe y no hace nada!», clama. «¡Pero la comunidad internacional
no toma medidas contra Israel! ¿Para qué vienen las delegaciones
internacionales a Gaza? Traen su ayuda y su dinero, pero eso no sirve, queremos
que Israel deje de atacar a inocentes», grita.
Son las cuatro de la tarde
y una fuerte explosión hace temblar todo. La radio indica que ahora cayó un
misil sobre la Sharuk Tower, un edificio que no queda demasiado lejos del
hospital Shifa. Una columna de humo negro se levanta desde allí. «Hubo dos
mártires en la Sharuk Tower, uno es un líder de la Jihad Islámica», dice
Zared. Ya de noche, cuando los bombardeos se hacen más pesados y es un suicidio
salir a la calle, el boletín de guerra palestino indica que hubo «27
mártires y 60 heridos».
El ruido de los drones no
cede, las conexiones a Internet van y vienen y Ramez cuenta que, a diferencia
de la última guerra, hace cuatro años, cuando su familia se mudó a la casa de
un tío en el Sur, esta vez decidieron quedarse en Jabaliya, en el norte de
Gaza. «No nos fuimos porque esta vez toda Gaza es un blanco, pero si Alá
quiere, sobreviviremos.»
PEDIDO A LA ONU DE LA ARGENTINA
La presidenta Cristina Kirchner
reclamó
 al Consejo de Seguridad de la ONU que «ordene de
inmediato el fin de las hostilidades» en Medio Oriente y que convoque de
manera «urgente» a una reunión de ese cuerpo, informó ayer el
canciller Héctor Timerman.
La Presidenta transmitió en
la misiva «el claro mensaje» del Mercosur y de la Unasur en favor del
diálogo en el conflicto entre israelíes y palestinos.

12 Comentarios

  1. Anónimo
  2. KEKA

    LOs israelíes lanzan misiles a los puntos de donde proceden los que caen en su territorio. Extrañamente todos proceden de edificios públicos, casas,escuelas, templos…Nadie entiende porqué Hamás, si quiere seguir la guerra con Israel, no refugia a la población civil en los túneles , bien iluminados, cómodos, por dónde traen armas y lo que quieran de Egipto. Lo que no entiendo tampoco es que sigan fomentando el odio a Israel, cuando mueren cientos de miles en Siria.
    Justo ahora que hay conversaciones d paz.
    Los habitantes de Gaza son en su mayoría egipcios, saudíes, y hace poco que ocupan esa franja, atraídos por la prosperidad que hubo cuando fue ocupada por Israel, que la entregó, tratando de cambiar paz por territorio. Cosa que no se logró, porque ya sabemos que hay muy poderosos fabricantes de armas en Rusia y los petrodollares de Irán, que desean mantener el conflicto a toda costa. Es más lucrativo vender armas que educar a un pueblo o alimentarlo.

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  3. Anónimo

    Justamente, los no trasplantados eran los palestinos que habitaban el territorio cuando, a mediados del siglo 20, el Gobierno de Su Majestad decidió impulsar la creación de un Estado a sangre y hierro. Es el mismo Gobierno que influyó y aún influye para que Chipre, territorio mayoritariamente griego, tenga turcos en su territorio que hayan dividido el país. Y tantas, tantas otras cosas. ¿O de quién creen que aprendió EE.UU.?

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  4. Yemayá

    Los israelíes que hoy habitan Israel son europeos transplantados.

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  5. Yemayá

    @GABRIEL DIJO:

    El mito de la “Tierra sin pueblo”

    Expliqué en mis notas que ya a fines del siglo pasado la propaganda sionista convirtió al palestino en “el hombre invisible” de Medio Oriente, a tal extremo que Teodoro Herzl hizo un viaje a Palestina y escribió un informe donde no figuraba la palabra “árabe”. El mito de la “tierra sin pueblo” era útil para fomentar la inmigración del “pueblo sin tierra”. Ese mito renace en la carta de la Embajada de Israel, como si no hubiera sido refutado.
    Según el escritor israelí Amos Elon, en un libro de 1971, cuando Herzl viajó a Palestina en 1898, “debía haber allí más de 500.000 árabes palestinos”. Esto se complementa con una observación formulada en 1891 por el judío Achad Haam, que conocía bien Palestina:

    “En el extranjero solemos pensar que Palestina hoy es casi desierta, un páramo incultivado… Pero no es así, en absoluto. Es difícil encontrar tierras sin cultivar… En el extranjero solemos pensar que los árabes son todos salvajes, comparables a los animales, pero esto es un gran error”.

    Cabe preguntarse si no es esa forma racista de pensar, lo que volvía “invisible” al palestino y lo que, todavía hoy, hace que la Embajada de Israel invente cifras de población distintas a las que figuran en los únicos censos conocidos. Así el señor Sejatovich afirma, sin citar fuente, que al fin de la Primera Guerra “la población árabe era de 557.000 y la población judía, de 100.000″.
    La verdad es que en 1914 los turcos hicieron un censo que dio una población total de 689.272, y el sionista Arthur Ruppin estimó que 60.000 eran judíos.
    El 31 de diciembre de 1922 el “Gobierno de Palestina” (o sea el Mandato británico) hizo un censo que dio estos resultados:

    Árabes 663.914
    Judíos 83.794
    Otros 9.474
    Total 757.182

    Es decir que cuatro años después de lo que dice la Embajada, la población judía aun no llegaba a los 100.000. Tampoco acierta la Embajada cuando dice que Palestina “hasta comienzos de la década del 30 era una tierra de emigración árabe”. Si comparamos el censo de 1922 con el de 1931, vemos que la población árabe creció el 28% y la población judía, el 108% lo que sólo se explica por la política de inmigración que implantó el Mandato británico.
    De las cifras que acabo de citar se deduce que los términos “Palestina, país despoblado”, son una falacia en cualquier época que se considere. En 1922, la densidad de población ascendía a 22 habitantes por kilómetro cuadrado, cifra superior en ese momento a la de Estados Unidos o la URSS, y que la Argentina no alcanzará en un siglo: lo que espero no suministre argumentos a ningún colonizador.

    Rodolfo Walsh, La Revolución Palestina, 1974

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  6. Anónimo

    GABRIEL DIJO:
    pais artificial?
    cuando los filistinos llegaron de Creta, los judios ya vivian en Israel.
    los judíos no le han quitado tierra a nadie, quienes si le quitaron tierra a los judios fueron las tribus emigradas de la peninsula arabica, los ahora jordanos que convirtieron en subditos a los filistinos emigrados de Creta (llamados palestinos despues de 1964 cuando el egipcio yaser arafat creo la OLP).
    los palestinos de Gaza mas ganarian en firmar la paz, como muy bien lo saben los de baja jordania (judea-samaria).
    Pero antes de la particion de 1947 el secretario de la liga arabe prometio que la creacion de un Estado Judío conduciria a una guerra de exterminio como no se habia visto en Mongolia y en la guerra de los Cruzados, desde aquella fecha los arabes han tratado destruir Israel en: la guerra de los 6 dias en 1967, guerra de Kipur en 1973, 2 intifadas, guerra de Libano, y ahora con 8 meses de tiros de misiles.
    Israel siempre estuvo alli a pesar de las invasiones y destierros egipcios, babilonicos, griegos, romanos, otomanos, ingleses y arabicos

    chau pibes!

    Responder
  7. Anónimo

    El otro dia leia algo referido a la posición británica sobre el conflicto palestino-israelí. Buenas intenciones, por supuesto, pero por lo demás parecía autismo puro y una desmemoria patológica. Como cuando, a fines del S. XVIII, el Gobierno de Su Majestad suspende de golpe la esclavitud y la combate con cañones en cuanto puerto del mundo subsistía. ¡Qué buenos los británicos! Claro, no decían que, en realidad, combatían la esclavitud porque el trabajo humano, fuera o no castigado y humillante, era un competidor de las nuevas máquinas de la Revolución Industrial que la Pérfida Albión debía vender al mundo. Con el conflicto palestino-israelí, ¿se olvida el Gobierno de Su Majestad quién le dio al pueblo de Moisés las tierras que hoy ocupa el Estado de Israel, y a quiénes pertenecían antes esas tierras? Ahí no hubo, que yo recuerde, ninguna consulta a los palestinos por la "autodeterminación", como nos obligan a nosotros en Malvinas respecto de los kelpers. Con la diferencia que, en nuestro caso, la autodeterminación no es válida porque los habitantes de malvinas son una población trasplantada, mientras que los palestinos que ocupaban esas tierras eran autóctonos y hacía varios siglos. Pero esa historia no es lo peor aquí. Lo peor son los asentamientos judíos, que no cesan, ése es el principal escollo para lograr una solución equitativa y negociada. No desviemos las cosas para odios y prejuicios. Estudiemos la historia y evaluemos objetivamente.

    Responder
  8. Yemayá

    El sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces milenario, es en realidad el producto de la última fase del capitalismo Abraham León

    En esa fase todos los nacionalismos europeos han construido sus estados y no necesitan ya de la burguesía judía que ayudó a construirlos, pero que ahora es un competidor molesto para el capitalismo nativo. “Repentinamente” surge en esos países el chovinismo antisemita, y se convierten en extranjeros indeseables judíos integrados durante siglos a la vida de los mismos, que, como dice León, “tenían tan poco interés en volver a Palestina como el millonario norteamericano de hoy”.

    Las persecuciones del siglo XIX afectan más a la clase media judía que a la clase alta, cuyos representantes notorios iban a lograr una nueva integración a nivel del capital financiero internacional.

    Aquellos judíos europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa de sus males, se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países reales. El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la pequeña burguesía, alentada sin embargo por aquellos banqueros que –como los Rotschild– veían venir la ola y querían que sus “hermanos” se fueran lo más lejos posible. A fines del siglo pasado esa ideología encontró su profeta en un periodista de Budapest, Teodoro Herzl, su programa en las resoluciones del Congreso de Basilea de 1897 y su herramienta en la Organización Mundial Sionista.

    El retorno a Palestina tropezaba sin embargo con el inconveniente de que el país estaba ocupado por una población –500.000 habitantes– que desde la conquista islámica del siglo VII era árabe.

    Los fundadores del sionismo negaron el problema. En 1898 Herzl hizo un viaje a Palestina y preparó un informe donde la palabra árabe no figuraba. Palestina era una tierra sin pueblo donde debía ir el pueblo sin tierra. El palestino se convirtió en “el hombre invisible” del Medio Oriente. Algunos alcanzaron sin embargo a descubrirlo. El escritor francés Max Nordau vio un día a Herzl y le dijo asombrado: “Pero en Palestina hay árabes” y agregó: “Vamos a cometer una injusticia”.

    Rodolfo Walsh, La Revolución Palestina, 1974

    Responder
  9. Yemayá

    ¿Seguir diciendo que no a qué chau-Gabriel? ¿Seguir diciendo que nunca estuvieron de acuerdo a la construcción en sus territorios de una país artificial como Israel, establecido arbitrariamente por un sentimiento de culpa de Europa y sus socios? ¿Cuál es la novedad con la que nos viene a iluminar tu CEO israelí?

    Pero además, yo puedo desear que vos no existas, y vos podés venir por eso a matarme: ¿quién de los dos termina siendo el asesino?
    Se desgarran las vestiduras pero NO ACATAN EL DERECHO INTERNACIONAL y pretenden adoctrinarnos que son los árabes los salvajes?

    ¡va fangulo vos y toda tu cría, mentecato!

    Responder

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Sobre el Autor de este Blog

Atilio Alberto Borón (Buenos Aires, 1 de julio de 1943) es un politólogo y sociólogo argentino, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Actualmente es Director del Centro de Complementación Curricular de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Avellaneda. Es asimismo Profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del IEALC, el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe.

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