(Atilio A. Boron) Como ciudadano y politólogo me devora la ansiedad por conocer ¡ya! la fecha del debate que seguramente sostendrán María Eugenia Vidal y Leandro Santoro por ser los dos candidatos a diputados que encabezan todas las encuestas de opinión en la ciudad de Buenos Aires.

El electorado tiene el derecho de saber qué piensan, sobre todo que propuestas tiene la candidata itinerante, otrora “orgullosamente bonaerense”, porque hasta ahora habló de puras generalidades y no ha dicho nada concreto sobre qué es lo que quiere hacer en esta sufrida ciudad. No quiero ser mal pensado; seguramente se está reservando sus argumentos para caerle de sorpresa a su adversario en el debate Así, que, ¡ojo Leandro con la capacidad dialéctica de la Mariu!, no vaya a ser que te deje nocaut de entrada con un par de citas de Hanna Arendt, Friedrich von Hayek o el Marqués Vargas Llosa y Morales Solá, Alfredo -o algún otro juez tan imparcial como ellos-  la declaren ganadora y debas morder el polvo de la derrota. Sería imperdonable. Lo digo porque no puedo creer que alguien tan imbuida en los valores republicanos como la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires rehúya a tan sano (y necesario) ejercicio democrático. Sería una confesión de ignorancia e ineptitud. Por eso creo que en estos días anunciarán el día y la hora del debate.

Ah, espero también con impaciencia la conversación pública entre Victoria Tolosa Paz y el nuevo caudillo del conurbano bonaerense, más conocido como “el Colo.” Aquí también saltarán chispas. En  fin, va a ser un final de campaña que ni siquiera Durán Barba pudo llegar a alucinar. Candidatos itinerantes, parejas intercambiadas, territorios olvidados, infancias reinventadas, viejos almaceneros, verduleros y carniceros redescubiertos hace quince minutos, en fin …. ¡al consultor ecuatoriano la realidad argentina lo convirtió en un torpe aficionado, carente de imaginación!