(Atilio A. Boron)
Sólo espíritus ingenuos pueden desconocer que la oposición venezolana está
instrumentando una estrategia a dos puntas para derrocar al presidente
constitucional de ese país. Un sector optó por desatar la violencia en sus
variantes más aberrantes como forma de instalar la imagen de una “crisis
humanitaria” -producto del desabastecimiento planificado de productos de
primera necesidad y la orgía de ataques, saqueos, “guarimbas”, incendios a
personas vivas y atentados con “bombas molotov” a escuelas y hospitales- que
sirva como preludio a una invasión no menos “humanitaria” del Comando Sur y,
aplicando la receta utilizada en Libia para derrocar y linchar a Gadafi,
producir el ansiado “cambio de régimen” en Venezuela. Hay un sector de la
oposición que no concuerda con esa metodología porque barrunta que el final
puede ser una guerra civil en donde las masas chavistas, quietas por ahora,
salgan a dar batalla y pongan fin al enfrentamiento infligiendo una aplastante
derrota a los golpistas. Pero esta ala de la oposición, llamémosla
institucional o dialoguista (aunque en realidad no sea ni lo uno ni lo otro)
estuvo durante estos meses sometida a la intimidación o lisa y llana extorsión
de la fracción violentista que juzgaba como una incalificable traición el sólo
hecho de sentarse a negociar con el gobierno una salida no violenta a la
crisis.

              
          Pero ahora las cosas parecen
cambiar, y para mal. ¿Por qué? Porque al parecer las estrategias de ambas
fracciones se han unificado bajo la batuta que desde Estados Unidos lleva el
Comando Sur (el binomio terrorista formado por el Almirante Kurt Tidd y la ex
embajadora en Paraguay y Brasil en tiempos de golpe de estado Liliana Ayalde).
Debido a ello los sectores “dialoguista” han convocado, para este próximo
domingo 16 de Julio, a un plebiscito o «consulta soberana» que no es
otra cosa que la antesala de un golpe de estado porque en dicho ejercicio se le
preguntará a la ciudadanía si quiere o no un cambio total e inmediato de
gobierno y, simultáneamente, decretar la ilegitimidad de la legal y legítima
convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente programada para el día 30 de
Julio y que ha registrado ya más de cincuenta y cinco mil candidaturas en todo
el país. Pero la oposición no quiere esperar todo ese tiempo y mucho menos
competir en una elección con todas las reglas. Por eso montó este ejercicio
absolutamente informal, sin ningún tipo de garantías ni registros; ni padrones
electorales ni normas de recuento y fiscalización pública, en un país en donde,
según lo asegurara el ex presidente James Carter, el sistema electoral es más
transparente y confiable que el de Estados Unidos. Es más, según lo afirmara
Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, una vez que las improvisadas
mesas receptoras de votos  terminaran su
recuento y se proclamara el resultado del plebiscito –que obviamente darían el
triunfo a quienes votaron derogar de inmediato al gobierno de Maduro – las actas
serían quemadas para evitar futuras represalias del chavismo y, de paso,
cualquier tipo de verificación independiente. Además, dijo que “el único
requisito para poder emitir su opinión en la consulta popular es presentar su
cédula de identidad, vencida o no, en cualquiera de los puntos soberanos” y,
sin decirlo, dejó entrever que los ciudadanos podrán votar cuántas veces
quieran y donde deseen.[1] Va
de suyo que el gobierno bolivariano, como cualquier otro, desconocerá esta patética
pantomima lo cual provocará la furiosa protesta de los antichavistas que,
atizados por la propaganda de la derecha golpista, se sentirán estafados en su
voluntad escalando a nuevos niveles de violencia la confrontación que ya azota
al país.[2]
Los autoproclamados defensores de la democracia y la república en nuestros países
(así como el impresentable Secretario General de la OEA) han expresado su
simpatía ante este estallido anómico que celebran como si fuera un venturoso
florecimiento del protagonismo de la sociedad civil en Venezuela siendo que no
es más que una siniestra maniobra para desatar una crisis que abra la puerta a
una invasión del Comando Sur, eventualidad que es reconocida explícitamente por
algunos personajes más moderados de la MUD, como el ya mencionado Ochoa Antich.
Habrá que ver qué sucede este próximo domingo en Venezuela, y también cuál
podría ser la repercusión en nuestros países. 

Julio Borges reunido con el Almirante Kurt Tidd para solicitar la intervención
Comando Sur para «solucionar» la crisis en Venezuela

           Quienes han manifestado su
complacencia con esta iniciativa golpista de la oposición antichavista –políticos
del establishment latinoamericano y
la “prensa corrupta”, como la designara el ex presidente Rafael Correa- harían
bien en pensarlo dos veces. No vaya a ser que aparezcan quienes, inspirados en
el ejemplo venezolano, decidan también ellos convocar a una “consulta soberana”
para preguntarle a la ciudadanía, ante la grave crisis que afecta a nuestros países,
si Mauricio Macri, Michel Temer o Enrique Peña Nieto deben o no continuar
ejerciendo la presidencia. Si los sempiternos custodios de la democracia y las
instituciones republicanas en Argentina, Brasil o México convalidan –sea
abiertamente o con su silencio cómplice- la payasada que se escenificará este
próximo domingo en Venezuela no deberían sorprenderse si al cabo de un tiempo una
iniciativa similar fuese propuesta para ser llevada a la práctica en estos
países. Para nadie es un misterio que la legitimidad de sus gobiernos está
profundamente cuestionada –la estafa post electoral del macrismo, el golpe de
la cleptocracia en el Brasil, la abismal crisis política y social en México- y
que la crisis económica y las políticas de ajuste han intensificado a tal
extremo la explotación y los padecimientos de las masas populares que sería
temerario descartar una violenta irrupción de rebeldía plebeya, misma que
encontraría en una “consulta soberana” como la que próximamente se realizará en
Venezuela, el pretexto ideal para tratar de poner fin, antes de tiempo, a
gobiernos repudiados por la gran mayoría de sus ciudadanos.

[1] Ver las
declaraciones de Borges en
http://www.notiminuto.com/noticia/cuadernos-electorales-seran-quemados/#
[2] Esto motivó la
reacción de un dirigente de la MUD, Enrique Ochoa Antich, quien hizo pública su
negativa a participar de la consulta porque, según sus palabras,
desencadenaría “más fractura y más violencia, incluso una guerra
civil, financiada desde el exterior e incluso con una intervención extranjera.”
Ver su reveladora nota titulada “Por qué no votaré el 16” en http://puntodecorte.com/no-votare-16/