23 Julio 2012

Mapa militar de presencia activa de los Estados Unidos sobre Venezuela. Incluye la IV Florta, USPACFLT, efectivos de infantería y bases de la Fuérza Aérea de los EEUU en Colombia, Curazao, Antillas Holandesas, Panamá, Puerto Rico, Costa Rica, Guantánamo, El Salvador y Honduras

Compartimos un excelente análisis de Samuel Pinheiro Guimaraes, ex Alto Comisionado del Mercosur que renunciara en la reunión de presidentes del Mercosur de Mendoza, sobre el significado del golpe de estado en Paraguay y como a los golpistas y sus mentores, la tristemente célebre «embajada», les salió el tiro por la culata. El resultado ha sido, a mi modo de ver, la mayor derrota del imperio desde el rechazo al ALCA, en Noviembre del 2005. Como dice Pinheiro Guimaraes,


«El ingreso de Venezuela
en el Mercosur tendría cuatro consecuencias: dificultar la “remoción” del
Presidente Chávez a través de un golpe de Estado; impedir la eventual
reincorporación de Venezuela y de su enorme potencial económico y energético a
la economía norteamericana; fortalecer el Mercosur y tornarlo aun más atractivo
para la adhesión de los demás países de América del Sur; dificultar el proyecto
permanente de Estados Unidos, de creación de un área de libre comercio en
América Latina, ahora por la eventual “fusión” de los acuerdos bilaterales de
comercio, de la cual el acuerdo de
la Alianza del Pacífico es un ejemplo.»



A continuación, el texto completo del ex diplomático brasileño.

Estados Unidos, Venezuela y Paraguay
Samuel Pinheiro Guimarães
ALAI AMLATINA, 17/07/2012.-  La política externa
norteamericana en América del Sur sufrió las consecuencias totalmente
inesperadas de la prisa de los neogolpistas paraguayos en asumir el poder, con
tamaña voracidad que no podían esperar  hasta abril de 2013, cuando se
llevarán a cabo las elecciones, y ahora articula todos sus aliados para
intentar  revertir la decisión del ingreso de Venezuela [al Mercosur]. La
cuestión de Paraguay es la cuestión de Venezuela, de la disputa por la
influencia económica y política en América del Sur.
Los medios conservadores salieron a
socorrer a los neogolpistas.
1. No se pueden entender las peripecias
de la política sudamericana sin tomar  en cuenta la política de los
Estados Unidos para América del Sur. Los Estados Unidos todavía son el
principal actor político en América del Sur y debemos comenzar por la
descripción de sus objetivos.
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2. En América del Sur, el objetivo
estratégico central de los Estados Unidos, que, a pesar de su debilitamiento,
continúa siendo la mayor potencia política, militar, económica y cultural del
mundo, es incorporar todos los países de la región a su economía. Esta
incorporación económica lleva, necesariamente, a un alineamiento político de
los países más débiles con los Estados Unidos en las negociaciones y en las
crisis internacionales.
3. El instrumento táctico
norteamericano para alcanzar este objetivo consiste en promover la adopción
legal, por los países de América del Sur, de normas de liberalización más
amplia del comercio, de las finanzas y de las inversiones, de los servicios y
de “protección” a la propiedad intelectual a través de la negociación de
acuerdos en nivel regional y bilateral.
4. Éste es un objetivo estratégico
histórico y permanente. Una de sus primeras manifestaciones ocurrió en 1889 en
la 1ª Conferencia Internacional Americana, que se realizó en Washington, cuando
Estados Unidos, que ya era la primera potencia industrial del mundo, propuso la
negociación de un acuerdo de libre comercio en las Américas y la adopción, por
todos los países de la región, de una misma moneda: el dólar.
5. Otros momentos de esta estrategia
fueron el acuerdo de libre comercio Estados Unidos-Canadá,  el TLCAN (Área
de Libre Comercio de América del Norte, que incluye además de Canadá a México);
la propuesta de creación de un Área de Libre Comercio de las Américas –ALCA; y,
finalmente, los acuerdos bilaterales con Chile, Perú, Colombia y con los países
de América Central.
6. En este contexto hemisférico, el
principal objetivo norteamericano es incorporar Brasil y Argentina, que son las
dos principales economías industriales de América del Sur, a este gran
“conjunto” de áreas de libre comercio bilaterales, donde las reglas relativas
al movimiento de capitales, a las inversiones extranjeras, a la defensa
comercial, a las relaciones entre inversores extranjeros y Estados serían no
sólo las mismas, sino que permitirían la plena libertad de acción para las
megaempresas multinacionales y reducirían al mínimo la capacidad de los Estados
nacionales para promover el desarrollo, aunque sea desarrollo capitalista, de
sus sociedades y de proteger y desarrollar sus empresas (y capitales
nacionales) y su fuerza de trabajo.
7. La existencia del Mercosur, cuya
premisa es la preferencia en sus mercados de las empresas (nacionales o
extranjeras) instaladas en los territorios de Argentina, Brasil,  Paraguay
y Uruguay en relación a las empresas que se encuentran fuera de ese territorio
y que pretende expandirse en el intento de construir un área económica común,
es incompatible con el objetivo norteamericano de liberalización general del
comercio de bienes, de servicios, de capitales, etc., que beneficia  a sus
megaempresas, naturalmente mucho más poderosas que las empresas sudamericanas.
8. Por otro lado, un objetivo (político
y económico) vital para Estados Unidos es asegurar el suministro de energía
para su economía, pues importa 11 millones de barriles diarios de petróleo, 20%
de los cuales provienen del Golfo Pérsico, área de extraordinaria
inestabilidad, turbulencia y conflicto.
9. Las empresas norteamericanas fueron
responsables por el desarrollo del sector petrolífero en Venezuela a partir de
la década de 1920. Por un lado, Venezuela tradicionalmente suministraba
petróleo a Estados Unidos y, por otro lado, importaba equipamiento para la
industria petrolera y los bienes de consumo para su población, inclusive
alimentos.
10. Con la elección de Hugo Chávez, en
1998, sus decisiones de reorientar la política externa (económica y política)
de Venezuela en dirección a América del Sur (principal, pero no exclusivamente,
en dirección a Brasil), así como de construir la infraestructura y diversificar
la economía agrícola industrial del país romperían la profunda dependencia de
Venezuela con relación a Estados Unidos.
11. Esta decisión venezolana, que
afectó frontalmente el objetivo estratégico de la política
exterior norteamericana de garantizar el acceso a fuentes de energía
próximas y seguras, se tornó aun más importante en el momento en que Venezuela
se convirtió en el país con mayores reservas de petróleo, en un momento en que
la situación del Oriente Medio es cada vez más volátil.
12. Desde entonces se desencadenó una
campaña mundial y regional de los medios contra el Presidente Chávez y
Venezuela, buscando demonizarlo y caracterizarlo como dictador, autoritario,
enemigo de la libertad de prensa, populista, demagogo, etc. Venezuela, según
los medios, no sería una democracia. Y crearon una “teoría” según la cual,
aunque un presidente haya sido electo democráticamente, él, al no “gobernar
democráticamente”, sería un dictador y, por lo tanto, podría ser derribado. Es
más, ya hubo un intento de golpe en 2002 y los primeros líderes que reconocieron
el “gobierno” que emergió de ese golpe en Venezuela fueron George Walker Bush y
José María Aznar.
13. A medida que
el Presidente Chávez comenzó a diversificar sus exportaciones de petróleo,
principalmente a China, sustituyó a Rusia en el suministro energético de Cuba y
comenzó a apoyar a los gobiernos progresistas electos democráticamente, como
los de Bolivia y Ecuador, empeñados en enfrentar a las oligarquías de la
riqueza y del poder, los ataques se duplicaron orquestados en todos los medios
de la región (y del mundo).
14. Esto ocurrió a pesar de no haber
dudas sobre la legitimidad democrática del Presidente Chávez, que desde 1998
disputó doce elecciones que fueron consideradas, todas ellas, libres y
legítimas por observadores internacionales, incluyendo el Centro Carter, la ONU y la OEA.
15. En 2001, Venezuela presentó, por
primera vez, su candidatura al Mercosur. En 2006, después del término de las
negociaciones técnicas, el Protocolo de adhesión de Venezuela fue firmado por
los presidentes Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré y Nicanor Duarte, de Paraguay,
miembro del Partido Colorado. Comenzó entonces el proceso de aprobación del
ingreso de Venezuela por los Congresos de los cuatro países, bajo una cerrada
campaña de la prensa conservadora, entonces preocupada con el “futuro” del
Mercosur que, bajo influencia de Chávez, podría, según ella, “perjudicar” las
negociaciones internacionales del bloque, etc. Aquella misma prensa que
habitualmente criticaba al Mercosur y que abogaba por la celebración de acuerdos
de libre comercio con Estados Unidos, con la Unión Europea, etc.,
en lo posible de forma bilateral, y que consideraba la existencia del Mercosur
una traba para la plena inserción de los países del bloque en la economía
mundial, empezó a preocuparse por  la “sobrevivencia” del bloque.
16. Aprobado por los Congresos de
Argentina, de Brasil, de Uruguay y de Venezuela, el ingreso de Venezuela empezó
a depender del Senado paraguayo, dominado por los partidos conservadores
representantes de las oligarquías rurales y del “comercio informal”, que
comenzó a ejercer un poder de veto, influenciado en parte por su oposición
permanente al Presidente Fernando Lugo, contra quien intentó abrir 23 procesos
de “impeachment” desde su asunción en 2008.
17. El ingreso de Venezuela en el
Mercosur tendría cuatro consecuencias: dificultar la “remoción” del Presidente
Chávez a través de un golpe de Estado; impedir la eventual reincorporación de
Venezuela y de su enorme potencial económico y energético a la economía
norteamericana; fortalecer el Mercosur y tornarlo aun más atractivo para la
adhesión de los demás países de América del Sur; dificultar el proyecto
permanente de Estados Unidos, de creación de un área de libre comercio en
América Latina, ahora por la eventual “fusión” de los acuerdos bilaterales de
comercio, de la cual el acuerdo de la Alianza del Pacífico es un ejemplo.
18. Así, el rechazo del Senado
paraguayo a la aprobación del ingreso de Venezuela al Mercosur se tornó una
cuestión estratégica fundamental para la política norteamericana en América del
Sur.
19. Los líderes políticos del Partido
Colorado, que estuvo en el poder en Paraguay durante sesenta años, hasta la
elección de Lugo, y los del Partido Liberal, que participaba del gobierno de
Lugo, seguramente evaluaron que las sanciones contra Paraguay en consecuencia
del “impeachment” de Lugo serían principalmente políticas, y no económicas,
limitándose a que Paraguay no podrían participar eneuniones de Presidentes y de
Ministros del bloque.
Después de esta evaluación, dieron el
golpe. Primero, el Partido Liberal dejó el gobierno y se alió a los Colorados y
a la Unión Nacional
de los Ciudadanos Éticos – UNACE y aprobaron, en una sesión, una resolución que
consagró un rito supersumario de “impeachment”.
Así, ignoraron el Artículo 17 de la Constitución
paraguaya, que determina que “en el proceso penal, o en cualquier otro del cual
pueda derivar pena o sanción, toda persona tiene derecho a disponer de las
copias, medios y plazos indispensables para presentación de su defensa, y a
poder ofrecer, practicar, controlar e impugnar pruebas”, y el Artículo 16, que
afirma que el derecho de defensa de las personas es inviolable.
20. En 2003, el proceso de
“impeachment” contra el Presidente Macchi, que no fue aprobado, llevó cerca de
3 meses, mientras el proceso contra Fernando Lugo fue iniciado y terminado en
cerca de 36 horas. El pedido de revisión de constitucionalidad presentado por
el Presidente Lugo ante la
Corte Suprema de Justicia de Paraguay ni siquiera fue examinado,
y fue rechazado in limine.
21. El proceso de “impeachment” del
Presidente Fernando Lugo fue considerado golpe por todos los Estados de América
del Sur y, de acuerdo con el Compromiso Democrático del
Merscosur, Paraguay fue suspendido de la Unasur y del Mercosur, sin que los neogolpistas
manifestasen ninguna consideración por las gestiones de los Cancilleres de la Unasur, a quienes
recibieron inclusive con arrogancia.
22. En consecuencia de la suspensión
paraguaya, fue posible y legal para los gobiernos de Argentina, de Brasil y de
Uruguay la aprobación del ingreso de Venezuela en el Mercosur a partir del 31
de julio próximo. Acontecimiento que ni los neogolpistas, ni sus admiradores
más fervorosos – Estados Unidos, España, el Vaticano, Alemania, los primeros
que reconocieron al gobierno ilegal de Franco – parecen haber previsto.
23. Frente a esta evolución inesperada,
toda la prensa conservadora de los tres países, y la de Paraguay, y los líderes
y partidos conservadores de la región, partieron a socorrer a los neogolpistas
con todo tipo de argumentos, proclamando la ilegalidad de la suspensión de
Paraguay (y, por lo tanto, afirmando la legalidad del golpe) y la inclusión de
Venezuela, ya que la suspensión de Paraguay habría sido ilegal.
24. Ahora, Paraguay pretende obtener
una decisión del Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur sobre la
legalidad de su suspensión del Mercosur, mientras, en Brasil, el líder del
PSDB anuncia que recurrirá a la justicia brasileña sobre la legalidad de la suspensión
de Paraguay y del ingreso de Venezuela.
25. La política externa norteamericana
para América del Sur sufrió las consecuencias totalmente inesperadas de la
prisa de los neogolpistas paraguayos en asumir el poder, con tamaña voracidad
que no podían aguardar hasta abril de 2013, cuando se llevarán a cabo las
elecciones, y ahora articula a todos sus aliados para intentar  revertir
la decisión de ingreso de Venezuela.
26. En realidad, la cuestión de
Paraguay es la cuestión de Venezuela, de la disputa por influencia económica y
política en América del Sur y de su futuro como región soberana y desarrollada.
– Samuel Pinheiro Guimarães
es diplomático brasileño y profesor del Instituto Rio Branco.
(Traducción: Silvia
Beatriz Adoue para ALAI.)