Tony Blair (premier británico), George W. Bush y José María Aznar en la Cumbre de las Azores, para manifestar el apoyo de sus respectivos países (y de Europa toda) a la inminente invasión de Irak. El anfitrión de esa cumbre fue el primer ministro portugués, José Manuel Barroso 
Un
Nobel extraviado
(Por
Atilio A. Boron) Si algo faltaba para terminar de desprestigiar al
Premio Nobel de la Paz, otorgado por el Parlamento Noruego, fue la
decisión de conceder esa distinción a la Unión Europea. Esta
distinción fue instituida en el testamento del magnate sueco Alfred
Nobel para premiar “a la persona que haya trabajado más o mejor en
favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción
de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de
procesos de paz.” Ya en el pasado hubo premiaciones que provocaron
escándalo: un pérfido criminal de guerra como Henry Kissinger, que
hizo estragos en Indochina, lo obtuvo en 1973 y antes, en 1906, el
premio había sido para Theodore Roosevelt, conocido por ser el
artífice de la “diplomacia del garrote” aplicada para arrebatar
la victoria que Cuba estaba a punto de concretar en contra del
colonialismo español y para someter al dominio yankee otros países
del Caribe y Centroamérica. Roosevelt además fue el gran
arquitecto y ejecutor de la secesión de Panamá de Colombia, todo lo
cual no fue óbice para que fuera galardonado por el Parlamento
Noruego. (Clic abajo para continuar)

Otro antecedente lo ofrece el caso del también presidente
de Estados Unidos, Woodrow Wilson, premiado en 1919 por su
contribución a la creación de la Liga de las Naciones. Deslumbrado
por ese logro en tierras europeas los otorgantes desestimaron las
informaciones que señalaban las tropelías que Wilson, al igual de
los arriba nombrados, realizaba en Nuestra América y que sólo por
un alarde de la imaginación podrían ser concebidas como tendientes
a promover la fraternidad entre las naciones, la reducción de los
ejércitos o la promoción de la paz. El galardonado utilizó a
destajo la “diplomacia de las cañoneras” en el entorno
centroamericano y caribeño: intervino militarmente en México,
Haití, Cuba, Panamá, República Dominicana y Nicaragua. En 1914 se
apoderó del puerto mexicano de Veracruz y en marzo de 1916 y febrero
de 1917 sus tropas penetraron en territorio mexicano persiguiendo a
Pancho Villa y perpetrando toda clase de crímenes. Sin embargo, el
Premio Nobel de la Paz cayó en sus manos. Todos estos criminales
antecedentes, ocultados bajo el prestigio que tenía al Nobel de la
Paz, fue opacando el lauro que obtuvieran hombres y mujeres como
Martin Luther King, Desmond Tutu, Nelson Mandela, Rigoberta Menchú y
nuestro Adolfo Pérez Esquivel en 1980 que sí habían luchado, y
muchos lo siguen haciendo hoy, por el imperio de la paz. Antes, en
1936, otro argentino, Carlos Saavedra Lamas había sido distinguido
por su papel mediador en la fratricida guerra del Chaco entre Bolivia
y Paraguay. 
Ya con la entrega del Nobel de la Paz a Barack Obama
(2009) se podía percibir que el Parlamento Noruego estaba más
preocupado por amigar a su país con los Estados Unidos –

let’s be friends!
-que
por premiar a quien realmente estuviera luchando por la paz. Ahora
hizo lo mismo con la Unión Europea, a la cual en dos sucesivos
referendos la población noruega rechazó ingresar. ¿Cómo premiar a
una organización que, en estos momentos, ha declarado la guerra a
sus pueblos imponiendo una brutal política de ajuste que sacrifica a
sus poblaciones para salvar a los banqueros? ¿Se puede premiar como
un gesto pacífico condenar a millones de personas al desempleo, la
exclusión, la pobreza extrema, la clausura de sus esperanzas? O es
una broma de mal gusto o una burla a la inteligencia de la comunidad
internacional. 
¿Cómo olvidar que la Unión Europea ha convalidado y
apoyado el criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba,
sancionando en 1996 una “Posición Común” concebida para
reforzar los padecimientos de la isla en consonancia con las
directivas de Washington? ¿Y qué decir del acompañamiento que la
UE viene haciendo de las aventuras militares del imperialismo
norteamericano en Irak, Afganistán, Libia y, ahora, Siria; o su
escandaloso silencio ante el genocidio de Rwanda; o su complicidad
con el colonialismo racista del estado de Israel y su criminal
política hacia la nación palestina; o su indiferencia ante la
suerte de los saharauíes; o su abúlica respuesta ante la
destrucción y la muerte sembrada por Estados Unidos en la guerra de
los Balcanes? Como bien lo recuerda Adolfo Pérez Esquivel, este
premio parece destinado a encubrir y/o justificar las operaciones
militares que la Unión Europea, a través de la OTAN, lleva a cabo
en los más apartados rincones del planeta, siempre como furgón de
cola de la Casa Blanca. En medio de la profunda crisis económica que
la ha postrado, el gobierno griego solicitó postergar la
adquisición de armamento acordada con Alemania y Francia. El pedido
fue rechazado tajantemente por Berlín y París. ¡El ajuste se debe
hacer sobre los salarios y el gasto público en general, pero no en
el presupuesto militar y, sobre todo, en las partidas destinadas a
adquirir armas en los países europeos!, hoy premiados por su
contribución a la paz. De hecho, Francia, Alemania y Gran Bretaña
forman parte, junto a Estados Unidos y Rusia, del selecto club de los
cinco mayores vendedores de armas del mundo. ¡Extraña manera de
promover la abolición o reducción de los ejércitos, como quería
Alfred Nobel. Los parlamentarios noruegos necesitan, con suma
urgencia, que alguien les enseñe la diferencia entre la guerra y la
paz. Y que se aprendan de memoria el testamento del industrial sueco,
porque a la vista de estos antecedentes, sumariamente expuestos,
premiar a la UE sólo puede considerarse como un grotesco acto de
sumisión al acuerdo bélico entre Estados Unidos y la UE y una
“carta blanca” para que la OTAN siga cometiendo toda clase de
fechorías y crímenes destinados a estabilizar la dominación
imperialista a escala global.