(Por Atilio A. Boron) En un día como hoy, 19 de Junio, pero del año 1764 nacía en
Montevideo uno de los más grandes patriotas de la Patria Grande: José Gervasio
Artigas. Odiado por la oligarquía porteña, que lo veía, con razón, como una de
las principales espadas del ala  jacobina
de la Revolución de Mayo, fue marginado y perseguido sin tregua. Sus delegados
de la Banda Oriental no fueron admitidos en las deliberaciones de la Asamblea
del Año XIII, así como tampoco al Congreso de Tucumán, de 1816 que declararía
la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata de la monarquía
española.  Un año antes, en 1815, Artigas
había convocado en Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, al “Congreso
de los Pueblos Libres” que entre otras cosas había sancionado lo que con toda
justicia puede considerarse como la primera ley de reforma agraria de América
Latina, que expropiaba las tierras y las repartía entre quienes la trabajaban.
     La oligarquía reinante en la Banda Oriental tampoco toleró sus posturas y en
infame contubernio con sus homólogos en la otra orilla del Rio de la Plata  se las ingenió para desterrar y acabar con la
carrera política del gran patriota nuestroamericano. En 1820, derrotado
militarmente y perseguido con tenacidad por sus adversarios tuvo que exiliarse
en el Paraguay, donde la oligarquía que se hizo del poder en lo que luego,
recién en 1828, sería la República Oriental del Uruguay lo obligó a permanecer
hasta el fin de sus días, en 1850. La historia oficial urdida tramposamente en ambos
márgenes del Plata hizo lo posible para desfigurar su figura y tergiversar su
pensamiento político. La oligarquía argentina, y sus escribas, lo estigmatizan
como un anárquico caudillo “uruguayo”, desconociendo que para Artigas el
Virreinato del Rio de la Plata debía preservar su unidad política a toda costa
y que su lucha revolucionaria se extendió por varias provincias de lo que luego
sería la Argentina. Para la oligarquía uruguaya, Artigas es un héroe militar
que se opuso a la prepotencia de sus compinches porteños y nada más. Nada más
hipócrita y falso que el “culto artiguista” de la derecha uruguaya. Ambas oligarquías
se confabularon para silenciar a este revolucionario integral, que precozmente
propuso la realización de una reforma agraria, la  plena integración del indio a la nueva
república, la soberanía popular  y la
unión de los pueblos sudamericanos.  Una
de sus sentencias más recordadas y de gran actualidad es la que dice que  «Los pueblos de América del Sur están
íntimamente unidos por vínculos de naturaleza e intereses recíprocos» ,  algo que olvidan quienes en ambas orillas del Plata
 sueñan con acuerdos comerciales y
procesos de integración subordinados a las directivas del imperialismo
norteamericano. 

     Artigas tuvo que pagar con treinta años de destierro y la más
absoluta cancelación de su actividad política por tanta osadía. Murió en  el ostracismo y sumido en la derrota,  al igual que Bolívar y San Martín. Las
crónicas periodísticas de la época aseguran que sólo cuatro personas acompañaron
sus restos mortales en Asunción. Por eso, en momentos como el actual cuando la
difícil construcción de la unidad de América del Sur es acosada sin cesar por
el imperialismo y sus peones locales, recordar las luchas del gran líder
popular rioplatense e identificar a sus adversarios de ayer, que son los mismos
de hoy,  es más necesario y aleccionador que
nunca.