9.12.2014

El Comité de
Inteligencia del Senado dio a conocer el día de hoy el Informe sobre la Tortura
practicada por la CIA (y otras fuerzas del aparato represivo norteamericano).
Comparto como anticipo la breve nota que publicará mañana Página/12. En los
siguientes días habrá más análisis sobre esta comprobación de la naturaleza
criminal del estado norteamericano.

Los titulares de la edición del Huffington Post ni bien se dio a conocer el informe y la tapa del libro, publicado en el 2009, en donde se anticipaba y analizaba lo que hoy dice el informe

(Por Atilio A. Boron) La publicación del Informe del Comité
de Inteligencia del Senado de Estados Unidos dado a conocer ayer describe con
minuciosidad las diferentes “técnicas de interrogación” utilizada por la CIA
para extraer información relevante en la lucha contra el terrorismo. Lo que se
hizo público es apenas un resumen, de unas 500 páginas, de un estudio que
contiene más de 6.000 y cuya primera y rápida lectura produce una sensación de
horror, indignación y repugnancia como pocas veces experimentó quien escribe
estas líneas. Los adjetivos para calificar ese lúgubre inventario de horrores y
atrocidades no alcanzan a transmitir la patológica inhumanidad de lo que allí
se cuenta, sólo comparables a las violaciones a los derechos humanos
perpetradas en la Argentina por la dictadura cívico-militar. El Informe es
susceptible de múltiples lecturas, que seguramente animarán un significativo
debate. Por lo pronto produce un daño irreparable a la pretensión
estadounidense de erigirse como campeón de los derechos humanos, siendo que una
agencia del gobierno, con línea directa a la Presidencia, perpetró estas atrocidades
a lo largo de varios años con el aval de los ocupantes de la Casa Blanca. Muy
especialmente, de George W. Bush que vetó, en Marzo del 2008, una ley del
Congreso que prohibía la aplicación de la técnica del “submarino” (waterboarding en inglés) y que su
predilecto Secretario de Defensa, Donald Runsfeld, en Diciembre del 2002
autorizó explícitamente  una serie de
“técnicas de interrogación” que sólo en virtud de un perverso eufemismo pueden
no ser calificadas como torturas. Obviamente, si ya antes Estados Unidos
carecía de autoridad moral para juzgar a terceros países por presuntas
violaciones a los derechos humanos, después de la publicación de este informe
lo que debería hacer Barack Obama es pedir perdón a la comunidad internacional
y asegurarse de que esas prácticas no sólo no volverán a ser utilizadas por la
CIA o las fuerzas regulares del Pentágono sino tampoco por el número creciente
de mercenarios enrolados para defender los intereses del imperio. Una última
palabra sobre la complicidad de la prensa: todos sabían que se torturaba, pero
los grandes medios –no sólo los pasquines de la cadena de Rupert  Murdoch-  conspiraron para no llamar a la cosa por su
nombre. Para el Washington Post, el New York Times y la Agencia Reuters eran
métodos de interrogación “brutales” o “duros”; para la cadena televisiva CBS
“técnicas extremas de interrogación” y para Candy Crowley, de la CNN, eran
“torturas, según quien las describa”. Para el canal de noticias MSNBC (fusión de Microsoft con
la NBC) eran, según Mika Brzezinski, hija del estratego imperial Zbigniew
Brzezinski, “tácticas de interrogación utilizadas por la CIA”. ¿Es ese el papel
de la prensa en una democracia?