Yes,  Sir!
(Por Atilio A. Boron *) Tal como se preveía, no
habían transcurrido doce horas desde su victoria electoral cuando en su
conferencia de prensa de ayer Mauricio Macri ratificó su vocación de
convertirse en un proxy de Washington en la región. En línea con los deseos de
la Casa Blanca arremetió contra la República Bolivariana de Venezuela y
confirmó que solicitaría la suspensión de ese país como miembro del Mercosur porque,
según él, habría infringido la cláusula democrática al “perseguir a los
opositores y no respetar la libertad de expresión”.
     Derrocar
al gobierno bolivariano es una vieja obsesión del gobierno de Estados Unidos,
para cuyo efecto no ha reparado en límite o escrúpulo alguno. Hasta ahora su
ofensiva sólo había encontrado un socio dispuesto a avanzar por ese escabroso
sendero: el narcopolítico colombiano Álvaro Uribe. Juan M. Santos, que lo
sucedió en 
el
Palacio Nariño, no se prestó a tan peligroso juego. Es más, el conservador
presidente colombiano no se ha cansado de agradecerle a Venezuela su
colaboración en el proceso de paz en curso en La Habana. Macri parece ignorar
estas sutilezas de la política internacional y ser un hombre temerario y de
frágil memoria, combinación peligrosa si las hay. Habría que recordarle que la
sumisión incondicional al imperio ya se practicó en la Argentina durante el
menemato, con el nombre de “relaciones carnales”, y que este país pagó con
sangre tamaña insensatez. No se entiende por qué habría de repetir ese desatino,
salvo para dar cumplimiento a un acuerdo secreto con la Casa Blanca cuya
contrapartida seguramente no tardaremos en conocer.
      Macri
parece no haber sido tampoco informado que el pasado 28 de Octubre la República
Bolivariana fue reelegida para integrar el Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas.  La Asamblea General de
la organización aprobó esa resolución con 131 votos, sobre un total de 192
miembros. Formular las acusaciones que hizo Macri pasando por alto un dato tan
significativo como este, que ratifica la presencia de Venezuela en un organismo
en el cual participan países como Francia, Estados Unidos, Alemania y Japón, es
por lo menos un acto de llamativa irresponsabilidad o una muestra de peligroso
amauterismo en el manejo de las relaciones internacionales. ¿Cree acaso que los
países del Mercosur van a acompañar su arrebato antibolivariano? ¿Ignora que
las decisiones del Mercosur requieren el consenso de todos sus miembros? Para
empezar, el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa se apresuró a declarar que su
país “no ve razón para aplicar la cláusula democrática a Venezuela en el
Mercosur.” Y lo más probable es que el gobierno brasileño siga el mismo curso
de acción, en cuyo caso las amenazas de Macri caerían producto de su inviabilidad
política. 
        Volviendo al caso de los opositores políticos en
Venezuela,  ¿qué diría Macri si en los
próximos días, siguiendo el ejemplo de Leopoldo López, Daniel Scioli hiciese
público su desconocimiento del resultado electoral y poco después del 10 de
Diciembre intensificase esa campaña movilizando contactos internacionales e
impulsando, cada vez con mayor fuerza acciones violentas exigiendo “la salida”
extraconstitucional de un “gobierno ilegítimo” apelando a procedimientos
vetados por la constitución y las leyes de la república? ¿Llamaría en tal
hipotético caso a Scioli un “opositor político” o lo calificaría, en función de
la normativa vigente, como un político incurso en el delito de sedición, que en
este país tiene una pena que oscila entre los cinco y veinticinco años de
prisión. La legislación venezolana es similar a la argentina y ambas a la de
Estados Unidos, donde el delito tiene una penalidad que, en ciertos casos, llega
hasta la prisión perpetua o la pena de muerte. En realidad López, cuya mujer
estuvo la noche del domingo en los festejos del bunker de Cambiemos, no es un
“disidente político” injustamente perseguido por el gobierno bolivariano. Es el
cabecilla de un intento de alterar por la fuerza el orden constitucional
vigente en su país y derrocar al gobierno surgido de elecciones en un sistema
que el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter dijo que era “más confiable
y transparente que el nuestro.” Para ello contó con la colaboración de Uribe,
para reclutar un numeroso grupo de mercenarios que camuflados como heroicos
“jóvenes universitarios” luchaban valientemente para restaurar las
libertades conculcadas en su país. Lanzados a las calles para impulsar “la
salida” de Maduro y el derrumbe del orden institucional vigente hicieron uso de
cuanta forma imaginable de violencia pueda existir, desde incendios
de escuelas y guarderías infantiles hasta la destrucción de medios de
transporte públicos y privados, combinado con ataques violentos a universidades
y centros de salud, erección de “guarimbas” (barricadas desde las cuales se
controlaban los movimientos de la población y se apaleaba o asesinaba
impunemente a quienes osaran desafiar su prepotencia) y asesinatos varios. Como
producto de estos desmanes murieron 43 personas, la mayoría de ellas
simpatizantes chavistas o personal de las fuerzas de seguridad del estado.
Tiempo después se descubrió que buena parte de los “guarimberos” eran
paramilitares colombianos y que casi no había universitarios venezolanos
involucrados en esos luctuosos acontecimientos. La justicia de la “dictadura
chavista” lo condenó a una pena de 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas de
reclusión. Disconforme con la transición posfranquista en España, el 23 de
Febrero de 1981 el teniente coronel Antonio Tejero Molina quiso también él
alterar el orden constitucional tomando por asalto el Congreso de Diputados. En
su cruzada restauradora el “tejerazo” no produjo ni una sola muerte ni hubo que
lamentar pérdidas materiales de ningún tipo. Sin embargo, la justicia española
lo sancionó con 30 años de prisión, expulsión del Ejército, pérdida de su grado
militar e inhabilitación durante el tiempo de su condena. Nadie lo consideró un
opositor político sino un militar sedicioso. Peor es el caso de López, por la
mucha sangre derramada por su culpa y por la destrucción de bienes provocada
por su apología de la violencia, pese a lo cual la sentencia de la justicia
venezolana fue insólitamente benigna. Pero Macri no lo ve así y sigue
considerándolo un opositor maltratado por un poder despótico. Mal comienzo en
materia de política exterior. Y un paso preocupante  en el intento de avanzar en el “reformateo”
neoliberal del Mercosur, otra vieja ambición de Estados Unidos, para hacerlo
confluir con la Alianza del Pacífico y la Unión Europea dominada por la Troika.
* Una versión
abreviada de este artículo aparecerá en la edición del Martes 24 de Noviembre del
matutino argentino Página/12.