10 Diciembre 2013

Comparto dos excelentes notas de Narciso Isa Conde y Alfredo Serrano Mancilla sobre las recientes elecciones municipales de Venezuela.  Los resultados son un baño de agua muy fría, y un llamado a la sobriedad, para quienes decían -y soñaban- que el chavismo no sobreviviría a la muerte de Chávez.
(En la infografía que se pega a continuación pueden observarse los principales resultados de las elecciones)

Fuente: http://www.ciudadccs.info/wp-content/uploads/Resultados-elecciones.jpg

VENEZUELA: DOBLE VICTORIA
                                                                Por Narciso Isa Conde
  
Ganar en grande la mayoría de las Alcaldías y sacar la mayoría de votos
a nivel nacional con un buen margen por encima de las derechas, es una doble
victoria del PSUV, el POLO PATRIOTICO y el pueblo chavista.
Hacerlo en medio de una guerra económica y un intenso plan de
desestabilización, tiene todavía un valor mayor y de triple impacto.
-Valor para el proceso bolivariano en Venezuela, que precisa ser
defendido y profundizado, obteniendo nuevos logros.
-Valor para la oleada continental por la nueva independencia y la
emancipación de nuestros pueblos, que tiene en Venezuela un gran puntal y
fuerte aliento.
-Valor para la necesaria redención de la humanidad sometida en la
actualidad a los efectos destructivos y degradantes de la multi-crisis
capitalista.
Doble victoria demostrativa de que la baja relativa en las pasadas
elecciones presidenciales, afectadas por el entonces muy reciente fallecimiento
del comandante Chávez y por cierta tendencia al declive electoral progresivo,
podía y debía ser revertida.
·  La clave del
reciente triunfo.
La clave de este doble triunfo electoral –y más que electoral-, con
triple impacto positivo, a mi entender estuvo en la radicalización de
la respuesta a la guerra económica 
montada por la gran burguesía
transnacional y local, instrumentada por las derechas políticas con el
propósito de restarle base social al proceso hacia la revolución.
Erosionarle popularidad al proceso, descontrolarlo, caotizarlo y
traspasar el desgaste al escenario propiamente electoral, con precisos planes
desestabilizadores.
La radicalización en está ocasión consistió en enfocar los problemas y
accionar desde el Estado y desde las fuerzas políticas y los movimientos
sociales patrióticos y de izquierda, de tal manera que una parte el pueblo
humilde y sectores medios de bajos ingresos pudieran identificar muy bien a las
derechas políticas y a la gran burguesía como causantes de la especulación, los
desabastecimientos, la devaluación del bolívar y la crisis de divisas.
Esto, a su vez, implicó cortar conexiones
sensibles del gran capital con determinados enclaves de la burocracia
contrarrevolucionaria, corrompida o tránsfuga; procediendo puntualmente a
atacar o amenazar determinados focos y formas de corrupción relacionadas con
esas malas prácticas.
Incluyó a la vez la aprobación de la ley habilitante y
el uso de los poderes concentrados derivados de la misma, para establecer
controles en materia de precios, asignación y uso de divisas, comercio exterior
y comercialización interna; así como ágiles mecanismos de abastecimiento e
intervenciones drásticas del Estado que garantizaran suministros fluidos de
alimentos y artículos de alto consumo popular y aseguraran el control de la
carestía desatada con fines políticos, al tiempo de desnudar con más precisión
y contundencia a  una parte de los agentes culpables.
·  Efectos
positivos en la subjetividad chavista y en el pueblo pobre.
Esto elevó la moral de la rebelde pobrecía venezolana, la acercó más al
gobierno y a los/as candidatos/as del PSUV y el Polo Patriótico, potenció el
chavismo y atrajo sectores confundidos o desalentados, convirtiendo el torneo
electoral en una confrontación política y de clase mucho más clara y precisa.
Ese oportuno giro le permitió al Presidente Maduro, a su equipo de
gobierno y a la dirección política del proceso, pasar claramente a la ofensiva
y sacudir por el cuello a la derecha y ultraderecha social y política;
contribuyendo así a elevar la subjetividad chavista y la confianza en la
victoria, desatando más entusiasmo y mayor disposición al combate.
Tales pasos potenciaron en lo inmediato el perfil de la lucha de clase
en la competencia política y recuperaron en mayor grado el legado combativo de
Chávez.
Así las cosas -aunque todavía en escala limitada- el proceso hacia la
revolución se defendió profundizándose; yendo más allá de la competencia
electoralista, de las prácticas clientelistas, del despliegue de colores, la
propaganda masiva, las diferencias históricas y la polarización tradicional.
Comenzó a golpear parcialmente en ciertos puntos neurálgicos al viejo orden que
todavía pervive y obstruye en grande, generando peligrosos desgastes, que es preciso
revertir definitivamente.
·  Significado
de esta doble victoria.
Esto muestra todo el potencial que encierra profundizar, radicalizar y
expandir las transformaciones anticapitalistas en Venezuela, que más allá de
esos controles recientes –no totalmente invulnerables por la dinámica
capitalista, algunos incluso montados sobre una lógica estrictamente
consumista- implicaría expropiar y socializar progresivamente la gran propiedad
capitalista y subvertir su lógica todavía preeminente..
Me refiero al cambio que implicaría socializar en forma ascendente lo
privado y lo estatal, atacar la corrupción sistémica, subvertir la cultura
rentista-consumista y  desburocratizar los centros estatales de
dirección en el marco de una compleja transición donde lo viejo se resiste a
morir y lo nuevo no termina de crecer en grande y desarrollarse. Y en el que
para avanzar sustancialmente, el Estado actual deberá ser desmontado para darle
paso al poder de la sociedad, tal y como apuntó Chávez en su Aló Presidente
Autocrítico 
(“Golpe de
Timón”).
Estoy seguro, que asumidas con vigor la vía anticapitalista y la
expansión del poder popular y la democracia directa, éstas erosionarían en
mucho mayor grado la base político-electoral de las derechas, que todavía
supera el 40% de los votantes y que incluso –aun en medio de esta declinación-
logró mantener el control municipal en importantes ciudades venezolanas y
conserva una fuerte influencia cultural.
Los resultados de esta significativa experiencia y de esta obligada  radicalización
del proceso en medio de las elecciones recientes, indican que en lo adelante es
perfectamente posible reducir al mínimo la fuerza política de la
contrarrevolución y erosionarle en mayor escala su actual peso electoral e
institucional; impulsando la socialización de la economía y del poder,
expandiendo las comunas en todos los niveles, traspasando más poder al pueblo,
asumiendo a profundidad el GOLPE DE TIMÓN planteado por el comandante Chávez y
ejecutando consecuentemente el Programa de la Patria, felizmente convertido en
ley.
La fuerza electoral de la contrarrevolución, debilitada en cierta medida
en estos comicios municipales, radica todavía en la fuerza económica del gran
capital privado local y transnacional, en su poder mediático, en su hegemonía
cultural nutrida por esos medios y en sus fábricas de ideología capitalista, en
sus propiedades y operaciones financieras, industriales y comerciales, en el
poder reversible que conserva en áreas de servicios, colegios y universidades,
en la corrupción burocrática, en el capitalismo de Estado…
Y esa correlación cambiaría radicalmente en favor de la revolución con
una reconfiguración de las fuerzas de vanguardia y un impulso categórico a la
socialización (que no es igual a estatización), bien pensado, paulatino,
sostenido, firme y ascendente; acompañado
 del estímulo sostenido a los cambios revolucionarios
a nivel continental y mundial.
No de hay de otra. Revolución que se estanca y aísla, se debilita,
retrocede y sucumbe. Revolución que avanza, profundizándose, radicalizándose a
su interior y más allá, resulta muy difícil de derrotar.
El proceso hacia la revolución en Venezuela, con todo lo que significa
para nuestra America y el mundo, tiene un nuevo periodo favorable para impulsar
su calado en profundidad y su despliegue ascendente. Una nueva oportunidad.
Los momentos peores del pasado reciente han sido remontados, sin que
esto implique el cese del accionar contrarrevolucionario de EU y sus fuerzas
aliadas y el fin de los riesgos de reversibilidad.
Lindo fin de año abrazados/as a los ejemplos de Chávez y de Mandela.
¡Felicitémonos todos/as! Y aprovechemos al máximo esta nueva fase.
10-12-2013, Santo Domingo, RD.
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El chavismo vence a la guerra económica
Descripción: http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Alfredo
Serrano Mancilla *
La oposición venezolana se queda definitivamente
sin táctica ni estrategia para vencer al chavismo en una contienda electoral.
Se intentó con la clásica estructura de partidos tradicionales y no pudo ser.
Se creó un todos contra Chávez mediante una Mesa de Unidad Democrática y
fracasaron. Se corrieron hipócritamente hacia un nuevo eje político,
aparentemente al nuevo centro socioliberal, con un trastrocado Capriles que
defendía las Misiones y la Constitución como si fueran obra suya. Pero tampoco
les funcionó. En el siguiente intento, en el pasado 14 de abril, eligieron el
nombre de Simón Bolívar para su comando de campaña y regalaron piropos a Chávez
para granjear votos en un momento de duelo con máxima emotividad política. De
nuevo, medalla de plata en una carrera en la que solamente competían dos
modelos de país. Sin embargo, el manual de la derecha latinoamericana es bien
extenso. Si por la vía electoral no fue posible, entonces la arremetida debía
venir por el flanco económico. Desde ese momento, la oposición política usó su
músculo económico para de-sestabilizar mediante técnicas –de golpe a cámara
lenta– de una burguesía importadora, rentista y especuladora. La guerra
económica había sido diseñada con precisión milimétrica en una estrategia
presumiblemente infalible: desabastecimiento, inflación inducida, fuga de
capitales y mercado ilegal de dólares. Todo ello presentado en una planificada
campaña de comunicación, nacional e internacional, que azuzaba leña al fuego
para crear las condiciones objetivas y subjetivas para golpear al chavismo en
una nueva disputa electoral. En una operación cada vez más común desde la
oposición, las elecciones que realmente elegían alcaldes eran (mal)utilizadas
para un nuevo juicio final del chavismo. Esta vez, el presidente Maduro era el
objetivo de este propagado plebiscito. Según sus planes, la idea era hacer la
suma de votos municipales en el plano nacional para comenzar la siguiente
etapa: un revocatorio anticipado.
No obstante, ese libreto
derrocador no contempla algunos aspectos del nuevo cambio de época que vive
América latina y, muy particularmente, la Venezuela de Chávez. La guerra
económica –en este año– no pudo vencer a la democratización económica real
llevada a cabo por el chavismo durante su década ganada. El pueblo politizado
tiene memoria y no olvida a la ligera ese tránsito chavista a favor de la
erradicación de la deuda social, de redistribución de riqueza social, de
mejoras sociales, de soberanía en sectores estratégicos, de creación de empleo,
de un crecimiento distribuidor, de cambio del patrón de acumulación. Es cierto
que el chavismo tiene todavía grandes desafíos estructurales en materia
económica, pero esto no debe –ni puede– eclipsar los logros alcanzados que permiten
preocuparse por el largo plazo gracias a haber resuelto muy satisfactoriamente
las urgencias sociales y económicas del corto plazo. Además, el intento de
traer paz económica siempre es más grato que aquellos que ejercen la guerra
económica. Las acciones tomadas por el chavismo desde la ley habilitante han
convencido de nuevo a la mayoría. Esta vez, Maduro hizo como Chávez, dar un
paso al frente, apropiarse de la agenda, sin miedos, y sin negar la evidencia
en materia de incremento de precios y falta de algunos bienes. Frente a ello
pasó a la ofensiva económica con una nueva propuesta de orden económico interno
apostando a caminar de la estructura posneoliberal a otra de índole
poscapitalista. Las prácticas de un sector privado oligopólico, que se aprovecha
de las mejoras adquisitivas gracias a la política económica bolivariana y de
cierto desa-juste entre el crecimiento exponencial de la demanda y la
insuficiente oferta nacional fueron rechazadas por la mayoría en estas
elecciones. Visto de otra forma, el chavismo, con este apoyo electoral, recibe
un nuevo respaldo para seguir marchando por la senda de una nueva política
económica real que concilie acciones concretas para solventar problemas
coyunturales con estrategias que asienten las bases vigorosas de un socialismo
bolivariano.
La derecha venezolana, y
latinoamericana, no acaba de (re)conocer a su pueblo. Capriles, en su discurso
ante la derrota, volvió a caer en un lugar común, que actualmente ya no engaña
a nadie: “Venezuela es un país dividido”. Es ahora, cuando pierden elecciones,
que se retoman este manido lema. Sin embargo, nunca hablaron de división cuando
el modelo económico excluía a las mayorías para privilegiar a una minoría. No
sabemos cuál será el próximo intento en Venezuela para tumbar al chavismo si
éste sigue haciendo política para la mayoría. Pero algo sí es seguro, esta vez,
la estrategia del plebiscito tuvo su efecto boomerang. ¿Habrá, tal vez,
revocatorio para Capriles?
* Doctor
en Economía, Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítica (Celag).
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