31.5.2013

Hola todas y todos. Comparto una nota sobre el tema. Una versión reducida saldrá publicada mañana en Página/12.
Fraternalmente,
Atilio



(Atilio A.
Boron)  Por más que se lo suela poner en
cuestión, todo acuerdo económico es a la vez un compromiso político. El
pensamiento neoliberal presenta sus opciones políticas (por ejemplo, promover
un modelo económico que enriquece  a los
ricos y espolia a los pobres) como si fueran el resultado de un cálculo técnico
o de una racionalidad abstracta, cuando lo cierto es lo contrario.
      Lo anterior vale tanto para los acuerdos
sellados en el plano doméstico como en el internacional. Por eso no puede causar
sorpresa la provocación en que incurrió el gobierno de Juan M. Santos –ahora
dice que todo fue un “malentendido”- al recibir al perdidoso candidato de la
derecha venezolana, Henrique Capriles. Al hacerlo, el presidente colombiano le
confirió legitimidad a sus escandalosas denuncias –refutadas por sucesivas
auditorías practicadas sobre los resultados electorales del 14 de Abril- y se
alineó irresponsablemente con el líder del ala fascista y más radical y
golpista de la derecha venezolana.
      ¿Sólo con ésta? No, porque la estrategia
de desgaste del antichavismo no es creación original venezolana sino expresión
de las directivas que emanan desde Washington para concretar su proyecto destituyente
y tratar de borrar al chavismo de la faz de la tierra. Por eso la Casa Blanca
continúa sin reconocer la legalidad y la legitimidad del triunfo de Nicolás
Maduro en las pasadas elecciones presidenciales. El empecinamiento del insólito
Premio Nobel de la Paz no es inquina personal sino el meticuloso cumplimiento
del proyecto de reversión de la correlación internacional de fuerzas en el
hemisferio que en el 2005 provocara el naufragio del ALCA en Mar del Plata.
Componente fundamental de ese proyecto es el permanente acoso, la
deslegitimación y la desestabilización de los gobiernos bolivarianos y
progresistas de la región. El sueño imposible del imperio es restablecer en
Latinoamérica una situación anterior a la Revolución Cubana, cuando las órdenes
de la Casa Blanca eran obedecidas sin chistar por los gobiernos de la región. Este
es el sentido fundamental de la tan publicitada y alentada Alianza del Pacífico
conformada por México, Colombia, Perú y Chile, que a instancias de Washington
organizó nada menos que siete Cumbres en poco más de un año. El objetivo de este
hiperactivismo diplomático es principalmente político y, en menor medida,
económico. Lo primero, porque pretende rehacer el mapa sociopolítico regional acabando
con los gobiernos de los países del ALBA e inclusive con sus aliados, como los
de Argentina y Brasil, “cómplices” según Washington de la derrota del ALCA. Y
en lo económico, porque la AP es la más importante pieza de la contraofensiva
imperialista destinada ahora, ya mismo, a concretar un ALCA con otro nombre y,
a la vez, para potenciar el papel de “caballos de Troya” que Washington les
tiene asignados a los gobiernos de la AP para socavar desde dentro a proyectos
que suscitan el visceral rechazo de la Casa Blanca como la UNASUR, la CELAC y,
en menor medida, el Mercosur. No sorprende que los gobiernos y políticos más
reaccionarios del continente, ¡y los de Europa! compitan entre sí para ver
quién entra primero a esa alianza concebida y orquestada por los Estados Unidos
para defender sus propios intereses utilizando a sus peones latinoamericanos y
europeos. ¿Qué sentido tiene que países como España, Australia, Uruguay y Japón, que hoy día
tienen el estatus de observadores, hayan declarado que solicitarán su adhesión
para convertirse en miembros plenos de la AP durante el 2013.” Australia y
Japón, ¿necesitan de este instrumento norteamericano para vincularse con el
nuevo centro de gravedad de la economía mundial que se halla, precisamente, en
su entorno inmediato, o es que se trata de dos países sometidos militar,
económica y diplomáticamente a la voluntad de la Casa Blanca y que por lo tanto
actúan según se les ordena?
       Claro
está que este engendro norteamericano, del  cual Santos es el principal articulador
(recordar que la última y fundamental reunión se hizo el 22/23 de Mayo en Cali)
requiere de sus protagonistas una abyecta sumisión a los edictos y las
prioridades imperiales. Para la Casa Blanca hoy nada es más importante que
aprovechar el momentáneo desconcierto provocado por la muerte de Hugo Chávez
para reordenar lo que el Secretario de Estado John Kerry denominara -en una
expresión que por su carácter despectivo había caído en desuso- al “patio
trasero” de Washington. Y Santos obedeció el mandato y recibió a un
desprestigiado político amparado por lo peor de la derecha latinoamericana y
europea -principalmente el corrupto Partido Popular de España, cuyo jefe en las
sombras es José M. Aznar- y culpable de haber instigado actos criminales que
culminaron con la muerte de once chavistas y más de un centenar de heridos amén
de la destrucción de numerosos centros de salud y oficinas públicas. El
objetivo de la gira latinoamericana de Capriles es desprestigiar al gobierno de
su país a cualquier precio, inclusive deteriorando las ya de por sí difíciles
relaciones  colombo-venezolanas. Pero
Washington hace saber a sus clientes que no hay límites éticos ni escrúpulos de
ningún tipo a la hora de aislar al gobierno de Venezuela, caracterizándolo como
un “estado canalla” y debilitarlo para facilitar su indefensión ante los ataques
de Washington. Para ello se combinarán estrategias de hipócrita seducción –Joe
Biden bendiciendo a Brasil como potencia ya “emergida” pero sin hablar de que
es el país al cual EEUU ha rodeado con más bases militares en toda
Latinoamérica- con otras más brutales, como las que seguramente habrá
comunicado Roger Noriega en su viaje a Colombia al presidente Santos, y con
iniciativas como las de la AP, que dados sus objetivos y extraordinaria
movilización de recursos sería muy peligroso no tomar seriamente en cuenta. Todo
indica que el pueblo y el gobierno venezolanos son plenamente conscientes de
esta amenaza, y están preparados para resistir y no sólo eso, sino también
prevalecer. Saben que contarán con la solidaridad militante de la mayoría de
los pueblos y los gobiernos de Nuestra América que con sus luchas derrotarán
esta nueva tentativa de establecer un ALCA, ahora con otro nombre. En el
nauseabundo contexto internacional arriba señalado cabe destacar el honroso
gesto del presidente Rafael Correa que, por boca de su Canciller, hizo saber
que Ecuador jamás recibiría a Capriles.