21.11.2014

Comparto un extracto del largo Prefacio a la 4º edición argentina de mi América Latina en la Geopolítica del Imperialimo. Y lo hago porque, finalmente, el libro que se había agotado volverá a estar en librerías de la Argentina hacia fines de la próxima semana, debidamente actualizado y con el largo prefacio arriba mencionado para dar cuenta de los cambios más recientes en el tablero de la política mundial. Les cuento a mis amigos del exterior que el libro se publicó en Venezuela, Cuba, México, España. está a punto de aparecer en Ecuador y en una edición en lengua portuguesa en Brasil. Muy probablemente se publique una versión en Francia y otra, en inglés, en Canadá. Todo indica que las crecientes tensiones que desgarran al mundo actual y la creciente militarización y barbarización de las relaciones internacionales han convertido a la cuestión geopolítica en un asunto crucial de nuestro tiempo. Mi libro pretende ser una modesta aportación para entender esta cuestión.

«El derrumbe de la Unión Soviética y la construcción de un orden unipolar hicieron que algunas mentes afiebradas cercanas a la Casa Blanca (y sus epígonos en América Latina y el Caribe) creyeran que nos hallábamos en los umbrales de un “nuevo siglo americano”. Ese ingenuo “super-optimismo” -como tiempo después lo caracterizaría un halcón guerrerista como Zbigniew Brzezinski- era una mezcla de arrogancia e ignorancia que estaba llamada a durar por muy poco tiempo, tal como antes le ocurriera a las disparatadas tesis del “fin de la historia” predicadas por Francis Fukuyama. Con los atentados del 11 de Setiembre del 2001 el unipolarismo norteamericano posterior al fin de la Guerra Fría se derrumbaría tan estrepitosamente como las Torres Gemelas. En el período abierto a partir de esa fecha el sistema internacional presenta un rasgo absolutamente anómalo: un creciente policentrismo en lo económico, político y en parte cultural coexistiendo dificultosamente con el recargado unicentrismo militar estadounidense. En otras palabras: en los últimos años surgieron nuevos actores y nuevas constelaciones de poder mundial que hicieron del sistema internacional una arena más plural y equilibrada que antes. Como respuesta a estos procesos, la Casa Blanca se olvidó de los “dividendos de la paz” -que según sus voceros sobrevendrían una vez desaparecida la Unión Soviética- yen lugar de reducir su gasto militar lo acrecentó desorbitadamente, convirtiendo a las fuerzas armadas estadounidenses en una infernal maquinaria de destrucción y muerte que dispone de la mitad del presupuesto militar mundial. No existen antecedentes históricos de tamaña disparidad en el equilibrio militar de las naciones. No obstante, como lo ha señalado en más de una oportunidad Noam Chomsky, este aterrador poderío militar le permite a Washington destruir países pero no puede ganar guerras. Así lo demuestran la temprana experiencia de la Guerra de Vietnam y, más recientemente, el fiasco de la Guerra de Irak (2003-2011) y la aún en curso en Afganistán.»