9.8.2018

Hoy hace un año nos dejaba Patricio
Echegaray.  Con su partida abrió un hueco
imposible de llenar, y no sólo en la Argentina sino como en su momento lo
aseguró Fidel, en toda América Latina y el Caribe. Fue un comunista ejemplar,
un marxista riguroso y un implacable luchador antiimperialista dueño de un
agudo sentido latinoamericanista. A diferencia de tantos “doctores de la
revolución” o “marxistas de cafetín”, como dice Álvaro García Linera, Patricio
puso el cuerpo detrás de sus ideas y no hubo misión internacionalista que no
contara con su entusiasta intervención. Como si lo anterior no bastase para
esbozar un perfil de su excepcional calidad de dirigente revolucionario fue
también un amigo entrañable, un hombre culto y siempre dispuesto al diálogo, abierto
a someter sus propias opiniones a la confrontación con los demás. 


Y en las
coyunturas críticas, siempre complejas y contradictorias donde tantas
certidumbres son puestas a prueba, Patricio  supo encontrar la postura correcta
identificando al enemigo principal y buscando por todos los medios, como lo
recomendaba el Che, los caminos que condujeran a la unidad. Sabía como pocos
que la dispersión y fragmentación del campo popular conspiraba fatalmente
contra las posibilidades de abrir el sendero de la necesaria revolución que
necesitan nuestros pueblos. ¡Hasta la victoria siempre, camarada Echegaray!