Parece que el presidente Obama comenzó a leer otra clase de informes económicos, dejando de lado los que le pasan sus asesores. Dijo en uno de sus twits que “El típico CEO que antes ganaba cerca de 30 veces más que sus trabajadores ahora gana 110 veces más”. Dijo también que “en la última década los ingresos de la mayoría de los estadounidenses cayeron un 6 por ciento” y que la desigualdad de estos días no se veía desde los tiempos de la Gran Depresión y hace mucho daño. Condenó el hecho de que la secretaria del supermillonario Warren Buffett pague más impuestos que su jefe. Jugando con las palabras aclaró, por último, que esto no es lucha de clases (class warfare) sino el bienestar de la nación (nation’s welfare). Esto era archisabido, y el problema es que Obama opina de estas cosas como si él fuera un marciano que acaba de llegar al planeta, como si no tuviera nada que ver con todo esta inmoralidad y estuviera confesando su absoluta impotencia. Al fin y al cabo, el que eligió como sus asesores económicos y responsables del área a los principales mentores de las políticas que produjeron este desastre no fue otro que él.