2.3.2013



René González: trece años de cárcel no bastan
(Por Atilio A. Boron)  Producto de su enfermizo odio hacia todo lo que signifique la Revolución
Cubana el gobierno de Estados Unidos ha endurecido las condiciones de libertad
supervisada (probation) bajo la cual
se encuentra René González Sehwerert, uno de los cinco agentes de inteligencia
cubanos que se infiltró en las organizaciones terroristas basadas en Miami con
el propósito de desbaratar sus criminales designios, ahorrando de este modo
centenares o quizás miles de vidas de cubanos tanto como de extranjeros. René
nació en Chicago; es hijo de padres cubanos que durante la época de
Batista emigraron a los Estados Unidos y que regresaron al país una vez caída
la tiranía del lacayo de Washington. En el  juicio a “Los 5”, que es la
mayor prueba de la descomposición moral y jurídica de la justicia
estadounidense, los luchadores anti-terroristas fueron condenados a penas exorbitantes.
En el caso de René, el primero en ser puesto en
libertad, fueron más de trece años de prisión, donde cumplió su condena
hasta el último día. La acusación que pesó sobre “Los 5” fue “conspiración
para cometer espionaje”. Pero ese “espionaje” no se hizo sobre las instalaciones
u organismos gubernamentales de los Estados Unidos (fuerzas armadas, agencias
de inteligencia, etcétera) sino sobre las organizaciones terroristas que,
amparadas por los tres poderes de la ejemplar “democracia” del Norte, se dedican
a tramar sangrientos atentados, desestabilizar gobiernos y asesinar a líderes y
militantes sociales. Eso lo hacían ayer y continúan haciéndolo también hoy.
(clic abajo para continuar) 

Precisamente por combatir contra ese flagelo René  tuvo que purgar largos años de prisión, mientras
que sus cuatro compañeros, que llevan ya quince años en la cárcel, deberán
cumplir todavía las siguientes condenas: Fernando González Llort, hasta el 27
de Febrero del 2014; Antonio Guerrero Rodríguez, hasta el 18 de Septiembre de
2017; Ramón Labañino Salazar,  hasta el
30 de Octubre del 2024, mientras que Gerardo Hernández Nordelo ha sido
penalizado ¡no con una sino dos reclusiones perpetuas! (Más información disponible
en:
http://www.ecured.cu/index.php/Los_Cinco_H%C3%A9roes )
                                                                                      
Retornando al caso de René, una vez que hubo
cumplido su injusta condena la jueza que entiende su causa, Joan Lenard, lo
obligó, por ser nativo de los Estados Unidos, a permanecer en ese país durante
tres años más, prohibiéndosele además, en el colmo del ridículo, “acercarse a o
visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o
grupos terroristas.” El razonamiento que subyace a la prohibición de la
jueza es que esos grupos no deben ser molestados por alguien que vaya a
fisgonear o a tratar de enterarse de sus planes, lo que demuestra la falacia de
la “lucha contra el terrorismo” que a voz de cuello proclama Washington. Por si
esto fuera poco a la esposa de René, Olga Salanueva, le han sistemáticamente
negado la visa para visitarlo. Es que tanto ella como los demás familiares de
“Los 5” constituyen, según absurdas declaraciones del Departamento de Estado,
un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Sin duda, una
buena noticia, porque de ser esto así los pronósticos que aseguran que el
imperio estaría a punto de derrumbarse adquieren una inesperada verosimilitud: si
un pequeño grupo de familiares de los héroes cubanos –madres octogenarias en
algunos casos y esposas frisando los cuarenta años, aparte de algunos jóvenes
hijos y parientes- es capaz de poner en jaque la seguridad nacional
estadounidense bastaría un nuevo y más masivo Occupy Wall Street para que la potencia imperialista más poderosa y
letal de la historia de la humanidad se derrumbara estrepitosamente,
otorgándole tardíamente la razón a aquella sentencia de Mao que aseguraba que
el imperialismo era un tigre de papel. No pareciera ser el caso, pero las
declaraciones del Departamento de Estado abonan esta conjetura.
Lo que motiva estas reflexiones es el hecho que
desde Septiembre del año pasado el Departamento de Estado impidió que
funcionarios de la Sección de Intereses de Cuba en Washington visiten al
prisionero, violando así las obligaciones emanadas de la Convención de Viena
(1963) sobre Relaciones Consulares, que establece el derecho de un detenido a
comunicarse con los funcionarios de su embajada y de estos a hacer lo mismo y a
visitarlo para garantizar su seguridad y bienestar.
 Para los
verdugos imperiales cumplir con  trece
largos años de injusta prisión no son suficientes. Agregaron tres más y,
encima, coartan la posibilidad de ejercer el derecho a comunicarse no sólo con
sus seres queridos sino también con los representantes de Cuba en Estados
Unidos, poniendo además su vida en peligro. Hay en todo esto no sólo injusticia
sino ensañamiento y crueldad, procurando vanamente con este nuevo escarmiento
poner a Cuba de rodillas y  -como lo
previera Martí en su célebre carta a su amigo Manuel Mercado-  hacer posible “que se extiendan por las
Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras
tierras de América.” Pero, como lo recordara Fidel en las palabras de cierre de
la IIª Declaración de La Habana, en 1962, «esta gran humanidad ha dicho:
‘¡Basta!’ y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes, ya no se detendrá hasta
conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez
inútilmente». Consciente de esa marcha y de ese proceso Washington castiga
a los luchadores antiterroristas y protege a los terroristas con que pretende
preservar su dominio. Y a todo esto, ¿Qué dice el Premio Nobel de la Paz que
despacha en la Oficina Oval de la Casa Blanca? ¿O es que Obama cree que a la
opinión pública mundial, y por supuesto a la de ciertos sectores dentro de
Estados Unidos, no le resulta repugnante su indiferencia? ¿O  supone que su complicidad con la monstruosa
injusticia e inhumanidad del caso de “Los 5” no tendrá costos? ¿No le preocupa
el lugar que su nombre pasará a ocupar en la historia? Se equivoca, aunque sólo
fuera por amor a sus hijas debería preocuparse.
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