(Por
Atilio A. Boron) El pasado 7 de Diciembre Noam Chomsky cumplió 90 años. En el
fárrago de noticias de esos días el onomástico de uno de los más grandes
pensadores de nuestro tiempo ese acontecimiento pasó desapercibido. La prensa hegemónica
estaba ocupada entonando sus himnos fúnebres por la muerte de un criminal
serial, el ex presidente George H. W. Bush, la absoluta futilidad de la sesión
del G-20 en Buenos Aires o el arresto en Canadá de la heredera del gigantesco
emporio telefónico Huawei.  Los ideólogos
del establishment no hicieron otra
cosa que imitar a la prensa autoproclamada libre e independiente –que no es ni
lo uno ni lo otro- en el sistemático ninguneo de la figura del lingüista,
filósofo y politólogo estadounidense. La cobardía intelectual del mandarinato
burgués e imperialista –tanto en Estados Unidos y Europa como en América
Latina- es revulsiva. Dado que no podrían durar ni cinco minutos debatiendo con
Chomsky  -y con tantos otros, ninguneados
también como él- lo que hacen es ignorarlo y ocultarlo a la vista del gran
público. Montados en sus enormes aparatos de propaganda, que no de información,
desde allí peroran y mienten impunemente, o barren bajo la alfombra las opiniones
fundadas, irrefutables y valientes de ese enorme francotirador intelectual que
es el ex profesor del MIT.

Chomsky dictando su conferencia en el Aula Magna de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, 1993. Fue su primera visita a la Argentina, en pleno menemismo, y las dificultades para conseguir un auditorio con suficiente aforo fueron enormes. Imposible hacerlo en Medicina y Derecho. 

Por eso las “fake news” son sólo un nuevo
nombre para designar una vieja costumbre del pseudo-periodismo que procura
disimular su condición de órgano de propaganda proclamando su carácter
“profesional” e “imparcial”. Sus voceros son pigmeos intelectuales que hacen de
la prepotencia verdad; o de la asimetría entre los que pueden hablar y los que
no también verdad. Son los que aupados sobre sus enormes oligopolios mediáticos
proclaman sus sofismas e inoculan sus venenos para enturbiar la mente del gran
público, para confundirlo, para sumirlo en la ignorancia porque cuanto más
confuso e ignorante sea más fácil será someterlo. Alabados como grandes
personalidades del mundo de la cultura y la comunicación por las mentiras
dominantes les cabe a ellos y ellas el sayo de la cáustica réplica que Gyorg
Lúkacs espetara, desafiante,  ante sus
inquisidores: “un conejo parado en la cima del Himalaya sigue siendo un
conejo”. Conejos que deben impedir que el mundo sepa que Chomsky vive, piensa y
escribe; y que sobreviven y medran en su oficio porque suprimen toda disidencia
bien fundada. Cuando forzados por las circunstancias montan un simulacro de
debate seleccionan cuidadosamente sus rivales. No hay lugar para Chomsky.
Eligen en cambio a sus críticos más rústicos, elementales, impresentables y
salen airosos de esa falaz contienda. Por eso el lingüista norteamericanos,
pese a ser el “Bartolomé de Las Casas del imperio americano” como acertadamente
lo describiera Roberto Fernández Retamar, es un gran desconocido para el
público de Estados Unidos. Sus opiniones son dañinas y  no deben circular masivamente. Y su nonagésimo
cumpleaños no fue celebrado como la supervivencia de un fabuloso tesoro de
conocimientos acumulados, de audaces teorizaciones, de valientes denuncias sino
como la insoportable longevidad de un excéntrico al que no se le debe prestar
ninguna atención. Para el pensamiento dominante (y ya sabemos de quién es ese
pensamiento)  sus opiniones sólo revelan su
odio y sus patológicos prejuicios sobre la sociedad norteamericana. No son
opiniones propias de gentes “razonables”, esas que comprenden que cuando
Estados Unidos mata a millones de personas en todo el mundo –en Siria, en Irak,
en Palestina, en Afganistán, en Yemen, en Libia- o cuando provoca desastres
humanitarios en Honduras y Haití, o cuando bloquea y agrede a países como Irán,
Cuba y Venezuela, sometiéndolos a indecibles sufrimientos, son heroicos y
desinteresados sacrificios que la Casa Blanca hace en defensa de la libertad,
la democracia y los derechos humanos. Chomsky no comparte ese discurso
autocomplaciente . Por eso, a sus noventa años, no hay nada que celebrar, nada
que festejar, nada que dar a conocer.

Chomsky en la Asamblea de CLACSO en La Habana, Octubre 2003.
 Termino
recomendando la lectura de una de sus notas más punzantes de los últimos años
(publicada en La Jornada el 3 de
Noviembre del 2015) y que lleva por título “EEUU, el Estado terrorista número
uno” comienza así: “Oficial: EEUU es el mayor Estado terrorista del mundo y se
enorgullece de serlo. Esa debería ser la cabeza de la nota principal del New
York Times
 del 15 de octubre pasado, cuyo título, más cortés, dice
así: Estudio de la CIA sobre ayuda encubierta provoca escepticismo sobre
el apoyo a rebeldes sirios.” Con retraso desde la Argentina y toda Latinoamérica
le mandamos esta salutación por su nonagésimo cumpleaños deseándole que
“cumplas muchos más”, como dice la canción mexicana y que nos siga inspirando
con su excepcional inteligencia, sus sólidas denuncias y su fecunda prédica
antiimperialista.

___________________________
Para enmendar  mi olvido comparto con mis lectoras y lectores
el texto arriba mencionado que lleva un título más que apropiado, mismo que
inspiró a varios de nosotros a lanzar una campaña para declarar el  9 de Agosto como el Día Internacional de los
Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad. 





Chomsky, foto actual
“EEUU,
el Estado terrorista número uno”
03-11-2014
Oficial: EU es el mayor Estado terrorista
del mundo y se enorgullece de serlo. Esa debería ser la cabeza de la nota
principal del New York Times del 15 de octubre pasado, cuyo
título, más cortés, dice así: Estudio de la CIA sobre ayuda encubierta
provoca escepticismo sobre el apoyo a rebeldes sirios.
La
nota informa sobre una revisión hecha por la CIA a las operaciones encubiertas
recientes para determinar su efectividad. La Casa Blanca concluyó que, por
desgracia, los éxitos son tan escasos que es necesario reconsiderar esa
política.
Se
incluye una declaración del presidente Barack Obama de que pidió a la CIA
llevar a cabo esa revisión para encontrar casos en los que financiar y
proveer de armas a una insurgencia en algún país haya funcionado bien. Y no
pudieron hallar mucho. Por eso Obama tiene cierta renuencia a continuar con
esos esfuerzos.
El
primer párrafo cita tres ejemplos importantes de ayuda encubierta: Angola,
Nicaragua y Cuba. En realidad, cada uno fue una importante operación terrorista
lanzada por Estados Unidos.
Angola
fue invadida por Sudáfrica, que, según Washington, se defendía de uno de
los más notorios grupos terroristas del mundo: el Congreso Nacional
Africano de Nelson Mandela. Eso fue en 1988.
Para
entonces el gobierno de Ronald Reagan estaba prácticamente solo en su apoyo al
régimen del apartheid, incluso violando las sanciones que su propio
Congreso había impuesto al incremento del comercio con su aliado sudafricano.
Washington
se unió a Sudáfrica en dar apoyo crucial al ejército terrorista Unita de Jonas
Savimbi en Angola. Continuó haciéndolo incluso después de que Savimbi sufrió
una rotunda derrota en una elección libre y cuidadosamente vigilada, y de que
Sudáfrica le había retirado el respaldo.
Savimbi
era un monstruo cuya ambición de poder había llevado abrumadora miseria a
su pueblo, en palabras de Marrack Goulding, embajador británico en Angola.
Las
consecuencias fueron horrendas. Una investigación de la ONU en 1989 estimó que
las depredaciones sudafricanas provocaron 1.5 millones de muertes en países
vecinos, sin mencionar lo que ocurría en Sudáfrica misma. Fuerzas cubanas
finalmente vencieron a los agresores sudafricanos y los obligaron a retirarse
de Namibia, la cual habían ocupado ilegalmente. Sólo Estados Unidos siguió
apoyando al monstruo Savimbi.
En
Cuba, después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el entonces
presidente estadunidense John F. Kennedy lanzó una campaña asesina y
destructiva para llevar los terrores de la Tierra a Cuba, según
palabras del historiador Arthur Schlesinger, aliado cercano del mandatario, en
su biografía semioficial de Robert Kennedy, a quien se asignó la
responsabilidad de esa guerra terrorista.
Las
atrocidades contra Cuba fueron graves. Los planes consideraban que el
terrorismo culminara en un levantamiento en octubre de 1962, que daría pie a
una invasión estadunidense. Hoy día la academia reconoce que esa fue una de las
razones por las que el entonces primer ministro soviético Nikita Jrushchov
emplazó misiles en Cuba, con lo que se produjo una crisis que se acercó
peligrosamente a una guerra nuclear. El entonces secretario de la Defensa
Robert McNamara concedió más tarde que si él hubiera sido un gobernante
cubano, habría esperado una invasión estadunidense.
Los
ataques terroristas contra Cuba continuaron durante más de 30 años. Desde
luego, el costo para los cubanos fue severo. Los recuentos de víctimas, de los
que apenas si se oye en Estados Unidos, fueron dados a conocer en detalle por
primera vez en un estudio del experto canadiense Keith Bolender, Voices
From the Other Side: an Oral History of Terrorism Against Cuba
 (Voces
desde el otro lado: historia oral del terrorismo contra Cuba
), en 2010.
El
saldo de la prolongada guerra terrorista fue amplificado por un sofocante
embargo, que continúa a la fecha en desafío al mundo. El 28 de octubre pasado,
la Asamblea General de la ONU avaló, por vigésimo tercera vez, la
necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto
por Estados Unidos a Cuba. La votación fue de 188 a dos (Estados Unidos e Israel)
y tres abstenciones de subordinados isleños de Estados Unidos en el Pacífico.
Hoy
día existe cierta oposición al embargo en altos estratos estadunidenses,
informa ABC News, porque ya no es útil (citando el libro reciente de
Hillary Clinton, Hard Choices). El experto francés Salim Lamrani
pasa revista a los aciagos costos para los cubanos en su libro de 2013 La
guerra económica contra Cuba
.
Apenas
si hace falta mencionar a Nicaragua. La guerra terrorista de Ronald Reagan fue
condenada por el Tribunal Internacional de La Haya, que ordenó a Estados Unidos
poner fin a su uso ilegal de la fuerza y pagar sustanciales
reparaciones de daños.
Washington
respondió intensificando la guerra y vetando una resolución del Consejo de
Seguridad que llamaba a todos los estados –con dedicatoria a Estados Unidos– a
observar el derecho internacional.
Otro
ejemplo de terrorismo se conmemorará el 16 de noviembre, en el 25 aniversario
del asesinato de seis sacerdotes jesuitas en San Salvador por una unidad
terrorista del ejército salvadoreño, armada y entrenada por Estados Unidos.
Bajo las órdenes del alto mando militar, los soldados irrumpieron en la
universidad jesuita para dar muerte a los sacerdotes y a todo testigo,
incluidas su ama de llaves y la hija de ésta.
Este
suceso culminó las guerras terroristas de Estados Unidos en Centroamérica en la
década de 1980, aunque sus efectos aún ocupan las primeras planas, en los
informes acerca de los inmigrantes ilegales, que en buena medida huyen de
las consecuencias de aquella carnicería y son deportados de Estados Unidos para
sobrevivir, si pueden, en las ruinas de sus países de origen.
Washington
también ha surgido como el campeón mundial en generar terror. El ex analista de
la CIA Paul Pillar advierte sobre el impacto generador de resentimiento de
los ataques de Estados Unidos en Siria, que podrían inducir aún más a las
organizaciones yihadistas Jabhat al-Nusra y Estado Islámico a reparar su
ruptura del año pasado y hacer campaña conjunta contra la intervención estadunidense,
presentándola como una guerra contra el Islam.
Esa
es ahora una consecuencia familiar de las operaciones estadunidenses, que han
ayudado a propagar el yihadismo de un rincón de Afganistán a gran parte del
planeta.
La
manifestación más temible del yihadismo hoy día es el Estado Islámico, o Isil,
que ha establecido su califato asesino en vastas zonas de Irak y Siria.
Creo
que Estados Unidos es uno de los creadores claves de esta organización, asevera
el ex analista de la CIA Graham Fuller, prominente comentarista sobre aquella
región. Estados Unidos no planeó la formación del Isil, pero sus
intervenciones destructivas en Medio Oriente y la guerra en Irak fueron las
causas básicas del nacimiento del Isil, añade.
A
esto podríamos agregar la mayor campaña terrorista del orbe: el proyecto global
de asesinato de terroristas lanzado por Obama. El impacto
generador de resentimiento de esos ataques con drones y
con fuerzas especiales debe de ser bastante conocido para requerir mayor
comentario.
Todo
esto constituye un registro que hay que contemplar con cierto horror.

Noam
Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto
Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge. Su libro más reciente es Masters
of Mankind: Essays and Lectures, 1969-2013
Traducción:
Jorge Anaya