Recomendable: leer la entrevista a Manuel Castells aparecida en la Revista Ñ de hoy, ilustrativa de la involución intelectual de quien comenzó como un joven “marxista althusseriano”
(con todas las complicaciones que tiene esta expresión dado que Althusser fue
muy poco lo que entendió de Marx, al ser incapaz de percibir el carácter
unitario de su proyecto político-intelectual desde los Manuscritos de París
hasta El Capital) para terminar como un exponente del saber
convencional de las ciencias sociales estadounidenses, co-optado astutamente
por el imperio al punto tal que le hace decir a Castells que se sentía feliz de
haber recalado en su “nicho ecológico que es la gran universidad de
investigación anglosajona, acabé en (la Universidad de California, en) Berkeley.”
 Se comprueba una vez más la enorme
eficacia de la academia norteamericana para atraer jóvenes rebeldes y, luego de
un intenso y sutil proceso de “lavado de cerebro”, convertirlos en “pacíficos
adoradores de la legalidad a cualquier precio”, como alguna vez lo dijera
Engels. Yo pasé por ese proceso pero pudo más mi obstinación y mis convicciones
marxistas que los cantos de sirena de mis profesores en Harvard. Sin más,
señalo algunos pasajes particularmente instructivos de la entrevista e invito a
mis lectores a leerla en su integridad y hacer llegar sus comentarios.
Manuel Castells: “La sociabilidad real se da hoy en Internet”
Entrevista a cargo de Horacio Bilbao

a) Castells habla sobre los movimientos sociales y la cuestión del poder:
 “Es que los movimientos sociales
no buscan tomar el poder. Nunca. Cuando lo intentan se vuelven movimientos
político revolucionarios, que es otra cosa. El movimiento social busca cambios
en las mentes de las personas y en las categorías culturales con las que la
sociedad, normalmente, se piensa a sí misma.”
Comentario:
eso de cambiar las mentes de las personas es lo que Buda llamaba la “Iluminación”,
el acceso a un estado de conciencia clara, pura y radiante. Hasta ahora no existe evidencia histórica alguna que
esos cambios en las mentes hayan producido los grandes procesos revolucionarios
en la historia de la humanidad. Fueron componentes necesarios, eso sí, pero
insuficientes: la liquidación del esclavismo, de la sociedad feudal y la
transitoria derrota del capitalismo en Rusia requirió de revoluciones, de la
conquista del poder y del sometimiento de los partidarios del viejo orden. Con
la Iluminación budista no alcanzó. Hubo organización de los oprimidos,
enfrentamientos militares, sangrientas represiones y, por supuesto, cambios en
la conciencia de las clases explotadas. Pero sólo con esto aquellos cambios no
habrían sido posibles.
b) Fobia al poder. Se le pregunta a Castells:
-Si tomar el poder no es lo superlativo, ¿estos movimientos no terminan
por diluirse o volverse funcionales a las verdaderas redes del poder?

– “No, porque lo peor que puede hacer un movimiento social es transformarse en
lo mismo que combate. Conquistar el poder para hacer más o menos lo mismo, como
ocurre con la social democracia, sepulta la legitimidad del proyecto. Si llegar
al poder quiere decir gestionar todo aquello contra lo que se lucha con un
acento más de izquierda pues no estamos frente a un movimiento social. Eso es
la izquierda política, que es muy importante, pero los cambios culturales
implican otro proceso.”
Comentario: como aconseja John Holloway, hay que cambiar el mundo sin
tomar el poder. En las páginas finales del libro nos dice que no sabe como eso
se hace ni si alguna vez se hico, pero hay que hacerlo. Hummmm
c) Le preguntan: ¿Hubo una revolución en Rusia, en 1917?
“La revolución soviética fue un golpe de Estado, en el sentido que
reemplazó un estado por otro aunque fuera totalmente distinto y funcionara con
una lógica distinta. No nació de un movimiento social, y si nació, éste fue
reemplazado y destruido por los bolcheviques, que era un grupo minoritario en
el movimiento revolucionario anti-zarista.”
Comentario: esta es la interpretación standard de la ciencia política
estadounidense. Absolutamente nada original y equivocada de medio a medio.
Decir que la primera revolución en la historia universal en donde las clases
explotadas conquistaron el poder en un país (¡de las dimensiones de la Rusia
Soviética!, culminación de la pionera experiencia de la gloriosa Comuna de
París) y produjeron cambios económicos, políticos y culturales trascendentales,
más allá de su posterior degeneración stalinista, constituye un gigantesco
error de apreciación, más propio del Selecciones
del Reader’s Digest
que de un académico serio. Claro que decir que la Revolución
Rusa fue un golpe de estado tranquiliza a quienes, en los claustros
universitarios, reproducen las “verdades oficiales” que divulga el Departamento
de Estado, conocido por su aversión a todo lo que huela a revolución.
d) ¿El fin de la lucha de clases?.
Entonces, ¿con qué podríamos identificar hoy el concepto de lucha de
clases si es que cabe alguna equivalencia?

– “Es un concepto que tuvo su papel histórico, pero que hoy simplemente no va
con esta realidad. Las luchas sociales que hay ahora definitivamente no son
luchas de clase. Aquí, en Europa, o en cualquier lugar. Para empezar son luchas
por los derechos humanos. La palabra clave para todas estas luchas es dignidad.
Se produce un efecto de indignación en defensa de la dignidad, una explosión
espontánea de gente que se siente humillada constantemente por el sistema
político. No es una lucha de clases, aunque se puede encontrar siempre un
contenido en la reivindicación social, en la explotación o la pobreza.  …   las luchas no son de clase en casi ninguna
parte del mundo. La única lucha de clase, y esto resulta interesante y
paradójico, se está dando en China.”
Comentario: Seymour M. Lipset a finales de los años 50 del siglo pasado,
Daniel Bell un poco después y Francis Fukuyama en los noventas dijeron esto mismo,
casi literalmente.  Quien ofende e
indigna es el sistema político. El sistema económico, el capitalismo, está a
salvo de cualquier crítica. De eso Castells no habla. No hay lucha de clases
aunque  “se puede encontrar siempre un
contenido en la reivindicación social, en la explotación o la pobreza”,
maldiciones divinas o producto de la politiquería pero nunca del modo de
producción. Conclusión: sutil apología del capitalismo, que al no nombrarlo se
convierte en un sistema eterno, pretensión que fuera irrefutablemente abatida por
la obra de Marx.
e) Pero parece que en Estados Unidos, al igual que en China, habría
lucha de clases.
“Hablábamos de lucha de clases. En los Estados Unidos, una sociedad que
desde hace tiempo no se piensa en estructura de clase, como sociedad desigual,
un lugar en el que cada uno si trabaja tiene sus oportunidades. Bueno, esto ha
cambiado. Por primera vez en 35 años salió una encuesta que preguntaba por los
conflictos más importantes en la sociedad. Hoy, la mayoría de los
estadounidenses piensa que el conflicto más agudo, el más importante, es entre
pobres y ricos.”
-O sea
lucha de clases…

-(risas) No lo viven como una lucha de clases, pero sí como un reflejo de la
desigualdad. Y ese es un cambio cultural fundamental.
Comentario: hasta Zbigniew
Brzezinski admite que con la crisis actual del capitalismo hay lucha de clases
en Estados Unidos. Pero el reconvertido marxista althusseriano dice que no,
aunque “la mayoría de los estadounidenses piensa que el conflicto más agudo, el
más importante, es entre pobres y ricos.” ¿Y cuál será la fuente de esa desigualdad,
de esa división entre pobres y ricos? ¿Una cuestión meramente mental, un
extravío del pensamiento de las masas, o algunas determinaciones estructurales?
¿O sea que si los sujetos no “viven” la lucha de clases como tal esta no existe
y las contradicciones objetivas del sistema se evaporan porque no son “vividas”
por sus protagonistas?
f) Hablar de democracia sin
hablar de capitalismo, proeza retórica de alta gama.
-¿Podemos decir entonces que el gran objetivo de estos movimientos es
volver representativa de verdad a esta democracia que tan poco representativa?

– “Es justamente eso. Son movimientos absolutamente diversos que crecen en
culturas y contextos diferentes. Pero tienen tres rasgos comunes. Se inician
por Internet, viven siempre en la red y desde allí van y vienen al espacio
urbano, son rizomáticos. Segundo, parten de una indignación espontánea, y ante
todo defienden su dignidad. Y tercero: en cuestión de objetivos programáticos,
tienen tantos programas que no tienen ninguno. No hay un objetivo ni una
ideología común, pero como usted dice muy bien, en todos los casos el tema
central es la democracia. Son movimientos por la democracia. En España empezó
con el movimiento Democracia Real Ya. Ellos hicieron el primer manifiesto. Y
propugnan la construcción de un nuevo sistema de representación de las voces de
los ciudadanos, son movimientos pro democracia pero de una democracia en cuya
búsqueda están. No tienen un modelo definido, pero buscan formas que no son las
actuales.”
Comentario: dejemos de lado eso de que los movimientos se inician por
internet y no como producto de las contradicciones sociales, o de que ante todo
defienden su dignidad, ¿atropellada por quién: por un mal patrón, por un
político, o por el capitalismo como sistema? Pero, además, ¿cómo es posible
hablar de democracia sin al mismo tiempo hablar del capitalismo? Nicos
Poulantzas una vez dijo que quien no quiera hablar de capitalismo debería
callar a la hora de hablar de fascismo. Me he permitido en varios de mis
escritos extender la sabia advertencia de Poulantzas diciendo que tampoco
deberían hablar de democracia quienes no estén dispuestos a hablar del
capitalismo. Porque una y otro son absolutamente incompatibles, y la única
reconciliación posible ha sido, aún en los capitalismos centrales, construir
esos simulacros de democracia que no llegan a ocultar su carácter de voraces
plutocracias, gobiernos de los mercados, por los mercados y para los mercados.
¿No sería más apropiado decir que uno de los más graves problemas que enfrentan
los “indignados” es precisamente su incapacidad para percibir que los males de
la democracia se originan en la inherente perversidad del capitalismo?
Para concluir: lean la entrevista y saquen sus propias conclusiones. Me
encantaría intercambiar opiniones con ustedes sobre estos temas.