«Primera impresión del discurso de Macri»
(Por Atilio A. Boron) Son muchos los cambios que deberán enfrentar los argentinos en tiempos venideros. Pero hay uno que ya lo padecieron el día de hoy: el tránsito de una formidable oradora como Cristina a un sucesor que no cuenta precisamente con el don de la palabra. Si CFK podía seducir a una audiencia con discursos de dos horas, apoyados en una ligera y circunstancial ojeada a sus apuntes escritos, el mensaje de Macri a la Asamblea Legislativa se redujo a la lectura de una breve relación de generalidades y nada más. Podría haber sido pronunciado en cualquier otro país y no hubiera desentonado, porque en su abstracta vaguedad no había ninguna referencia concreta a la situación de la Argentina. De ahora en más el síndrome de abstinencia puede ser muy grave para quienes disfrutan del arte de la oratoria.
Dijo que su gestión de gobierno girará en torno a tres ejes, uno de ellos inverosímil: pobreza cero, una quimera dentro del capitalismo y un milagro que ni siquiera los diligentes alemanes y escandinavos lograron en sus países y no parece sensato esperar que pueda alcanzarse en la Argentina. El otro eje, derrotar al narcotráfico, entra en el terreno de lo improbable, habida cuenta de lo que enseña su experiencia de ocho años como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El tercero, unir a los argentinos, puede ser una meta aún más inalcanzable que las dos anteriores pero aún así menos preocupante porque, como lo observara tantas veces Maquiavelo, lo que hizo grande a la república romana fue precisamente el conflicto entre plebeyos y patricios. No siempre la unión hace la fuerza. Por otra parte, ¿Cómo olvidar que el balotaje mostró a un país dividido casi en partes iguales?
Pero más allá de estas observaciones lo que quiero subrayar es la total ausencia de alguna propuesta específica que ilumine lo que el nuevo mandatario piensa hacer en el futuro. Dado que se ha insistido hasta el cansancio que con el advenimiento de Cambiemos supuestamente se inicia una nueva era en la política argentina, era natural esperar que en su mensaje inaugural Macri anticipara algunos lineamientos de su futura gestión. Pero se mantuvo fiel a los consejos de su asesor publicitario, Jaime Durán Barba: “no proponer, no explicar”. No hubo un solo anuncio concreto, tal como aconsejaba el manual de campaña. Sólo que ésta se acabó el 22 de Noviembre y ahora se estaba inaugurando un período de gobierno, y esta no es una diferencia trivial. En su discurso Macri exaltó las virtudes de la sinceridad. Hubiera sido bueno que, en aras de ella, hubiera dicho lo que piensa hacer.
Puede decirse que en realidad quienes conocen las fuentes ideológicas en las cuales abreva el PRO no necesitan extremar demasiado su imaginación para saber qué es lo que va a hacer Macri en la Casa Rosada. La “CEOcracia” reclutada para ocupar los principales cargos del Estado es de una elocuencia tal que nos exime de mayores esfuerzos a la hora de analizar esta Argentina “atendida por sus dueños”. Para los escépticos, y los que piensan que todo cambio es positivo basta con recordar quienes son los auspiciantes internacionales del macrismo: el rey Juan Carlos, Mariano Rajoy, José M. Aznar, Álvaro Uribe y la troupe de opinólogos e intelectuales liderada por Mario Vargas Llosa, para mencionar apenas a los más conocidos. Con promotores como estos hay que ser muy ingenuo para pensar que el cambio que se viene va a favorecer a los pobres y a las víctimas del sistema.