No hay uno solo. El de la dictadura
cívico-militar (1976-1983) fue de un tipo, atroz y aberrante por la naturaleza
de sus crímenes y por la escala de los mismos. Pero hay otras formas de
terrorismo estatal: una, por ejemplo, ejemplificada en el caso de Santiago
Maldonado. Otra, cuando se les priva a los adultos mayores de los recursos para
su atención médica y una vida modestamente digna. Esta es menos aparatosa y no
salta a los titulares de los medios pero afecta silenciosamente a millones de
personas en la Argentina. Y hay otra más, producto de la desidia, la
negligencia oficial, la absoluta mezquindad de considerar a las vidas humanas,
a las personas, como simples unidades de una estadística. Esa fue la que hoy
segó dos vidas en una escuela de Moreno, provincia de Buenos Aires. ¿Qué va a
inventar ahora el gobierno para desviar la atención pública? Tratan de que no
se hable más del escándalo de los “aportantes truchos” que ha enlodado
irreparablemente a quienes se erigían como fiscales de la República y
representantes de la “nueva política”. Para tal efecto aparecen, en sospechosa
coincidencia, los famosos “cuadernos” de un remisero poseído por un
irrefrenable fervor literario, rasgo no demasiado común entre los de su oficio,
y una vocación detectivesca que deja a Sherlock Holmes como un novato.

Sobre el “terrorismo por desidia estatal”
quiero compartir estas palabras de un profesor de la escuela siniestrada. No
tienen desperdicio. Les ruego que la difundan. Que lo que ocurrió no queda
oculto bajo una simple estadística que diga que “dos personas perdieron la vida”.
Miremos a Sandra, una de esas personas. Y si podemos miremos también a su
compañero de trabajo. Rubén Rodríguez, sacrificado en el altar de la negligencia
y la incompetencia oficial.
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La nueva «dama de hierro», inflexible ante los sindicatos y responsable del crimen en la Escuela de Moreno


ESCRIBO ESTO CON TRISTEZA, enojo y en shock.
La Escuela de Moreno donde funcionaba la orquesta en la que trabajaba explotó
por una explosión de una garrafa. Murieron dos personas, dentro de las cuales
estaba Sandra.
Sandra era la vicedirectora y la mama de una
de las músicas de la orquesta. Cada sábado ella abría temprano la Escuela para
la orquesta y para que los pibes jueguen a la pelota en el patio. También hacia
el desayuno, arreglaba las cosas del colegio, limpiaba y nos aconsejaba de como
manejarnos y protegernos de este sistema que acorrala a los docentes.
Sandra también pintó las banderas de nuestra
orquesta para las marchas  «que
sigan las orquestas». Ese día, llevó en su auto a todos los chicos que
pudo para la marcha y hasta dio un minidiscurso improvisado y notable frente a
los miles de personas que marchamos al Ministerio de Educación de la Nación.
Sandra me aconsejó con mil llamados telefónicos
a dejar los papeles en regla cuando nos dieron ayuda económica.
Sandra se quedaba con nosotros los profes a
esperar a que todos los nenes sean recogidos por sus padres. Y a veces, cuando
esa espera era muy larga, ella entendía que nosotros los profes teníamos dos (
o mas) horas de viaje y nos decía » vayan que yo me quedo a esperar o
llevo a los nenes a su casa»
Pero también Sandra me contaba como tenían que
«cortar» la lavandina para lavar los pisos por que el ministerio no
mandaba nada. También me contaba como hacían para darle de comer a los pibes
con la poca comida que la mandaban (y si esta, estaba en buen estado)
Atención gente, esto no fue un accidente. Es
producto de la desidia de los gobiernos en la educación y demuestra la soledad
e hidalguía en la que trabajan los docentes hoy en día. Y para graficar esto,
puedo decir que el lugar donde explotó la garrafa es donde dábamos clase de
violín.
Sandra era un verdadero ejemplo de trabajo,
lucha y docencia. La comunidad de San Carlos la va extrañar mucho y la vamos a
recordar siempre.
Pienso en su familia y en su hija. Una gran
cellista que, para variar, se quedó sin orquesta por que la  Orquesta San Carlos Dos Moreno fue cerrada
por Hernan Sanchez Arteaga y el minisyerio de educación provincial luego de un
fenomenal proceso de desgaste que incluyó hasta 9 (si nueve!!) meses de no pago
de sueldos pero que fueron sostenido por Sandra y todos los demás.
Por último una fe de erratas: viendo las fotos
de la prensa observo que el lugar que voló en mil pedazos era el comedor. Ahí
ensayábamos con toda la orquesta mientras Sandra preparaba el mate cocido. Imagine
ud. si eso pasaba con la escuela o la orquesta en funcionamiento. No fue una
masacre masiva de pura casualidad.
Augusto Arias.