(Por Atilio A. Boron) El sábado fue estupor y desconcierto. La enorme mayoría de los cubanos se enteró de la muerte de Fidel en los noticieros de la mañana. El Granma y Juventud Rebelde solo aparecieron al mediodía. Por una casualidad yo me enteré a la medianoche del viernes, cuando se cerraban las emisiones de la televisión cubana y de improviso aparece Raúl Castro anunciando el fallecimiento de su hermano. Por eso el sábado había una mezcla de asombro, embotamiento y, en algunos casos, incredulidad. Esto, entre otras cosas, porque no había mucha información oficial ni un parte médico que informara que fue lo que acabó con la vida de Fidel, si un paro cardiovascular, un ACV o qué. Hubo algunos que pensaron que era una de las tantas trapisondas de los yankees. Pero con el correr de las horas la información fue siendo difundida y el abatimiento se comenzó a generalizar. Pero todavía primaba el inmovilismo. Era inevitable aceptar lo que nadie hubiera querido que ocurriese nunca, pero no había mucha reacción. Esta comenzó el domingo, cuando la gente comenzó a movilizarse, a organizar reuniones a nivel vecinal y en los centros de trabajo y el partido y las organizaciones de base junto con los organismos estatales informaron sobre los detalles de las honras fúnebres que se le harían al Comandante. 
 
En
la foto con Graciela «Gallega» Ramírez, Isabel Allende y y Gerardo
Hernández Nordelo, uno de los «5», condenado a dos cadenas perpetuas más
quince años de prisión por luchar contra la mafia terrorista de
Miami!!! Un honor compartir este acto con él.

Ese día se adquirió plena conciencia de que Fidel ya no estaba entre nosotros y que se debían enfrentar los nuevos desafíos que acosaban a la revolución desde Estados Unidos sin contar con la presencia firme y reaseguradora de su figura. Responder a los nuevos bárbaros del Norte, con Trump a la cabeza, sin ese optimismo del corazón del cual hablaba Gramsci, puesto de manifiesto cuando a los pocos días del desembarco del Granma (¡más un naufragio que un desembarco, como acotaba el Che!) Fidel se reecontró con unos pocos compañeros, más siete fusiles de los cuales sólo uno o dos estaban en condiciones, y con total certeza vaticinó, ante la atónita mirada de sus camaradas, que la revolución, por eso sólo hecho de contar con esas armas, ya había triunfado. Certeza que transmitió también cuando le aseguró a los cubanos que el niño Elián volvería a Cuba, y que los 5 héroes aherrojados en las cárceles del imperio también regresarían a su patria, y que Cuba saldría airosa de los enormes desafíos planteados por al hundimiento de la Unión Soviética y el campo socialista. 
 
 

Ese formidable liderazgo ya no está físicamente, pero sus legados, sus enseñanzas, su ejemplo siguen vivos en el pueblo cubano. Hoy lunes hubo una verdadera explosión de participación popular y la gente salió a las calles masivamente para firmar los libros de condolencia, depositar flores en algunos lugares elegidos y prepararse para el gran acto de masas con que, mañana a las 19 horas, se producirá el despido de Fidel e iniciará su retorno a Santiago, donde sus cenizas serán depositadas en el cementerio de Santa Ifigenia, muy cerca de José Martí, el “autor intelectual” del asalto al Moncada. 
 
 
 

Aclaración: Las fotos que acompañan esta nota fueron tomadas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa” donde fui invitado a inaugurar con mi firma el libro de las condolencias. Las de la calle reflejan la participación de los jóvenes de los primeros años de la secundaria escribiendo con tiza consignas revolucionarias y de lealtad al legado de Fidel en la vía pública, un fenómeno que se reprodujo por toda la isla.