COMPARTO esta nota de
Alejo Brignole sobre el ex dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt y las inenarrables
atrocidades cometidas en su país por el Ejército bajo estricta supervisión de
ESTADOS UNIDOS. Ármense de paciencia y templanza y lean lo que sigue, lo que
había escrito Alejo en su libro y lo que dice el NEW YORK TIMES:
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Ríos Montt (Centro) al jurar como presidente de la junta militar.


MURIÓ UN GENOCIDA MÁS,
DE LOS MUCHOS ENTRENADOS POR EL PENTÁGONO EN LA ESCUELA DE LAS AMÉRICAS.
Para quienes no saben
quien fue Efraín Río Montt, les invito a leer este artículo del NEW YORK TIMES
en español. Pero antes comparto un extracto de mi libro MANUAL DE GUERRA DEL
BUEN LATINOAMERICANO, en donde analizo el genocidio guatemalteco de los años
’80, texto no apto para personas sensibles. Un saludo a todas y todos los que
prefieren no mirar para otro lado y quieren conocer -por duras que sean- las
verdades de este mundo.

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Extracto del libro: MANUAL
DE GUERRA DEL BUEN LATINOAMERICANO, pp. 211 y siguientes:
«Para ilustrar de
manera casuística la gravedad de los hechos producidos en Latinoamérica en la
modernidad más reciente, detengámonos en algunos testimonios recogidos por la
Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala, que ya hemos citado, pues
exponer la suprema irracionalidad de los hechos –como veremos– nos puede ayudar
a entender la criminalidad del modelo imperante que sostienen los países
centrales. Para ellos, la neutralización de los cambios sociales y de sus
efectos políticos indeseados se convierte así en un asunto prioritario que debe
ser resuelto violentamente, y tanto más violentamente, más funcional resulta
para esas estrategias sumergentes. Preste especial atención el lector a la
crudeza de los testimonios, y reflexione sobre qué razones pueden determinar
comportamientos tan aberrantes como los que ocurrieron en Guatemala y que
siguen a continuación:
«La mutilación de
miembros, los dedos de los pies o de la mano, la propia mano entera, o partes
de la cara, o la lengua, era algo común a muchos torturados. Sobre todo
arrancar la lengua, los ojos, era una práctica común y los cadáveres eran
botados [arrojados] posteriormente en las calles o en las plazas para infundir
terror. La mutilación de los órganos sexuales de los hombres fue aplicada
sistemáticamente.» 

«Abandonar los cadáveres expuestos en estacas, colocar las cabezas de las
víctimas degolladas sobre postes o colgando de los árboles, cortar las lenguas
o las manos, mutilar los senos o los genitales, fueron prácticas que llegaron a
ser habituales y que se realizaban antes o después de la muerte de la víctima.
Aquellos macabros hallazgos y estos usos contribuyeron en gran medida al
ascenso del terror.» 

Estas prácticas fueron frecuentes en toda la geografía guatemalteca, como las
padecidas por este grupo de campesinos en la finca Chacayá, en Santiago
Atitlán:

«Las víctimas aparecieron al día siguiente botadas a lo largo del camino
entre Godínez a Patzún, aproximadamente a 30 kilómetros de los hechos. Las
víctimas aparecieron con signos de tortura, les habían arrancado pedazos de sus
cuerpos … También les habían quitado toda la piel de las plantas de sus pies
y tenían heridas de machete en la cabeza. A otro le habían cortado sus
genitales y se los pusieron en la bolsa [bolsillo] de la camisa. A otro le
quitaron los ojos y se los pusieron en la bolsa. Al pastor le habían quitado
toda la piel de su cara, fue pelada. El acta de levantamiento del cadáver del
señor José Chicajau, elaborada por el juez de paz, señala que éste presentaba
quemaduras en el abdomen y en ambos pies, y muchos golpes amoratados en
distintas partes del cuerpo.» 



También un grupo de
mujeres fueron torturadas en el Cuartel de Reservas Militares de Santa Cruz de
Quiché, y declararon ante la comisión:
“(…) nos llevaron a una habitación chiquita, oscura, se sentía que había más
gente, sólo se quejaban. Poco a poco pudieron distinguir a varios hombres que
tenían cortados pedazos de nariz, orejas, dedos…» 



A continuación el
testimonio de un campesino obligado a torturar, recoge lo siguiente:

«A Juan Tomás, Matías Tomás y Manuel Tomás, los soldados sacaron un puñal,
les sujetaron las manos y les empezaron a sacar una por una las uñas. Los
gritos de dolor eran muy fuertes.»
«Yo les arranqué las uñas de los pies y después los ahorqué; en Chiacach y
Chioyal las torturas que hacíamos era que les rajábamos con las bayonetas de
los soldados, las plantas de los pies a los hombres… las uñas se las
arrancaba con alicate… les picaba el pecho a los hombres con bayoneta, la
gente me lloraba y me suplicaba que ya no les hiciera daño… pero llegaba el
teniente y el comisionado… y me obligaban cuando veían que yo me compadecía
de la gente…» 

Y también: 

«A Jesús le comenzaron a golpear en la boca hasta romperle los dientes.
Luego se los sacaron con cuchillo y se los iban haciendo tragar, de uno en uno,
mientras lo interrogaban sobre los nombres de sus compañeros guerrilleros.
Finalmente el oficial, enojado porque no le decía nada, le agarró la lengua y
amenazó a Jesús con cortársela, mientras volvía a ordenarle que dijera los
nombres. Unos soldados sacaron un palo donde tenían colgadas una fila completa
de lenguas, y le dijeron: ‘La tuya será la próxima’. Golpearon fuertemente a
Jesús y después le cortaron la lengua.» 



El informe también
determina el origen y los alcances de los organismos militares involucrados en
estos crímenes y concluye que éstos recaían fundamentalmente en los Servicios
de Inteligencia pertenecientes a las estructuras internas del ejército
guatemalteco, según afirman los testigos consignados en el documento»
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Y ahora el artículo
del NEW YORK TIMES:

RM, en 2013, cuando se lo condenó a 80 años de prisión por crímenes de lesa humanidad

Efraín Ríos
Montt, dictador guatemalteco, murió a los 91 años
Por STEPHEN KINZER 1 de abril de
2018

https://www.nytimes.com/es/2018/04/01/efrain-rios-montt-obituario/?smid=fb-share-es

El general Efraín Ríos
Montt, quien encabezó fuertes tácticas militares como dictador de Guatemala en
los años ochenta para derrocar a una insurgencia guerrillera y después fue
condenado por genocidio y delitos de lesa humanidad, falleció el domingo 1 de
abril. Tenía 91 años.
Murió a causa de un
ataque cardiaco, de acuerdo con sus abogados, Jaime Hernández y Luis Rosales.
Desde hace años sufría problemas cardiacos y pulmonares, además de demencia.
“Falleció en su hogar, con el amor de su familia, con su conciencia sana y
limpia”, declaró Rosales a medios guatemaltecos.
Ríos Montt, parte de
un puñado de comandantes que convirtieron a buena parte de Centroamérica en
campos de matanza durante los ochenta, era de los más sanguinarios. Gobernó
Guatemala de marzo de 1982 a agosto de 1983; en 2013 fue condenado por intentos
de exterminio de los mayas ixiles. Un juez determinó que el general estaba al
tanto de las masacres sistemáticas en las comunidades de ese grupo indígena en
el departamento de El Quiché y no hizo nada para detenerlas; lo mismo con el
bombardeo aéreo de quienes intentaron refugiarse en las montañas cercanas.
La condena, vista como un hito en la aplicación del derecho
humanitario, fue revertida poco después y Ríos Montt estaba en el proceso de
volver a ser enjuiciado.
El general, sin
embargo, también era una paradoja. Comenzó su carrera política como un
reformista y transicionó a un pastor evangélico abstemio. Aunque en Guatemala
es repudiado por muchos, algunos lo consideran un héroe al asegurar que su
política de “frijoles y fusiles” –alimentos para quienes se declararan fieles
al gobierno y el uso de armas para combatir a las guerrillas– ayudó a que
Guatemala no cayera en manos de grupos marxistas.
Uno de los admiradores
de Ríos Montt era el expresidente estadounidense RONALD REAGAN. Cuando se
reunieron en 1982, dijo que al general le daban “una mala reputación respecto a
los derechos humanos”.
“Sé que el presidente
Ríos Montt es un hombre con una gran integridad y compromiso”, dijo Reagan. “Sé
que quiere mejorar la calidad de vida de todos los guatemaltecos y promover la
justicia social. Mi gobierno hará todo lo que pueda para respaldar sus
esfuerzos progresistas”.
José Efraín Ríos Montt
nació el 16 de junio de 1926 en Huehuetango. Se unió al Ejército cuando era
joven y entrenó en la Escuela de las Américas, financiada por Estados Unidos y
ubicada en Panamá. (La influencia estadounidense en Guatemala era fuerte en esos
momentos; el presidente de izquierda Jacobo Arbenz fue derrocado en un golpe
respaldado por la CIA en 1954, evento en el que también participó Ríos Montt,
entonces un joven oficial militar). En 1970 fue nombrado jefe del personal
castrense aunque perdió el cargo debido a rivalidades políticas y fue enviado a
Washington para unirse al profesorado del Inter-American Defense College.
En 1973, el general
Ríos Montt regresó a Guatemala. El año siguiente se postuló a la presidencia
como candidato de una coalición respaldada por el partido Democracia Cristiana
Guatemalteca. Perdió en lo que fue calificado por muchos como fraude por parte
de la comandancia militar del momento y fue enviado fuera del país como adjunto
militar en España.
A finales de los
setenta, al regresar a Guatemala, Ríos Montt se reinventó. Tomó un curso sobre
relaciones humanas al estilo Dale Carnegie (un promotor estadounidense de
autoayuda), dejó el catolicismo, se convirtió en un líder de la iglesia
pentecostal El Verbo y entabló amistades con evangelistas estadounidenses. Su
estilo carismático, un bigote inconfundible y una reputación de rectitud
ayudaron a que Ríos Montt tuviera muchos seguidores. El 23 de marzo de 1982 él
y otros oficiales llevaron a cabo un golpe de Estado y él se volvió el líder de
una junta militar de tres personas.
Para entonces
guerrillas de izquierda habían tomado el poder en Nicaragua y tenían campañas
en El Salvador y en Guatemala. Determinado a derrotar a la insurgencia en su
país, Ríos Montt intensificó la política de tierra quemada que había realizado
su predecesor, el general Romeo Lucas García. En los primeros cinco meses del
mandato de Ríos Montt los soldados mataron a más de 10.000 campesinos, de
acuerdo con Amnistía Internacional.
Miles más
desaparecieron y cientos huyeron de sus hogares; muchos de ellos buscaron asilo
al otro lado de la frontera, en México. Prácticamente todas las víctimas eran
indígenas mayas.
Al general Ríos Montt
le gustaba decir que todos los verdaderos cristianos portaban la Biblia en una
mano y un rifle en la otra.
“Si están con
nosotros, les alimentaremos; si no, los mataremos”, le dijo a los campesinos.
Oficiales rivales
derrocaron a Ríos Montt en un golpe de Estado el 8 de agosto de 1983, después
de que estuvo diecisiete meses en el poder. No obstante, siguió siendo una
figura pública y se postuló a la presidencia en 1990 y en 2003. Sus partidarios
lo presentaban como alguien incorruptible, y él aseguraba que había traído paz
a un país que se dirigía hacia una “anarquía”.
Ríos Montt también fue
votado al congreso, lo que le dio inmunidad. Perdió el fuero en 2012 cuando
terminó su último mandato.
Para entonces los
avances en la democracia civil guatemalteca eran tales que era posible
imputarlo. Una investigación de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico,
Verdad y Justicia juntó evidencia de sus crímenes y surgieron también pruebas
con la excavación de fosas comunes.
El juicio contra Ríos
Montt empezó en enero de 2013. Él y su exjefe de inteligencia fueron acusados
por las masacres en quince poblados ixiles en los que fueron asesinados 1711
hombres, mujeres y niños desarmados.
“Nunca lo hice”, dijo
el general, entonces de 86 años, durante el juicio. “Y de todo lo que han dicho
no ha habido ninguna prueba que evidencie mi participación”.
La jueza Yasmín
Barrios se dijo completamente convencida de la culpabilidad del exlíder
guatemalteco al dictar la condena después del proceso, que duró cinco meses. Lo
sentenció a ochenta años de prisión.
Los familiares de las
víctimas que estaban en la corte, muchos con su vestimenta típica ixil,
gritaron: “¡Justicia!”.
A Ríos Montt lo
sobreviven su esposa, María Teresa; un hijo, Enrique Ríos Sosa (quien llegó a
ser jefe de personal militar pero renunció tras acusaciones de desfalco), y una hija, Zury, exdiputada. Su otro
hijo, Homero, era un médico militar y falleció en 1982 cuando las guerrillas
tumbaron un helicóptero en el que viajaba.
“Consideren a los
miles de hombres, mujeres y niños desarmados que mató el Ejército mientras él
daba sermones sobre la moralidad y queda claro que es un monstruo”, escribió
sobre Ríos Montt el profesor de Antropología David Stoll, de Middlebury
College. “Consideren las esperanzas que le invistieron muchos guatemaltecos,
incluidos los campesinos católicos empobrecidos, y es un héroe de proporciones
míticas”.