Niños mapuche reprimidos por Carabineros en Chile

 ¿Qué son estas imágenes? ¿Denuncian la feroz
represión del “tirano” Madur
o? No. Es la que se ejerce en
el Chile democrático –aquella tan publicitada “feliz copia” del Pacto de la
Moncloa– contra manifestantes pacíficos que no levantan barricadas o guarimbas,
no queman vivas a personas rociándolas con gasolina y prendiéndoles fuego, no
arrojan bombas incendiarias contra jardines infantiles y hospitales, no
destruyen autobuses por centenares, no saquean comercios ni depósitos de
alimentos ni fabrican obuses caseros para atacar a las fuerzas del orden, ni
disponen de francotiradores para escarmentar a quien intente atravesar la
guarimba u oponerse a sus tropelías. Son gentes que salen a la calle a
protestar, sin ningún tipo de armamento; en muchos casos niños mapuche y en
otros estudiantes y mujeres reprimidos –con la brutalidad que demuestran las
imágenes que acompañan esta nota– por los Carabineros que, a diferencia de la
Policía Nacional Bolivariana, no tienen prohibición para llevar armas de fuego.
Son imágenes estremecedoras que hablan de los límites a que llega la violencia
represiva en un país cuyo gobierno se permite dar lecciones de democracia y
derechos humanos a Caracas.

Construyendo ciudadanía en la democracia chilena

Con perversión, la canalla
mediática oculta esta realidad y pone el grito en el cielo y vomita una
catarata de insultos cuando el autor de estas líneas le dice al gobierno del
presidente Nicolás Maduro que debe intervenir con todo el rigor de la ley para
evitar la metástasis de la violencia. Esta es concienzudamente ejecutada por la
fracción terrorista de la oposición en cumplimiento del programa elaborado por
el Comando Sur para derrocar a Maduro y sintetizado en un documento cuyo título
lo dice todo: “US Southcom Operation “Venezuela Freedom”, American Strategy to
Overthrow the Maduro Government”. [1]
Pese a ser minoritaria aquella fracción, apoyada sin reservas por el Comando
Sur y su jefa civil, Liliana Ayalde (la tenebrosa ex embajadora de Estados
Unidos en Paraguay y Brasil cuando se perpetraron ambos golpes de estado), tiene
intimidados e inmovilizados con sus sicarios a los sectores de la oposición conscientes
del catastrófico desenlace que puede tener la crisis y proclives a buscar una
salida política a la misma. Pero estos se ven imposibilitados de hacerlo porque
serían considerados traidores por los violentos que han dado muestras de estar
dispuestos a hacer cualquier cosa, inclusive matar a opositores renuentes a
acompañarlos en su orgía de sangre y destrucción.

A diferencia de la Policía Nacional Bolivariana, Carabineros salea la calle con armas de fuego

Con su interminable cadena de
“posverdades” y “plusmentiras”, como acertadamente lo señalara Fernando Buen
Abad, los medios de comunicación hegemónicos se convirtieron en cómplices y, en
cierto sentido, autores intelectuales de la destrucción y las muertes que ha
provocado la ofensiva de los vándalos, presentados ante el público como la
valiente y pacífica oposición democrática enfrentada a la cruel tiranía de
Maduro. Nada nuevo: repiten la operación que hicieran, por ejemplo, en
Nicaragua cuando los mercenarios que atacaban al recién instalado gobierno
sandinista fueron glorificados como virtuosos “combatientes por la libertad”. Lo
mismo en Libia, con los mercenarios implantados en Bengasi para dar inicio a la
demolición de ese país. Medios que aplauden o exigen la “mano dura” contra la
protesta social en Chile, o en Argentina o Brasil, pero que con infinita
inmoralidad califican de “brutal represión” a la prudente y cuidadosa contención
que con gases lacrimógenos y cañones de agua hace el gobierno bolivariano para
controlar a quienes saquean, destruyen y matan. Exigen, y esto también está en
el Plan del Comando Sur, que el estado desentienda de su obligación de
preservar el orden público y deje a la sociedad, indefensa e inerme, a merced
de terroristas y sicarios.

Como decía Mafalda, ese garrote lo usan para abollar ideologías
Totalmente subordinados a las
ambiciones imperiales lo que estos medios buscan con su escandalosa
manipulación (des)informativa es sembrar el caos y la anarquía, provocar una
crisis humanitaria y la disolución de toda la trama social, instalando en
Venezuela una suerte de bárbaro “estado de naturaleza” hobbesiano en donde el
hombre sea el lobo del hombre. Acuciada por el malhumor social que provoca el
desabastecimiento programado de bienes esenciales (igual que en el Chile de
Allende) y el terror de la violencia ciega, la sociedad se desintegra y se repliega
sobre un feroz individualismo tipo “sálvese quien pueda”. Destruido o
paralizado el estado y, por consiguiente, desaparecida la institución que
salvaguarda el orden público, nada podría ya frustrar la obsesión
norteamericana de apoderarse, para siempre, del petróleo venezolano. Este es el
plan, un plan concebido a escala planetaria para dejar a los pueblos indefensos
ante la voracidad imperial que se arroja sobre ellos para despojarlos de sus
riquezas. Es lo que Washington hizo en Libia e Irak, y lo que ahora quiere hacer
en Venezuela, sede de la mayor reserva petrolera del planeta. Por eso la
oposición cipaya y sus peones mediáticos alientan la violencia y procuran
inmovilizar con sus chantajes al gobierno de Maduro, para que finalmente reine
el caos. En los papeles, el plan parece perfecto. Pero en la patria de Bolívar,
Zamora y Chávez, el imperialismo y sus compinches se encontrarán con la horma
de sus zapatos. Chávez no pasó en vano y el bravo pueblo chavista y su gobierno
sabrán, con ejemplar heroísmo, triunfar en esta batalla decisiva para su futuro
como nación independiente y soberana.

Hombres, mujeres, niños: todos son víctimas de la brutalidad represiva de la democracia en Chile


[1] Ver http://www.globalresearch.ca/us-southcom-operation-venezuela-freedom-american-strategy-to-overthrow-the-maduro-government/5530383
. Según el New York Times el Comando
Sur ha negado la autenticidad de este documento, que establece doce pasos para
derrocar a Maduro, mismos que se han venido cumpliendo meticulosamente. Es una
arraigada costumbre norteamericana que cada vez que se filtra un documento de
este tipo sea inmediatamente descalificado por la agencia en cuestión. Pasó en
los años setenta cuando Daniel Ellsberg entregó al New York Times documentos secretos del Pentágono en relación con la
Guerra de Vietnam. Poco después se reconoció su carácter genuino y fueron
publicados con gran éxito editorial en todo el mundo. Lo mismo hicieron las
autoridades norteamericanas con los Wikileaks. Hace más de un año que el
periodista argentino Héctor Bernardo dio la voz de alarma en relación con los
planes del Comando Sur en Venezuela. Ver http://www.diariocontexto.com.ar/2016/04/29/operacion-venezuela-doce-pasos-para-un-golpe/.