25.1.2013

Hola, a continuación comparto una nota sobre la audiencia de John Kerry ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado de EEUU. No tiene desperdicios, y sirve para demostrar que, parafraseando a Borges, el imperialismo no sólo es malo sino también incorregible.

Hoy, Colombia como modelo

En 1971, testimoniando contra la guerra de Vietnam
 

                                                     
                                                      Kerry, sin desperdicios

(Por Atilio A. Boron) Como es sabido, cada
nuevo turno presidencial en los Estados Unidos despierta en algunos espíritus
ingenuos la esperanza de que “ahora sí”, América Latina y el Caribe van a
ocupar el lugar que se merecen en la agenda de la Casa Blanca. Esta tendencia
está profundamente arraigada en vastos sectores de las sociedades
latinoamericanas, reforzada por la infantil ilusión que despierta la presencia
de un afrodescendiente en la Casa Blanca. No obstante, durante ochenta años la
historia se encargó de demostrar la absoluta vacuidad de esa retórica.  En efecto, fue Franklin D. Roosevelt
quien  en su discurso inaugural (4 de
Marzo de 1933) anunció con bombos y platillos su “política del buen vecino”.
Poco después, en Diciembre de ese mismo año su Secretario de Estado, Cordell
Hull, declaraba en una conferencia panamericana en Montevideo que “ningún país
tiene el derecho de intervenir en los asuntos internos o externos de
otro.”  Al poco tiempo esta política del
buen vecino mostraba su verdadero rostro al bendecir la tiranía de Anastasio
Somoza en Nicaragua y convalidar el alevoso 
asesinato de Augusto César Sandino, el líder guerrillero que había
derrotado y provocado la retirada delas fuerzas de ocupación norteamericanas instaladas
en Nicaragua desde 1909. Lo que siguió durante décadas fue una sistemática
política de Washington de incondicional apoyo a cuantas dictaduras y gobiernos
de derecha llegaran al poder en América Latina y el Caribe, tendencia ésta que
se profundizó a partir de la Guerra Fría y que continúa hasta nuestros días. El
golpe pseudo-institucional en contra del Presidente Mel Zelaya en Honduras y la
farsa parlamentaria con la cual  se
destituyó a Fernando Lugo en Paraguay son ejemplos contundentes que demuestran
la invariable continuidad de la política del imperio hacia lo que sus
estrategas e intelectuales orgánicos consideran como las “provincias
exteriores” de la Roma americana.  Entre
Somoza y Lugo aparece una abigarrada galería de siniestros déspotas apadrinados
por la Casa Blanca: el ya mencionado Somoza, fundador de una sangrienta
dinastía, Carlos Castillo Armas en Guatemala; Rafael L. Trujillo en República
Dominicana; “Papa Doc” Duvallier en Haití; Fulgencio Batista en Cuba; Marcos
Pérez Giménez en Venezuela; Alfredo Stroessner en Paraguay,  para nombrar apenas algunos pocos y a los que
habría que agregar, ya en los setentas del siglo pasado, a las tenebrosas
figuras de Augusto Pinochet en Chile, Jorge Rafael Videla en la Argentina y los
gorilas brasileños, bolivianos y uruguayos que asolaron nuestros países. Las
víctimas de esta insaciable voracidad del imperio se cuentan  por millones, pero entre los gobernantes y
líderes políticos que cayeron a causa de sus maniobras se cuentan, aparte de
los ya mencionados Zelaya y Lugo, Joao Goulart, Jacobo Arbenz, Juan D. Perón,
Juan Bosch, Arturo U. Illía, Maurice Bishop y Salvador Allende -amén de Omar
Torrijos (Panamá) y Jaime Roldós (Ecuador), muertos en sospechosos accidentes
aéreos- entre tantos otros que sería largo de enumerar en este breve escrito.   
                ¿Habrá
algún cambio con John Kerry al frente del Departamento de Estado? Si tomamos
nota de lo que dijo en la audiencia de días pasados ante la Comisión de
Relaciones Exteriores del Senado  -presidida
por “Bob” Menéndez,  un contumaz enemigo
de la Revolución Cubana- la respuesta debe ser claramente negativa. Business as usual, como dicen en Estados
Unidos.  Y como más de una vez lo advirtiera
Noam Chomsky, Obama  profundiza la línea
seguida por la Administración de George W. Bush actuando de acuerdo con las
enseñanzas de Theodore Roosevelt que aconsejaba “hablar en voz baja pero traer
un gran garrote”. Para Kerry el modelo a seguir en materia de relaciones
hemisféricas es el que la Casa Blanca cultiva con Colombia. El hecho que este
país sea considerado como el mayor violador serial de los derechos humanos en
los últimos tiempos debe ser un dato nimio para el sucesor de Hillary Clinton.
Tanto es así que, olvidándose del frondoso prontuario depositado en los Archivos
Nacionales de Washington,  se deshizo en
elogios al narcopolítico Álvaro Uribe y su exitosa campaña de “seguridad
democrática”, construida  sobre el
asesinato en masa de más de tres mil jóvenes en lo que en Colombia se conoce
como el crimen de los “falsos positivos.” 
Refiriéndose a Venezuela, y a otros países “atípicos” (así calificados
porque no cooperan con los nobles 
esfuerzos de Washington) el futuro Secretario de Estado afirmó que
“puede haber una oportunidad para la transición allí”. Entendámonos: cuando un
alto funcionario de Washington habla de “transición” a lo que se refiere es a
“cambio de régimen” o, más prosaicamente, “golpe de estado.”  Y eso es lo que están desaforadamente
impulsando la NED, la CIA, la USAID y toda la parafernalia de (aparentemente
inocentes)  ONGs que actúan como fachadas
altruistas de los siniestros intereses de Washington.  En fin, lo que dijo Kerry es que hará lo que la
Casa Blanca siempre hizo, y continuará haciendo.  Lo ha demostrado hasta el cansancio Eduardo
Galeano, desde Las Venas Abiertas de América Latina en adelante; Gregorio
Selser en sus diversos estudios y en su Cronología de las intervenciones extranjeras
en América Latina
, o Juan  Bosch en  De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El
Caribe, frontera imperial
;  Darcy Ribeiro en Las Américas y la
civilización y más recientemente Luis Suárez Salazar en Madre América.  Tal como lo planteamos en nuestro América
Latina en la Geopolítica del Imperialismo
y, antes, en un libro que es
una suerte de prefacio y que lleva por título El lado oscuro del imperio,  la política del imperialismo puede variar
sus apariencias pero es invariante en su esencia. Y su esencia es el saqueo, el
pillaje, la super-explotación, la opresión nacional. Como lo recordaba la gran
Violeta Parra en  “La Carta”, una de sus
más hermosas canciones: “yo pido que se propague por toda la población que el
león es un sanguinario en toda generación.” 
En efecto, el imperio es sanguinario en toda generación. Pensar que
puede actuar de otra manera sería incurrir en una pasmosa ingenuidad.  Lamentable involución la de este Kerry:  pasó de sus valientes denuncias sobre los
brutales crímenes perpetrados por la soldadesca yankee en Vietnam a esta
capitulación en toda la línea. Como un mal vino, envasado en peor barrica, el
hombre envejeció mal, y un oportuno casamiento con la multimillonaria heredera
de la salsa kétchup Heinz terminó por evaporar su juvenil radicalismo
convirtiéndolo en un reaccionario que erige a Colombia, con sus 4 millones de
desplazados por la guerra;  con su
narcopolítica; con sus “falsos positivos”; con sus asesinatos de dirigentes
sociales, políticos, sindicales y sus periodistas; con su desenfreno
paramilitarista y sus siete bases militares norteamericanas  en el modelo a emular por los países del área.
La verdad, Kerry envejeció muy mal. Por suerte hay otros que ya eran buenos
pero que con el paso del tiempo se volvieron aún mejores:  Fidel, Raúl, Chomsky, González Casanova,
Alfonso Sastre, entre tantos otros. No todo está perdido.