Hoy miércoles 13 no fue un buen día para Mauricio Macri: se pinchó el globo del funesto acuerdo de libre comercio entre la UE y AL, y la gente salió a la calle a oponerse a la votación «exprés» de la reforma previsional en el Congreso.

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La reforma previsional que quiere el gobierno
de Macri ilumina con inigualable nitidez el carácter groseramente clasista de
su gobierno. La mal llamada “reforma”, en realidad una cruel “contrarreforma”, es
una nueva modalidad de acumulación originaria, o acumulación por desposesión,
como la denomina David Harvey, mediante la cual se produce una gigantesca
transferencia de ingresos desde la población de la tercera edad hacia el
gobierno y los capitales concentrados que aquél representa. Se les quita a los
jubilados una cifra que gira en torno a los 100.000 millones de pesos para
bancar el déficit fiscal y las astronómicas deudas contraídas por el gobierno
de Macri en su fallido intento de otorgar sustentabilidad a un programa que
claramente carece de ella. Habría que retroceder a la época de oro de la
dominación oligárquica, en las décadas finales del siglo diecinueve, para
hallar una situación comparable en donde de modo tan descarado el gobierno
expoliaba al pobre y a los sectores más vulnerables e indefensos de la sociedad
para enriquecer de manera fabulosa a los dueños de la tierra, en aquella época.
Hoy son múltiples los sectores capitalistas –tanto nacionales como los que
prestan dinero al gobierno de Macri desde afuera- que se benefician de este
gigantesco atraco que, ciertamente, no quedará impune. Las formaciones
políticas que constituyen Cambiemos, en su soberbia, su  inescrupulosidad para violar el Estado de
Derecho y su autoritarismo represivo, creen que la historia terminó el 22 de
Octubre, el día en que el macrismo ganó las elecciones legislativas. Craso
error.



No se dan cuenta que la historia recién
comienza y que en menos de dos años, en el 2019, un pueblo empobrecido, con
jubilados condenados a una perversa eutanasia social por la política gubernamental;
vejado, privado de sus derechos más elementales, sometido a un apagón mediático
e informativo sin precedentes en democracia, con dirigentes presos sin condena,
luchadores sociales fusilados por la espalda (Rafael Nahuel) u otros
desaparecidos y muertos en circunstancias aún no aclaradas (Santiago Maldonado).
Un pueblo, en suma, que contempla azorado como la protesta social legítima y
pacífica se reprime con saña para que los sectores más vulnerables e indefensos
de la Argentina sean por ley obligados a pagar los costos del ajuste y que muy
probablemente decida vengarse de sus victimarios en las próximas elecciones.
Seguir apostando a la desmemoria del pueblo argentino podría llegar a ser fatal
para el gobierno y sus aliados. Tal vez ciertos cambios moleculares en el
imaginario popular no sean perceptibles para la mirada autocomplaciente del
entorno presidencial y de sus medios de comunicación adictos, pero un examen profundo
de aquél demostraría que el vértigo regresivo de las políticas oficiales ha hecho
nacer una sorda pero intensa animosidad en contra del oficialismo que, sin duda
alguna, se cobrará sus víctimas entre los candidatos de Cambiemos el año
próximo. Quien conozca la historia de la Argentina comprenderá que políticas
como las que quiere imponer el gobierno de Macri -¡y de la forma en que
pretende hacerlo!- siempre tropezaron con una formidable reacción popular. Y
esta vez no será diferente; será aún más potente.   

(Imágenes sobre la forma en que un gobierno republicano y democrático trata a quienes salen a manifestarse pacíficamente en contra de sus iniciativas)