19.6.2014
Un posteo de
anteayer en mi página de Facebook ha despertado la indignación de algunos que,
ante su lectura, me acusan de intolerante por manifestar mi disgusto al  tener que viajar en compañía de –según nota
del Infobae– personajes “que piensan
distinto.” (
http://www.infobae.com/2014/06/18/1574027-un-academico-dijo-que-fue-desagradable-viajar-avion-gente-que-piensa-distinto)
 En realidad no me molesta tanto eso como que
se trata de personas asociadas a algunos de los períodos más nefastos de la
historia argentina contemporánea (caso Miguel Angel Broda o Joaquín Morales
Solá con la dictadura cívico-militar); o a los gobiernos de Carlos Saúl Menem
(Julio Bárbaro, Javier González Fraga y nuevamente Broda) y la Alianza (otra
vez González Fraga y Graciela Fernández Meijide). Dado que ninguna de estas
tres experiencias de gobierno le hizo bien al país sino todo lo contrario, y
habida cuenta de que mis ocasionales acompañantes estaban en ese avión no pude
evitar sentirme invadido por una sensación de profundo desagrado al evocar su
triste protagonismo bajo esos gobiernos. No podría haber sido de otro modo salvo,
claro está, que hubiese perdido por completo la memoria, cosa que hasta ahora
no ha ocurrido. Sensación que se acrecentó al también recordar que en estos
días casi todos ellos forman parte del elenco estable de TN y la multitud de canales
de aire y de cable, amén de radios am y fm, afiliados al Multimedio Clarín,
desfilando semana tras semana en programas de propaganda política
(autoproclamados como “periodismo independiente”) y siendo presentados por sus
anfitriones como elevadas expresiones de  la “política seria” y venerables custodios de
la institucionalidad republicana, por contraposición al “populismo
irresponsable” del gobierno.


Infobae  edita el posteo y me hace aparecer como
diciendo que Graciela Fernández Meijide fue cómplice de la dictadura, cuando es
público y notorio que no ha sido así. Pero si está incluida entre los
personajes que causaron mi malestar es porque, al igual que los demás, avaló la
farsa de la Convertibilidad y las políticas neoliberales de la Alianza y su
funesto Ministro de Economía, Domingo Felipe Cavallo.  Y porque en medio del apogeo del
neoliberalismo menemista fue una fervorosa defensora de la consigna “alternancia
sin alternativas” (que quería decir “menemismo sin Menem”)  durante la campaña electoral de 1999 que
culminaría con la victoria de la Alianza.  Por otra parte la nota de Infobae recuerda mi condición de ex Vicerrector de la Universidad
de Buenos Aires entre 1990 y 1994. Hubiera sido apropiado que también dijera
que accedí a esa función por haber sido el candidato más votado de la lista de
izquierda en representación del claustro de profesores al Consejo Superior de
la UBA, y que disputé ese cargo en contraposición a diversos nucleamientos del
peronismo y el radicalismo. Y que durante esa gestión acompañé al rector Oscar
Shuberoff en su exitosa lucha para desbaratar los planes del menemismo tendientes
a producir una privatización de hecho de la UBA y liquidarla como universidad
pública y gratuita, tal como desgraciadamente ocurriera en Chile y en otros
países de Nuestra América. Y en relación al “pelotón de fusilamiento” del
asesino de Chávez creo que Infobae
tendría que ser más cuidadoso para transmitir con exactitud las expresiones que
pone en boca de  los protagonistas de sus
noticias. Lo que si escribí pocos minutos después de retirarme del mausoleo que
guarda los restos de Chávez y lo ratifico ahora fue que si “se descubriese
quién fue el autor material de la muerte de Chávez (porque cada día estoy más
convencido de que lo mataron), me presentaría como voluntario para cumplir con
la pena capital que cualquier Corte seguramente impondría para integrar el
pelotón de fusilamiento que pusiera término a la vida del canalla que asesinó a
nuestro amigo. Declaro que no soy partidario de la pena de muerte, pero un
magnicidio de tan enorme trascendencia para las luchas de nuestros pueblos puso
en crisis la solidez de aquella convicción.”

Para
concluir: el desagrado que me produjeron estos personajes en ese inolvidable
vuelo no eran por ser “gente que piensa distinto.” Por mi actividad académica y
periodística vivo rodeado de personas que piensan distinto. Lo que me
perturbaba de mis acompañantes no era que pensaran distinto sino que  “actuaron distinto”. Y que al obrar de ese
modo ocasionaron graves males que la Argentina viene arrastrando por décadas, y
que hoy se hace presente con perfiles apocalípticos como producto de la “justicia”
estadounidense. El olvido es mal consejero, tanto para la vida personal como en
la esfera pública. Dante decía que no hay ciencia donde no hay recuerdo, y por
eso dedico buena parte de mi tarea como cultor de la ciencia política a
investigar y recordar hechos y situaciones, las más de las veces desagradables.
 Pese a ello no tengo problemas en
compartir algunos momentos con gente que piensa distinto y expresa públicamente
sus opiniones. Pero una cosa es el pensar y otra bien distinta el actuar. Ya
desde el primer año cualquier estudiante de sociología sabe que una cosa son
las ideas y otra los comportamientos. El problema es con los segundos, no con
las primeras. Los que estaban en ese avión no sólo pensaban distinto; obraron,
y obraron mal, y eso fue lo que motivó mi disgusto. Y por último, ¿qué tiene de
censurable que, a posteriori del viaje, haya manifestado públicamente mi malestar?
No tuve ni un solo desplante para con ellos, ni abandoné el avión a los gritos
denunciando su presencia, ni lancé una sonora acusación en contra de esos
viajeros. Todo lo contrario: ocupé mi asiento y me enfrasqué en una reflexión
sobre la historia argentina reciente y el papel que en ella jugaron mis ocasionales
acompañantes. ¿De cuál intolerancia me hablan?  
   

Por último, habría sido interesante que Infobae y el resto de los medios hegemónicos hubieran manifestado
un repudio al menos similar al suscitado por mis palabras ante el “escrache” y
acoso al que fue sometido el actual ministro de Economía, Axel Kicillof, junto
con su mujer y pequeños hijos en el  Buquebús que los traía de regreso a la
Argentina. Me parece que comparada con mis palabras, por hirientes que hayan
sido, la actitud de los energúmenos que lo agredieron habría merecido una
condena mucho más rotunda que la que me están prodigando ciertos medios y
algunos fanatizados activistas en las redes sociales.