26 Noviembre 2013

¡Hola! Comparto nota sobre Honduras publicada en Página/12 de hoy.

“La
embajada” dice quién ganó

 Por Atilio A. Boron

En
las últimas horas de ayer, el Tribunal Superior Electoral de Honduras
consagraba como ganador al candidato del continuismo golpista, Juan Orlando
Hernández. Desde el inicio, el proceso electoral estuvo lastrado por vicios
irremediables que arrojaron un pesado manto de sospecha sobre su desenlace. La
desembozada intervención de “la embajada” en los asuntos internos de Honduras
tendría que haber sido una razón suficiente como para suspender las elecciones,
rediseñar las instituciones políticas –entre ellas el propio TSE, controlado
por quienes avalaron el golpe del 2009– y hacer una nueva convocatoria
electoral para cuando se reuniesen condiciones mínimas requeridas para una
elección, no sólo durante la campaña (ya de por sí un problema en Honduras, con
su record de periodistas y militantes opositores asesinados) sino durante el
recuento final de votos. Semanas antes de las elecciones, personeros
gubernamentales habían declarado que el TSE ¡cotejaría sus cifras con las que
aportase la embajada de Estados Unidos antes de dar a conocer los resultados
definitivos! En resumen: el ganador sería proclamado por “la embajada” y el
gobierno del continuismo golpista de Porfirio Lobo admitiría haber convertido a
Honduras en un protectorado estadounidense.
Esta ignominiosa confesión dice mucho
de la historia de ese sufrido país, ocupado por Washington y convertido en la
década de los ochenta en una gigantesca retaguardia para servir de apoyo
logístico a las agresiones perpetradas a la revolución sandinista por los
“contras” nicaragüenses. Arquitecto de este proyecto contrarrevolucionario fue
John Negroponte, una de las figuras más siniestras de las Américas y designado
por Ronald Reagan embajador en Honduras, función en la cual contó con la
colaboración de otro reconocido terrorista internacional, Otto Reich. Bajo su
gestión, el ejército hondureño fue reorganizado de cabo a rabo, dotándolo de
armamentos sofisticados, equipos y tecnología militar de última generación, y
convirtiendo a la base militar Soto Cano, en Palmerola, en una de las más
estratégicas de cuantas Estados Unidos posee en Centroamérica y el Caribe.
Cuando el presidente Mel Zelaya (foto) trató de democratizar al sistema
político y concretó su ingreso al ALBA, fue violentamente destituido mediante
un “golpe institucional”, a los cuales se ha hecho tan adicto el régimen de
Obama.
Uno de los analistas presentes en
Honduras, Katu Arkonada, confirma la existencia de múltiples “irregularidades”,
por no decir estafas a la voluntad popular. Hay por lo menos un 20 por ciento
de las actas de las mesas receptoras de sufragios, en regiones en donde el
partido Libre cuenta con gran respaldo popular, que fueron arbitrariamente
sometidas a auditoría y no computadas; en comunidades apartadas se observó el
“voto encadenado” y la compra de credenciales electorales; hay miles de mesas
en donde los partidos minoritarios obtuvieron cero votos, es decir, que ni sus
candidatos habrían votado por sí mismos. Sólo resta conjeturar cuántos votos de
Xiomara Castro fueron sustraídos de las urnas. Libre ganó en las calles, pero
no organizó una red de fiscales para garantizar la pureza del comicio. Confió
en su amplia mayoría, certificada por todas las encuestas, y en la inverosímil
“imparcialidad” del TSE y el gobierno ante una elección que el imperialismo y
la oligarquía hondureña no podían perder, porque Washington jamás habría
aceptado un resultado contrario a sus intereses en la zona.
El primer paso de la estrategia
norteamericana para impedir un revés político fue la campaña de difamaciones en
contra de Xiomara y su partido. El segundo, la organización fraudulenta de los
comicios y el recuento de los votos. Tercero, si los dos anteriores no
frustraban la victoria de Libre: impugnación del proceso electoral y
manipulación del Congreso para impedir su asunción y, en caso de que pudiera
hacerlo, provocar su destitución “legal” al igual que le ocurriera a su esposo.
Hasta ahora, la derecha se las arregló apelando al fraude, dando a conocer
cifras que no se corresponden con la realidad y que los medios hegemónicos dan
por buenas. Libre tendrá que recuperar en las calles lo que le arrebataron en
las urnas.
¿Cómo habría reaccionado la supuesta
prensa libre e independiente del continente si los vicios, fraudes y crímenes
perpetrados en Honduras hubieran tenido lugar en Bolivia, Ecuador o Venezuela?
La gritería de los lenguaraces del imperialismo y sus aliados habría sido
atronadora. En cambio, ahora en esos medios impera un silencio cómplice porque
en Honduras todo vale. ¿Por qué? Porque así como Israel es la pieza clave para
garantizar el equilibrio geopolítico de Medio Oriente, Honduras lo es para
Centroamérica, al ser éste el país donde se concentra el grueso del poder de
fuego estadounidense en la región. Y así como Washington no permanecería ni un
minuto de brazos cruzados ante un eventual triunfo de una izquierda
antiimperialista en Israel, se involucró descaradamente en el proceso político
interno de Honduras para garantizar un resultado acorde con sus intereses
estratégicos en la región. ¡Menos mal que hace unos días, en la OEA, John Kerry dio por superada
la Doctrina Monroe!

*
Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal
Gorini.