Un dato sintomático de la (bajísima) calidad de (casi toda) la dirigencia política de la Argentina es el hecho de que quien a su manera nos insta a debatir sobre el modelo» económico imperante en este país sea una revista humorística, Barcelona. Esto confirma, una vez más, que el humor político suele ser infinitamente más «serio» e importante que los alambicados discursos de políticos, funcionarios, académicos e intelectuales que casi invariablemente esquivan el bulto y se abstienen de analizar eso que Maquiavelo con gran acierto denominaba «la verdad efectiva de las cosas».

Ojalá le hagan caso a Barcelona porque quienes irreflexiblemente se desgañitan declarando la necesidad de «profundizar el modelo», ¿quieren profundizar también la Ley de Entidades Financieras de Videla y Martínez de Hoz; o la Carta Orgánica (ultraneoliberal) del Banco Central pergeñada por Domingo F. Cavallo; o la escandalosamente regresiva estructura tributaria que recauda impuestos a las «ganancias» (!!!) entre los asalariados o castiga con un IVA brutal a los consumidores de bajos recursos mientras exime de imposiciones tributarias a la renta financiera o a la transferencia de activos de sociedades anónimas mientras subsidia a las grandes empresas y a los consumidores adinerados? ¿Quieren profundizar los efectos de esta incontenible fábrica de pobreza que es el «modelo» y la irritante desigualdad económica «cronificada» pese a elevadísimas tasas de crecimiento económico; o el trabajo «en negro» que afecta al 40 % de los trabajadores, incluso dentro del propio sector público; o la indiferencia ante los reclamos en contra de la minería a cielo abierto, por la preservación de los glaciares y los bosques nativos, o por la devolución de las tierras a los pueblos originarios (caso Qom, en estos días)? ¿De verdad quieren profundizar todo esto?

Estos son algunos, ¡no todos!, de los rasgos que caracterizan al «modelo» que se quiere acentuar. ¿Quieren profundizar la extranjerización descontrolada de la tierra (que ahora, tardíamente, se trataría de contener, cuando lo más importante ya ha sido transferido a manos extranjeras);  mantener el saqueo de los recursos minerales e hidrocarburíferos sin ningún control fiscal;  mantener la farsa de las cifras del INDEC; seguir sin elaborar un proyecto industrial para un país concebido por el «modelo» como exportador de bienes primarios (agropecuarios, mineros, petróleo y gas)? ¿Eso se quiere profundizar?  De lo que se trata no es de profundizar el modelo sino de cambiarlo de una buena vez, sin arrojar por la borda todo lo actuado,  preservando algunos aciertos (aún cuando insuficientes, como la asignación universal por hijo y la extensión de los beneficios jubilatorios)  pero avanzando aceleradamente en una nueva dirección congruente con los imperativos de justicia y equidad sin los cuales cualquier democracia se convierte en una farsa y deviene en una plutocracia disfrazada. Ojalá que en este año, tan cargado de contiendas electorales de todo tipo, se pueda abrir una discusión seria y rigurosa sobre el «modelo», en cuyo frontispicio figuran con letras mayúsculas los siniestros nombres de Videla, Martínez de Hoz, Cavallo y Menem. Porque, ¿quién puede creer que sobre semejantes bases ideológicas se puede construir una alternativa «progresista»-¡ni digamos de izquierda!- para la Argentina?