24.4.2016

Hola, comparto una reflexión, en tono satírico, sobre los «golpes blandos». Espero que les guste.

(Por Atilio A. Boron) Washington ha modernizado sus
prácticas intervencionistas. La vieja metodología de lanzar a sus carniceros de
uniforme y charreteras para acabar con los gobiernos que no eran de su
preferencia ha sido declarada obsoleta y, por lo tanto, fue discontinuada. En
consonancia con las nuevas teorizaciones de Joseph Nye y sus discípulos ahora la
Casa Blanca apuesta por la eficacia del “poder blando”. Los viejos golpes de
estado con sus militares de torva mirada y métodos brutales han cedido lugar a
formas más sutiles pero no por eso menos eficaces de ejercer la violencia
contra sus enemigos. La extensa nómina de líderes de movimientos sociales,
campesinos e indígenas; de militantes de base y de periodistas muertos y
desaparecidos después de los “golpes blandos” en Honduras (2009) y Paraguay
(2012) o como práctica sistemática en países con gobiernos de derecha, como
México, Colombia y Perú demuestra con elocuencia que el soft power es apenas otra manera de reprimir a los disconformes. El
carnicero abandona su delantal ensangrentado y se viste con un traje de colección
para continuar con su faena.   
Estados Unidos tiene, como es
sabido, muchas agencias de inteligencia. Tan es así y tan secretas son ellas
que uno de los debates más tórridos (no álgidos, porque no son fríos sino bien
calientes) que alteran los nervios de los burócratas, militares y políticos de
Washington es si su número es 16 o 17. Aunque parezca increíble ni ellos
parecen saber a ciencia cierta cuantas son. En todo caso, en lo que a los
ciudadanos comunes y corrientes nos concierne, las chances de que haya alguna
filtración de las agencias de seguridad se multiplican por 16 o 17. Antes había
que esperar alguna falla en los dispositivos de seguridad de la CIA; hoy son
muchas las que pueden experimentar filtraciones, con lo cual las probabilidadades
de acceder a información antaño rigurosamente vigilada se acrecientan
significativamente.
La sátira política es casi tan
vieja como la política. Allí donde el gobernante o los dominadores oprimían a
sus pueblos o acallaban las voces del disenso la sátira era el camino por el
cual se abría camino la resistencia y la protesta. En la Grecia clásica las
obras  de Aristófanes, comenzando por
“Las Nubes”, marcan el glorioso inicio de una larga tradición que llega hasta
nuestros días. Maquiavelo y Tomás Moro apelaron también a este artificio para
decir y nombrar lo que no podía ser dicho o nombrado. Lo que sigue es una
tentativa de transitar por ese mismo camino para entender, con la ayuda del
humor, lo que está sucediendo en América Latina.
__________________
Días atrás la suerte me sonrió:
recibí una comunicación de un hacker
que, compadecido ante las persistentes intrusiones en mi cuenta de correo
electrónico y en las redes sociales, me hizo llegar una filtración de una de aquellas
agencias de inteligencia, pero sin decirme de cual. Se trataba de un breve pero
muy didáctico compendio con las instrucciones que uno de los jefes le envió a un
agente destacado en algún país de la región para destituir a un gobierno
desafecto a Washington, seguramente una feroz dictadura. Su contenido resumía
el voluminoso manual operativo (en la jerga de la Comunidad de Inteligencia
esto se llama S.O.P., por  standard operating procedures ) con el que
esas instituciones instruyen a sus agentes y al cual estos deben ceñirse para cumplir
con la misión de sembrar la libertad y la democracia que Dios le encomendó al
pueblo de los Estados Unidos. A continuación glosaré sus principales
directivas.
Primero -decía el mensaje al
agente- no se equivoque. Como por razones de seguridad no lo enviamos
directamente a su país “target” sino
que lo hacemos circular por varios para confundir a los agentes de la
contrainteligencia comunista al llegar asegúrese bien que está en el país
correcto y frente al gobierno que tiene que ayudar a derrocar. Si no conoce
bien la región podría
debilitar a un gobierno amigo de Estados Unidos y eso sería imperdonable para
la agencia. Si tal cosa llegara a ocurrir tendría suerte si para castigarlo lo
enviasemos a Corea del Norte a seguir los pasos de Kim Jong-un, un “mother fucker” que despacha a quienes le
caen mal tirándolos a una jaula repleta de perros hambrientos. Recuerde que
nuestros vecinos del sur son muy complicados. Hubo uno que dijo que “en América
Latina lo que es no parece, lo que parece no es, y todo es como si lo fuera”.
(Nota de AB: el remitente del mensaje ignoraba que quien acuñó esa frase fue el
sociólogo y economista brasileño Ruy Mauro Marini). Por eso –sigue el mensaje- tenga
cuidado. Desconfíe de los discursos. Los latinos son buenos para discursear. No
se asuste si escucha a un jefe o jefa de estado pronunciar un discurso
virulentamente antinorteamericano. Es muy probable que sea un buen amigo
nuestro que, por debajo de la mesa, esté negociando con Washington alguna
prebenda o un acuerdo que precisa ser cubierto por una espesa cortina de altisonantes
ataques verbales a nuestro país. Ha habido muchos casos de esos. Y no confíe en
los que  se deshacen en elogios a nuestro
modo de vida y nuestras instituciones. Si sobreactúan su admiración es porque
la DEA les descubrió un chanchullo, están a punto de perder las elecciones o
ser derrocados por una revuelta popular y están preparando su dorado exilio en
nuestro país.
Para no equivocarse siga estas
pocas reglas: fíjese si el gobierno que le fue asignado para destituir se
adhirió al ALBA, versión tropical de la Internacional Comunista de Stalin; averigüe
como votó en Mar del Plata cuando hundieron el ALCA en el 2005. Si se plegó a
la arenga antinorteamericana de Chávez es el enemigo a vencer; si no lo hizo es
uno de los nuestros. Otro criterio: fíjese si el gobierno ha desarrollado un
programa nuclear. Los latinos son muy vengativos y traicioneros, y lo más
probable es que algo aparentemente inocente, concebido supuestamente para usos
pacíficos, sea una pantalla para cubrir un acuerdo bélico con países como Irán
o Corea del Norte. Por eso: si tiene un programa nuclear usted está en el lugar
correcto y póngase a trabajar de inmediato. Si no lo tiene conecte su GPS y
recalcule su trayectoria. Otro: vea si ese país lanza o no satélites al espacio
exterior. Si lo hace, como lo hizo la Argentina hace poco, su inconfesable finalidad
es facilitar a rusos y chinos el monitoreo satelital de los desplazamientos de
la Cuarta Flota por el litoral latinoamericano. Ultimo criterio: abra bien los
ojos y vea si hay un número inusual de chinos o rusos en el lugar en que se
encuentra. En Latinoamérica hay negros, indios y mestizos, y unos pocos blancos
que quieren ser como nosotros, como lo comprobó uno de nuestros asesores: Samuel
P. Huntington, de Harvard. Si hay muchos chinos estamos en problemas. Son muy
ladinos y arteros, y dan cobertura a sus tropas tras fachadas aparentemente
inocentes. Por ejemplo, pequeños supermercados barriales cuya finalidad bélica
se oculta contratando paraguayos, bolivianos y peruanos supuestamente
encargados de la venta de frutas, hortalizas y carnes. Ingénieselas para penetrar
en la trastienda de esas pequeñas fortalezas y seguramente encontrará un
impresionante arsenal militar de última generación destinado a abastecer a la
base que ya han instalado en el sur de la Argentina. En Perú la soldadesca
china se esconde tras una sospechosa cantidad de “chifas”, restaurantes que
ofrecen una comida china barata mezclada con exóticos e indigeribles productos
de la gastronomía local. Los chifas parecen inofensivos pero no lo son: toda
esa gente, desde los cocineros a los meseros, sacarán a relucir sus armas ni
bien Beijing dé la voz de mando para atacrnos. Por eso, ni se le ocurra ir a
comer allí. En Lima hay muchos Kentucky Fried Chicken y McDonald’s como para
arriesgarse a morir envenenado o apuñalado en caso de que la contrainteligencia
de los asiáticos haya detectado sus movimientos. En estos dos países, Argentina
y Perú, los chinos aplicaron la metodología insurreccional de un resentido
social italiano que aconsejaba destruir nuestras sociedades mediante la
estrategia de guerra de posiciones: en la política, la cultura y también en el
comercio minorista. Los supermercados o los chifas son la fachada que oculta un
plan siniestro de dominación mundial.
 Con los rusos su tarea será más difícil,
porque a diferencia de los chinos, que son amarillos, los ruskies son blancos y por afuera se parecen mucho a nosotros. Por
adentro no, porque son colectivistas (por eso Lenin y su pandilla pudieron
destruir al zarismo que nos había vendido a precio razonable Alaska),
borrachines y holgazanes y no creen en la democracia, la libertad  y los derechos humanos. Su única chance para
descubrir a los rusos es hacerlos hablar: párelos en las calles, hágase el
turista confundido y tome nota de su habla. Recuerde que Rusia es el primer
gran enemigo a vencer, por su temible arsenal atómico. Cuando se desintegró la
URSS gracias a la valentía de Ronald Reagan que los obligó a batirse en la
“guerra de las galaxias” y a Juan Pablo II, que movilizó la religiosidad de los
polacos y los convirtió en el ariete que perforó las murallas del Kremlin,  muchos creímos que habíamos derrotado a los rusos
definitivamente. Nos equivocamos y como la yerba mala que renace con renovados
bríos reaparecieron con más fuerza que antes de la mano de un comunista
disfrazado de demócrata pero que hasta lleva el nombre de Lenin. Tenga esto en
cuenta. Y una vez liquidados los rusos nos encargaremos de los fucking chinos. Para resumir: si en el
país nota que hay demasiados rusos es mala señal y quiere decir que tendremos
que extremar nuestros recursos para operar allí. Ponga manos a la obra siguiendo
al pie de la letra estas instrucciones.
Segundo: no se deje llevar por sus
impulsos mesiánicos, a pesar de la 
indignación que le produzca comprobar la malignidad de los planes
antinorteamericanos en ese país. Cálmese y repórtese de inmediato a nuestra
embajada: allí encontrará una fenomenal base de operaciones: comunicaciones,
logística, armas, contactos, informantes, vehículos, disfraces, drogas, todo lo
necesario. Pero tenga cuidado al interactuar con los nativos: cuando ellos
hablan de “la embajada”, o cuando escuche que la insultan, tenga presente que sólo
se refieren a la nuestra y a ninguna otra. A ella le achacan las culpas de todos
los males producto de su indolencia e irresponsabilidad. En su insalubre mezcla
de envidia y resentimiento, los latinos no conciben otra embajada que no sea la
de Estados Unidos. Evo ha elevado la crítica a “la embajada” al rango de un
onceavo mandamiento de la ley de Dios, pero no le haga caso. Nuestras embajadas
son indispensables para nuestra misión civilizadora. Pese a que la cobardía de Obama
nos hizo retirarnos de Irak los boys
de la comunidad de inteligencia y los del Pentágono lo obligaron a dejar nuestra
embajada en Bagdad, con 15.000 diplomáticos. ¿Diplomáticos? En realidad el 95
por ciento de ellos son militares, mercenarios (no usamos esa palabra cargada
de malos recuerdos; los llamamos “asesores”) y agentes de inteligencia como
usted. En los tiempos actuales los diplomáticos valen poco o nada, son
dinosaurios incapacitados de actuar en un mundo en donde lo único que cuenta es
el lenguaje disuasivo de las armas. Nuestras embajadas tienen como finalidad
dar cobertura al ejército de espías, asesores, consultores políticos,
neuromarketineros y activistas antigubernamentales, disimulados las más de las
veces como “agregados culturales”, en realidad agitadores de la “sociedad
civil” y cuya tarea es organizar la oposición. Por eso, apenas el 5 por ciento
de los funcionarios que tenemos en “la embajada” son diplomáticos. El resto es
gente de acción, como usted, o personal de apoyo para su labor que hablan su
lenguaje y con los cuales se entenderá inmediatamente. El eclecticismo y la
cobardía de nuestros diplomáticos nos costaron muy caro: perdimos la China a
manos de Mao y a buena parte de Europa, por casi medio siglo, después de la
Segunda Guerra Mundial. Por eso mismo perdimos Cuba a fines de los cincuenta, y
de milagro no se nos fueron Indonesia y las Filipinas. Todo gracias a esos afeminados
del Departamento de Estado. Por suerte Trump y la Clinton entienden esto y ya nos
aseguraron un refuerzo presupuestario para enfrentar a nuestros enemigos de la
única manera posible: con la fuerza.
Tercero, “la embajada” tiene
muchos amigos en el país. Échele una miradita a los Wikileaks y verá como aún sin la invitación de nuestros embajadores
los admiradores de Estados Unidos se desviven por ir en tropel a “la embajada”
para hablar mal de su propio país y sus gobernantes, y para urdir planes sediciosos;
o para rogarnos que los invadamos para acabar con la peste populista y
comunista. En cada país esa lista es enorme, y puede elegir entre gente muy
calificada para pasar a la acción. Acuerde con ellos y comience por lanzar una
campaña de rumores. Esto es muy efectivo allá: denuncie la insoportable
corrupción del gobierno y hágalo sistemáticamente y sin pausas. Promueva
también una campaña denunciando el fraude de la última elección o la
incompetencia de sus funcionarios. Colegas suyos están organizando el
desabastecimiento de bienes esenciales para provocar el malhumor de la
población. Los latinos adolecen de un cierto fatalismo en relación al tema de
la corrupción y dicen que desde 1492 en adelante todos los gobiernos fueron
corruptos, salvo unas pocas excepciones (que no eran precisamente nuestros
amigos). Pero si insiste con el tema y planea una buena ofensiva mediática con
los principales medios de comunicación (que son todos nuestros y los
coordinamos desde Washington a través del Grupo de Diarios de América, donde
están los grandes baluartes de la libertad de prensa como O Globo, El Mercurio,
La Nación, El Tiempo y otros) comprobará que al cabo de un tiempo se producirá
una formidable mutación en la opinión pública. Mire lo que logramos en Brasil, donde
uno de los principales corruptos del país, procesado y todo, con cuentas
ilegales en Suiza alimentadas por el dinero sustraído a Petrobrás, es
presidente de la Cámara de Diputados y encabezó la ofensiva para sacarnos de
encima a una guerrillera comunista disfrazada de demócrata que desvió fondos
públicos para ayudar a la tiranía de los Castro construyéndoles el megapuerto
de Mariel. Este éxito hubiera sido impensable sin la actuación constante de
nuestros agentes en Brasil, apoyándose en una red de jueces y fiscales
corruptos, políticos corruptos y medios de comunicación corruptos, todos ellos
coordinados desde Washington. Si esto le suena mal y no le gusta la palabra
“corruptos” acuérdese del filocomunista Franklyn D. Roosevelt -que creó el IRS,
Internal Revenue Service, la oficina
de impuestos internos para hacer lo mismo que Lenin: expropiar a los
propietarios- aunque debemos reconocer que en los asuntos hemisféricos manejó la
cosa con mano de hierro. Él hablaba de la “política del buen vecino” pero apoyó
a todos nuestros amigos en Centroamérica, especialmente a Anastasio Somoza en
Nicaragua. Y cuando algunos blandengues de esos que nunca faltan se lo
reprochaban diciendo que cómo apoyaba a Somoza, que era “un hijo de puta” él
replicaba diciendo: “sí, pero es nuestro hijo de puta.” Usted siga este
luminoso consejo: localice a nuestros hijos de puta de hoy y trabaje codo a
codo con ellos. Ningún escrúpulo moral o chicana leguleya debe obstaculizar
nuestra lucha por la libertad, la justicia y la democracia.
Cuarto, piense globalmente y actúe
localmente. Para lo global (no para pensar, que eso lo hacemos aquí) contáctese
con José María Aznar en España y Álvaro Uribe Vélez en Colombia. El español nos
prestó un enorme servicio al acompañarnos en la decisión de invadir Irak en el
2003, pese a que algo más del 90 por ciento de los españoles estaba en contra. Bush
le preguntó si ese desprecio por la opinión pública podría ser un problema para
él y respondió que no, que en España las encuestas tienen un margen de error
muy grande, superior al de Estados Unidos, y además a los españoles les encanta
que quien ejerce el poder lo haga sin retaceos, que adoran a los caudillos y
les gusta la mano dura, que por eso Franco fue tan popular. Por eso se reunió
con Bush en las Azores, junto al charlatán de feria Tony Blair, uno de los
mentores de la “tercera vía”, y entre los tres se sacaron una foto que dio la
vuelta al mundo anunciando la buena nueva: que una coalición internacional de
países democráticos invadiría Irak y enviaría al verdugo de Saddam Hussein a la
justicia. A diferencia de Aznar, que siguió siendo nuestro fiel amigo hasta el
día de hoy y maneja los dineros de la USAID y la NED destinados a
Latinoamérica, Blair parece que procesó mal lo de Irak, abandonó la política y
tuvo un inesperado quiebre religioso: abandonó la Iglesia Anglicana y buscó
refugio y consuelo en la Iglesia Católica. Un agente nuestro “estacionado” en
la Biblioteca Vaticana asegura que la razón de la insólita renuncia del Papa
Benedicto XVI fue el arrepentimiento del pontífice alemán al haber formalizado
el ingreso a la Eclesia del ex premier británico.
Volviendo a lo global, Aznar y su
compadre Uribe son maestros consumados en eso de mover fondos de la NED y la
CIA e influenciar a la opinión pública internacional. No se deje amedrantar por
lo que dicen los National Archives de
la George Washington University que el colombiano es uno de los cien mayores
narcotraficantes de su país, que colaboró con el Cartel de Medellín, que era
muy amigo de su capo, Pablo Escobar Gaviria, y que por eso, desde su banca en
el Senado, se opuso a cualquier tipo de tratado de extradición que permitiera
enviar a los narcos a nuestro país para someterlos a las leyes y la justicia
estadounidenses. Esa información la discontinuamos en 1993 cuando advertimos
que era falsa y que la había suministrado un agente cubano infiltrado en la DEA.
Poco después comprobamos que la data era irrefutable pero desde arriba se nos
dijo que nos olvidáramos del tema y que el hombre podría sernos útil en el
futuro. ¡Y vaya si nos fue útil! Estaba predestinado a servirnos: ¡si hasta
nació un 4 de Julio! En suma: cuente con ambos, con Aznar y Uribe, para lo que
necesite. El español es un poco timorato, aunque rapidísimo para los negocios y
para trasladar nuestros dineros de aquí para allá. Uribe, en cambio, es un
hombre de acción, y si necesita ayuda tiene un verdadero ejército de
combatientes por la libertad dispuestos a todo y que por eso la prensa
comunista del continente los difama llamándolos “paracos” o
“paramilitares.”  Y en lo que hace a la
campaña en los medios avísele a Aznar o Uribe que le pidan a Don  Mario (Vargas Llosa, se entiende) que fulmine
al gobierno que hay que tumbar con una de sus habituales filípicas comparando
su corruptela y su despotismo con la democracia y la libertad que florece entre
nosotros. Sus palabras, y hay que reconocer que el hombre habla lindo, producirá
una reacción en cadena de comentarios y acotaciones en los medios, lo que rápidamente
será reproducida y su impacto agrandado por toda la prensa libre de las
Américas. Don Mario es un figurón infumable, con un ego de dimensiones
descomunales que ni siquiera el Premio Nobel de Literatura alcanzó a aplacar,
pero es increíblemente llano y accesible a la hora de criticar a nuestros
enemigos. Nomás dígale que tal o cual gobierno es populista o se reconoce como
socialista para que el peruano salte al ruedo con toda la furia de su prosa.
Tras él entrarán en combate peones menos brillantes, flojos de palabras pero
visceralmente nuestros como su hijo Álvaro, Carlos Alberto Montaner y toda la nómina
de empleados de nuestro gobierno, que muy generosamente los recompensa por su
defensa de las libertades y la democracia. Del dinero no se preocupe: el
Congreso aprueba anualmente partidas de varios centenares de millones de
dólares que Aznar y Uribe canalizan hacia sus asociados latinos para ayudarles
a crear un clima de opinión propicio al “golpe blando.” Aparte están los
dineros que aportan las transnacionales, o sea que aquí lo que sobra es el
dinero y lo que falta es voluntad política para deshacernos de esos bribones. El  tono general en esta fase del proceso debe
girar en torno a esta consigna: “la comunidad internacional está consternada por
los ataques al periodismo independiente y a la oposición democrática.” Si la
campaña prende en la opinión pública lance, siempre con sus socios locales, una
segunda consigna “exigiendo la liberación de todos los presos políticos.” Entre
nos le digo que no los hay porque los presos son algunos de nuestros amigos que
por su afán de hacer méritos ante el Tío Sam y figurar como héroes del derrumbe
del totalitarismo cometieron crímenes y los muy idiotas lo hicieron a cara
descubierta, desoyendo nuestros consejos. Fueron muy estúpidos, pero la verdad
es que en las cárceles nos son más útiles. De todos modos no conviene menear
demasiado el asunto de los venezolanos porque si lo que hicieron allá lo
hubieran hecho en Estados Unidos –tentativa insurreccional, 43 muertos,
centenares de millones de dólares en destrucción de vehículos e instalaciones
públicas- ya habrían recibido una inyección letal en una cárcel de máxima
seguridad de Alabama. ¡Ah, me olvidaba! Asegúrese que nuestros medios en la
televisión saquen a TeleSUR de todas las grillas de las cableras. Nada menos
que La Nación de Buenos Aires, uno de los decanos de la prensa seria a nivel
mundial, dijo en un memorable editorial que el “modus operandi” de Telesur es
“malicioso” y que el problema esencial con esa señal “no es su ideología, sino
su rancio primitivismo panfletario para procesar las noticias.” Si lo dice La
Nación, que de esto sabe mucho y ha sentado cátedra en materia de procesamiento
de noticias, hay que creerle. Esos canallas de TeleSUR ya nos hicieron quedar como
unos impostores cuando revelaron lo del relevo de Mel Zelaya, que los de la CNN
y los medios amigos (entre ellos La Nación) habían ocultado cuidadosamente; y también
con el affaire de Bengasi cuando liquidamos a Gadaffi, porque ellos pusieron en
evidencia que no hubo bombardeo alguno de la aviación libia sobre nuestros
muchachos en aquella ciudad. Si tiene dudas de cómo hacerlo hable con uno de
sus colegas en Buenos Aires. Allá lo convencieron rápido a Macri y ahora las
cosas están mucho mejor y los argentinos informados con objetividad e
imparcialidad.
Quinto: identifique cuidadosamente
a sus peones en la fase final de la campaña. ¡Aléjese de los cuarteles,
olvídese de los militares! Recuerde que hace veinte años empezamos a ofrecer
cursos de formación en Derechos Humanos y Democracia a jueces y fiscales de
todos los países latinoamericanos. ¡Si viera lo bien que nos fue! Nos sacamos
de encima a Mel Zelaya con una trapisonda de libro, y tres años después la repetimos
con Fernando Lugo, un obispo tan libidinoso y mujeriego que nuestro Bill
Clinton y su Mónica Lewinsky quedan reducidos a figuras como la Madre Teresa
por comparación al marxista-leninista de sotana. Reclute los jueces y fiscales
y también a los políticos en el congreso para organizar el juicio político. La
cosa pasa por ahí: búsquenle la vuelta al presi, que algún muerto debe ocultar
en su closet, alguna cuenta offshore
debe tener en algún paraíso fiscal, algunos milloncitos habrá fugado del país.
La mayoría de los políticos latinos dejarían a Frank Underwood y los guionistas
de House of Cards como inofensivos
niños de pecho. Busque en los Panamá Papers, pero tenga cuidado porque algunos
de los nuestros fueron tan descuidados, para no decir estúpidos, como para
dejar sus huellas digitales allí. Ningún latino, pobre o rico, es trigo limpio.
No se olvide que son racialmente inferiores y por eso mismo propensos al
desorden y al delito. Y cuanto más ricos y poderosos más tentados estarán en
acrecentar sus fortunas por cualquier medio. Cuando los capitostes del Poder
Judicial se alían con diputados y senadores, habiendo una jugosa recompensa
material en el medio (que ya en parte hemos anticipado) los resultados son más
devastadores de los que puedan lograr miles de soldados dirigidos por un estado
mayor de ladrones incompetentes. Tampoco se olvide que hemos venido entrenando
a militares y policías en Derechos Humanos y Democracia. Esta gente sabe muy
bien lo que esto significa y arden en deseos de cooperar con nosotros. No sólo
nos fue muy bien en Honduras y Paraguay. Estamos a punto de obtener el premio
mayor: Brasil, ¡y sin disparar un solo tiro! Sus colegas en ese país hicieron
una obra maestra: sin tener nada concreto, ninguna prueba, nada, sacan del
juego a dos castro-comunistas irreductibles como Lula y Dilma. Y los que
tenemos en la Argentina la tuvieron todavía más fácil porque nuestros enemigos perdieron
el gobierno a manos de uno de nuestros mejores amigos, pero en quién jamás habíamos
pensado para la presidencia. El hombre habla muy bien el inglés, cree en la
magia de los mercados pero no parece estar preparado para dirigir un país tan
exótico como la Argentina, en donde gobernar no es imposible pero es inútil.
Para eso se requiere de alguien con un perfil diferente y una dicción
comprensible para el vulgo. Pero Macri consiguió un buen marketinero político y
llegó a la Casa Rosada y nos está dando una mano más que necesaria, como la
tuvimos en la época de Menem, que nos ayudó a ganar la primera guerra del Golfo.
Por eso le dijimos a Obama que ya que iba a Cuba y se desviara un poco y fuera
a visitarlo, con suegra y todo. Los maricones del Departamento de Estado
trataron de bloquear esta decisión diciendo que ningún presidente de Estados
Unidos debe visitar a un gobierno instalado hacía pocos meses. Pero los chicos
de la comunidad de inteligencia y del Pentágono les quebramos la mano a
aquellos afeminados derrotistas y el presi nos hizo caso. Le dijimos que la
Argentina bien valía una misa, que con el temita este de los narcos y los
“paracos” Uribe se estaba desprestigiando demasiado y ya no nos servía, y que
por eso Macri se había convertido en nuestro principal ariete contra el régimen
dictatorial de Maduro. También le dijimos que para ganarse la simpatía de los nativos
tenía que bailar un tango y tomar esa horrible y antihigiénica infusión llamada
mate que aquellos bárbaros sorben todos de una misma “bombilla” rebosante de
gérmenes y bacterias que se pasan unos a otros. La verdad es que los chicos de
la comunidad de inteligencia todavía no se ponen de acuerdo sobre si Obama es
estadounidense o keniano; o si es cristiano o un  musulmán vergonzante dispuesto a traicionarnos
en cualquier momento. Pero es un actorazo, siguió nuestro guión al pie de la
letra ¡y los argies quedaron
fascinados con él!

Sexto: ya tiene al gobierno
enemigo sitiado. Desde Washington la oposición cosechó una interminable
secuencia de declaraciones manifestando la “preocupación” de nuestras
autoridades y de los politiqueros del Congreso por la gravedad de los problemas
que afligen al país y la necesidad
de un radical cambio de rumbo. El FMI y el Banco Mundial lanzaron serias
advertencias de la profundidad del abismo en que se caería a causa de la
obstinación del gobierno en seguir aplicando sus políticas populistas y
anti-mercado. La Unión Europea se manifestó en el mismo sentido y envió
reiterados mensajes exigiendo redefinir los acuerdos comerciales desechando los
residuos estatistas de los acuerdos iniciales. La SIP (Sociedad Interamericana
de Prensa) emitió rotundos comunicados denunciando los múltiples atropellos que
sufre el “periodismo independiente” a manos del gobierno. Las federaciones
económicas (industriales, agrarias, etcétera) claman al cielo exigiendo una
rectificación de las políticas oficiales.
Denuncie el carácter ilegítimo del gobierno y
su incorregible ineficiencia,
paralizado como está por el torrente de ataques procedentes desde el
exterior y la creciente belicosidad de sus enemigos internos. Los gobiernos de
los países vecinos hacen saber de su preocupación por los acontecimientos y la
situación se descontrola por completo. Pero un gobierno, sobre todo un gobierno
como el que usted debe ayudar a eliminar, no cae si  no se lo hace caer. Y para eso tiene que
ganar la calle. Repase cuidadosamente los manuales golpistas de Eugene Sharp, uno
de nuestros teóricos disfrazado de académico, que codificó las  acciones desestabilizadoras de gobiernos
enemigos a las que, burlonamente, bautizó como 
“no violencia estratégica”.
El bueno de Sharp hizo honor a su apellido y expuso en varios de sus informes
para la CIA y la OTAN nada menos que 197 tácticas  “no violentas” con las cuales poner a un
gobierno enemigo de rodillas. Entre ellas incluye iniciativas tan pacíficas como
“establecer doble soberanía y gobierno paralelo”, acosar y abuchear a
funcionarios en la vía pública, desobediencia civil y el boicot sexual y la suspensión
de las relaciones sexuales habituales hasta que no caiga el gobierno y, de este
modo, promover la militancia rebelde. Recuerde que la lucha contra el comunismo
también se libra en la cama, y explote esa muy sensible faceta de nuestra
batalla por la libertad. Cuando todas estas condiciones están presentes la mesa
está servida para la remoción del gobernante indeseable. Pero asegúrese que sus
comensales tengan el aspecto apropiado. Tiene que crear un clima de derrumbe
con multitudes saliendo a la calle a exigir “la salida” del gobierno enemigo.
Asegúrese que  muchedumbre no esté
formada sólo por nuestros amigos. Es más, dígales que se queden en casa. No
sería demasiado creíble si el “tono plebeyo” que debemos darle a la destitución
del gobierno (y para que el Congreso y la opinión pública en Estados Unidos
aplauda nuestras acciones) fuese personificado por un prolijo y elegante
desfile callejero de los ricachones de Barrio Parque y Recoleta en Buenos
Aires; Vitacura y Las Condes en Santiago; Leblon e Ipanema en Río de Janeiro; o
Villa Mariana en Sao Paulo; Pocitos y Carrasco en Montevideo; San Isidro y
Miraflores en Lima o Tecamachalco y Las Lomas en ciudad de México. Es preciso
darle calor y color populachero, y eso no se consigue con la gente de esos
barrios. Si tiene dudas hable con sus colegas en la Argentina, que allá son
expertos en eso. Haga que nuestros amigos digan que el afán expropiatorio del
gobierno no dejará títere con cabeza. Consulte a los de Ecuador, que hicieron
un trabajo notable al movilizar al pobrerío ¡en contra de la Ley de Herencia!
Fue una obra maestra de nuestros agentes y sus amigos ecuatorianos, que
inundaron las calles de desheredados y desposeídos, que nada heredaron y nada
pueden heredar, en contra de una ley propuesta por el castro-chavista Rafael
Correa que afectaba sólo a los muy ricos del Ecuador. ¡Haga lo mismo! La
estocada final contra la tiranía que estamos combatiendo tiene que ser dada por
grandes movilizaciones callejeras pero para eso tiene que atraer a las clases
medias, siempre propensas a actuar contra gobiernos que la han beneficiado, y
al “pobretariado”, como dice el cura comunista Frei Betto. Para eso es
necesario una eficaz campaña de los medios de comunicación -que nuestros
enemigos llaman “terrorismo mediático” y la verdad que no se equivocan, sólo
que no toman en cuenta nuestras intenciones redentoras- mediante la cual se
convenza a esos sectores desposeídos y desinformados que la voracidad del
gobierno acabará por expropiarlos de sus miserables propiedades. No es sencillo
pero, como lo prueba la experiencia del Ecuador, no es imposible. Una vez que
tenga esa gran manifestación populachera en las calles el derrumbe del gobierno
será inevitable, sometido a la doble presión de la conspiración judicial-parlamentaria
y al descontento callejero de las masas. Una vez caído asegúrese que prosiga la
persecución judicial y la campaña de difamaciones en contra de los personeros
del anterior gobierno. No sólo hay que derrocarlos sino también mandarlos a la
cárcel y humillarlos. Como hicimos con Jacobo Arbenz en la primera experiencia
latinoamericana de la CIA, en la Guatemala de 1954, cuando lo hicimos desfilar
por el aeropuerto en calzoncillos. Zelaya estaba sobreaviso y por eso siempre
dormía con pijama y tenía el sombrero a mano, pero igual lo sacamos de la cama sin
darle tiempo a que se vistiera. Como haremos con todos. El mundo libre no
espera otra cosa de nosotros.