19.4.2014


Comparto una interesante nota de Jim Lobe, que demuestra la tremenda desigualdad económica existente en Estados Unidos y, sobre todo, la tendencia hacia una acentuación de este flagelo en el último medio siglo. Si a inicios de la década de los 50 la ratio entre la remuneración de los gerentes y la de los trabajadores era de 20 a 1, y en 1980 (antes del tsunami neoconservador y reaccionario de Ronald Regan) era de 42 a 1, ahora, la asimetría creció exponencialmente hasta llegar a 331 a 1. Y si se toma en cuenta exclusivamente a las 100 principales empresas de los Estados Unidos la remuneración de sus gerentes generales (CEOs) alcanza un nivel promedio de casi 14 millones de dólares al año, contra el ingreso medio de los trabajadores de poco más de 35.000 dólares/año. Es decir, una proporción de 400 a 1.
Conclusión: cuando los gobernantes, ideólogos y publicistas de Estados Unidos y sus voceros locales erigen a ese país como el modelo a imitar lo que no están diciendo es que nos resignemos a vivir bajo un régimen de radical e incontenible desigualdad, con una pequeña elite viviendo en una obscena opulencia y el resto bregando a diario para sobrevivir. A esto se le llama ¡»manejo sensato de la economía»! Y cuando señalan al sistema político estadounidense como un modelo democrático lo que hay que decir es que si alguna vez lo fue ya no lo es más. La democracia es absolutamente incompatible con la desigualdad, como lo demuestra la historia de la filosofía política desde Platón hasta nuestros días. El «régimen» norteamericano no es una democracia sino una «plutocracia«, es decir, un gobierno de los ricos. En realidad, una dictadura de los ricos sin derechos laborales, sin sindicatos, con privilegios extraordinarios para los ricos y con una Corte Suprema que cada año otorga mayores facilidades para que millonarios y grandes empresas controlen, con sus donaciones y el nefasto papel de los lobbies, las decisiones que elaboren el Ejecutivo y el Congreso.

Ejecutivos de EEUU ganan 331 veces más que un empleado promedio

Por Jim Lobe
WASHINGTON, 17 abr 2014 (IPS) –
Una encuesta divulgada esta semana por la mayor federación sindical de Estados
Unidos concluye que los directores ejecutivos de las principales corporaciones
del país ganaron 331 veces
más dinero que el trabajador promedio en 2013
.
Según la base de datos 2014 Executive PayWatch de la Federación Estadounidense
del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas
en inglés), los ejecutivos
de 350 empresas del país ganaron un promedio de 11,7 millones de dólares el año
pasado, en comparación con el trabajador promedio, que percibió 35.293 dólares
.
Los mismos jefes obtuvieron, en
promedio, un ingreso 774
veces mayor que los trabajadores que percibieron el salario mínimo

federal por hora de 7,25 dólares, o poco más de 15.000 dólares al año, según la
base de datos.
Otra investigación de las
principales 100
corporaciones estadounidenses
divulgada el domingo 13 por The New York Times concluyó que la
compensación media de un directivo de esas empresas el año pasado fue aún
superior: 13,9 millones de
dólares
.
Ese informe, el Equilar 100 CEO Pay Study, determina que
en conjunto esos altos ejecutivos se embolsaron 1.500 millones de dólares en
2013, algo más que el año anterior.
Como en los últimos años, quien
más dinero obtuvo fue Lawrence Ellison, director ejecutivo de Oracle: 78,4
millones de dólares.
Los dos estudios, divulgados
mientras decenas de millones de personas presentan su declaración anual de
impuestos, echan leña al acalorado debate sobre el aumento de la desigualdad de
ingresos en este país.
El fenómeno saltó al primer plano
con el movimiento Ocupa Wall Street de 2011.
El presidente Barack Obama lo
describió como “el desafío que define nuestro tiempo”, mientras se pone en
marcha la campaña por las elecciones de mitad de período.
El mandatario intentó darle
respuesta aumentando el salario mínimo y extendiendo los beneficios por
desempleo y el pago de horas extra a los trabajadores federales, entre otras
medidas.
El hecho de que Obama ponga la
mira en la desigualdad y en los peligros que esta plantea le ha hecho ganar
cierto respaldo intelectual, e incluso teológico, en los últimos meses.
En una revisión de su tradicional
ortodoxia neoliberal, el Fondo Monetario Internacional (FMI) divulgó el mes
pasado un estudio sobre los efectos negativos de la desigualdad en el
crecimiento económico y en la estabilidad política.
La directora gerenta del FMI,
Christine Lagarde, advirtió que la desigualdad crea “una economía de la
exclusión” y que amenaza “el precioso tejido que mantiene unida a nuestra
sociedad”.
El papa Francisco también se ha
pronunciado reiteradamente sobre los peligros que plantea la desigualdad
económica, por ejemplo, en una reunión privada que el mes pasado mantuvo con
Obama en el Vaticano.
El informe  Global
Risks
del Foro Económico Mundial, publicado en enero, sostiene que la
marcada desigualdad de ingresos será el mayor riesgo para la estabilidad
mundial en la próxima década.
Mientras, un nuevo estudio del
economista francés Thomas Piketty, “El capital en el siglo XXI”, que compara la
desigualdad de hoy con la de fines del siglo XIX, recibe críticas favorables en
prácticamente todas las publicaciones dominantes.
La obra se basa en datos de
decenas de países de Occidente que se remontan a dos siglos.
Piketty argumenta que se
necesitan medidas radicales de redistribución, como un “impuesto mundial al
capital”, para revertir las actuales tendencias hacia una mayor desigualdad. El
autor se encuentra esta semana en Washington para disertar ante expertos de
varios centros de pensamiento.
El fallo de la Suprema Corte de
Justicia, que a comienzos de este mes amplió los límites de las contribuciones que pueden hacer
los acaudalados a los partidos políticos y a las campañas electorales
,
hace temer a muchos que la democracia estadounidense vaya en camino de
convertirse en una plutocracia.
De todos los países de Occidente,
el que registra mayor
disparidad de ingresos es Estados Unidos
, según varias mediciones. En su
libro, Piketty muestra que esta desigualdad actual de Estados Unidos excede a la que tenía Europa en
1900.
La diferencia de 331
a
uno entre lo que perciben los 350 directores ejecutivos y el
trabajador promedio es coherente con la brecha salarial característica de la
última década.
Esta realidad contrasta
drásticamente con la que existía después de la Segunda Guerra
Mundial (1939-1945). En 1950,
por ejemplo, los salarios de los directores de las corporaciones eran 20 veces
mayores que los de los trabajadores.
En 1980, antes de que el gobierno de Ronald Reagan
(1981-1989) empezara a implementar sus políticas económicas de la “magia del
mercado”, había que
multiplicar por 42 el salario de un trabajador para obtener el de un alto ejecutivo
,
según Sarah Anderson, veterana observadora de las compensaciones del Instituto
de Estudios Políticos de Washington.
“No creo que nadie, excepto tal
vez Larry Ellison, pueda decir que los gerentes de hoy son una forma
evolucionada del homo sapiens en comparación con sus predecesores de hace 30 o
60 años”, se burló Bart Naylor, promotor de políticas financieras en la
organización Public Citizen.
“Quienes crearon la industria
farmacéutica y la de alta tecnología… eran altos ejecutivos y no drenaban la
economía del modo en que lo hacen los ejecutivos de hoy”, dijo a IPS.
“La maquinaria de recompensas a
los ejecutivos está arruinada”, agregó.
Lo mortificante para los
sindicalistas es que muchas de estas empresas sostienen que no pueden darse el
lujo de aumentar los salarios a sus trabajadores.
“Pay Watch llama la atención sobre el demencial nivel de compensaciones
de los directores ejecutivos, mientras los trabajadores que crean esas
ganancias corporativas no logran percibir lo suficiente para cubrir sus gastos
básicos”, dijo el presidente de AFL-CIO, Richard Trumka.
“Consideren que los beneficios
por retiro del presidente de Yum Brands, que posee KFC, Taco Bell y Pizza Hut:
más de 232 millones de dólares, con impuestos diferidos”, dijo Anderson.
“Es bastante obsceno para una
corporación que emplea mano de obra barata”, añadió.
Actualmente, el Congreso
legislativo considera varias medidas para abordar el asunto, aunque la mayoría
de ellas cuentan con la oposición de los republicanos, que son mayoría en la Cámara de Representantes.
No obstante, un proyecto
tributario presentado por el presidente republicano del poderoso Comité de
Medios y Arbitrios de esa cámara puede poner fin a una clara injusticia, la que
exime a los ejecutivos de pagar impuestos por los “honorarios al desempeño” que
reciben cuando cumplen ciertas metas fijadas por el directorio de la empresa.

Además, la Comisión Nacional
de Valores empiece a aplicar una norma pendiente desde hace tiempo que exigirá
a las corporaciones que cotizan en bolsa revelar los ingresos de sus directores
ejecutivos, comparados con los de sus empleados de tiempo completo, parcial,
temporario y estacional, tanto estadounidenses como extranjeros.