Esta semana en el Centro Cultural de la Cooperación hubo una serie de actividades conmemorativas de los 120 años de la muerte del Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí. En el día de hoy, viernes, me tocó participar en un panel sobre el pensamiento antiimperialista del gran patriota nuestroamericano. Compartí la mesa con Juan Francisco Martínez Pería y Andrés Kozel, y durante poco más de dos horas estuvimos hablando de las grandes contribuciones de Martí a la lucha antiimperialista de ayer y también de hoy, contra los TLCs, contra la Alianza del Pacífico y, en la Argentina, los proyectos del macrismo.

Al terminar el evento se me acercó un funcionario de la embajada de Cuba en Buenos Aires, me entrega un sobre y me dice que «hay algo especial para usted.» Lo abro y encuentro una bella tarjeta findeañera que me envía … ¡Fidel!!!, nada menos que el Comandante. Una hermosa foto del Pico Turquino tomada por Raúl Abreu y una leyenda que dice: «Pico Turquino, Provincia de Santiago de Cuba. Sierra Maestra, escenario de la guerra de liberación y de las acciones del Ejército Rebelde hace 60 años.» Firmado: Fidel Castro Ruz.


La verdad es que ante un año que termina tan mal, con tantos problemas y desafíos para la izquierda latinoamericana, esta cortesía del Comandante obró como un potente llamado al optimismo de la voluntad del que tanto habló Gramsci y que Fidel cultivó a lo largo de toda su vida. Cuando se desplomaba la Unión Soviética y estallaba el campo socialista, con China embarcándose en un camino que la alejaba del socialismo y Vietnam procuraba renacer de sus cenizas, Fidel se mantuvo inflexible y no arrió las banderas del socialismo pese a las presiones, consejos y amenazas recibidas para que lo hiciera. Tenemos grandes batallas por delante en Argentina, en Venezuela, en Ecuador, también en Bolivia. Su tarjeta nos recuerda que no hay lucha imposible y que el peor combate es el que no se libra. ¿Gracias Comandante por estar siempre ahí, y aparecer en el momento justo, cuando el desánimo parecía que estaba a punto de comenzar a corroer la esperanza. Como dice la canción popular, cuando más se lo necesitaba, «en eso llegó Fidel!»