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3.7.2013
¡Hola!  Comparto unas reflexiones a propósito de lo ocurrido con Evo Morales durante su viaje de regreso a Bolivia.
 

La puta de Babilonia cabalgando sobre la bestia de siete cabezas – (grabado ruso del siglo XIX).

(Por Atilio A. Boron) La detención y, en los hechos, el secuestro
sufrido por Evo Morales durante 14 horas en Viena en su accidentado viaje de
regreso desde Moscú demuestra claramente que los gobiernos europeos, y las
clases dominantes a las cuales estos representan y en cuyos intereses actúan,
son simples sirvientes del imperio. Toda su hueca fraseología sobre democracia,
derechos humanos y  libertades se
derrumba como un castillo de naipes ante la contundencia de la prohibición que
le impedía al presidente boliviano sobrevolar el espacio aéreo de algunos
países europeos. Por supuesto, nada de esto debiera sorprendernos porque si de
algo han dado prueba los sucesivos gobiernos de Europa desde finales de la
Segunda Guerra Mundial ha sido su irresistible vocación por arrodillarse ante
el nuevo amo imperial y satisfacer sus menores deseos, aún a costa de su
dignidad y su vergüenza. 
      No todos los gobiernos ni todo el tiempo, es cierto,
porque hubo algunas excepciones: De Gaulle en Francia, Olof Palme en Suecia,
entre los más notables, pero sí la gran mayoría de ellos.  Obedecen ciegamente las órdenes de la Casa
Blanca para condenar a Cuba y participar en el criminal bloqueo a que han
sometido a la isla por más de cincuenta años; consintieron que Estados Unidos y
la OTAN, la mayor organización terrorista internacional, bombardease
impunemente el propio territorio europeo, 
la ex Yugoslavia, sin contar siquiera con el paraguas legal de una
decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizando esa
operación; autorizaron y fueron también cómplices de los vuelos “secretos” de
la CIA, en los que trasladaban “detenidos fantasma” (o desaparecidos)  de numerosas nacionalidades hacia las cárceles
clandestinas donde se podía torturar y asesinar con total impunidad a esto
supuestos sospechosos de terrorismo; gobernantes, por último, cómplices de los
innumerables crímenes de guerra perpetrados por Washington en locaciones tan
diversas como la ex Yugoslavia, Irak, Irán, Afganistán, Libia y Siria, entre
los más recientes. Gobiernos genuflexos, sin dignidad alguna, que aceptan
resignadamente que su amo y señor los espíe y que monitoree las comunicaciones
de sus órganos regionales como la Comisión Europea mientras persiguen a Julian
Assange y Edward Snowden por el “delito” de haber hecho públicas las masivas
violaciones de Estados Unidos a los derechos individuales. En una palabra: la
Casa Blanca actúa con esos gobiernos europeos como un siniestro e inescrupuloso
patrón lo hace con sus indefensos subordinados. Y los gobiernos de Francia,
España, Portugal e Italia, a su vez, actúan como la puta de Babilonia, que
según narra la Biblia en el Apocalipsis (2. 17) 
“con ella fornicaron los reyes de la tierra –léase los “capos” de
Washington- y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su
prostitución.”  
     Por enésima vez esos
gobiernos volvieron a prostituirse violando las normas internacionales consuetudinarias
que otorgan inmunidad a los jefes de Estado y de Gobierno y a las aeronaves (o
cualquier otro vehículo) que los transporte. La Convención de Naciones Unidas sobre
Inmunidades de los Estados y sus bienes de 2004 recoge estas normas y las
amplía, pero desgraciadamente aún no está en vigencia. Sería por ello
importante que la Argentina y demás Estados de Unasur la ratifiquen cuanto
antes e impulsen su entrada en vigencia, dado que protege las inmunidades
soberanas, cada vez más amenazadas por la desenfrenada contraofensiva lanzada
por el imperialismo para regresar América Latina y el Caribe a la situación
existente antes de la Revolución Cubana. Aunque, ya se sabe, si hay algo que el
imperialismo jamás respeta, como lo prueba la historia y lo teoriza Noam
Chomsky, es la legalidad internacional, sea esta codificada o no. 
     Los presidentes de
Argentina, Cuba, Ecuador, Venezuela, el Secretario General de la Unasur, Alí
Rodríguez  y, ¡stupor mundi !, el mismísimo Secretario General de la OEA José
Miguel Insulza manifestaron su repudio ante la actitud de los gobiernos
europeos. El presidente Correa sintetizó la opinión prevaleciente en toda la
región cuando tuiteó que “¡Todos somos Bolivia!” Sorprendió, en cambio, la
lenta reacción de otros países de la región, empezando por Brasil (la
presidenta Dilma Rousseff ¡demoró catorce horas en manifestar su solidaridad
con Evo!) o el Uruguay, cuyo gobierno tardó unas doce horas en hacer público su
condena a lo ocurrido. Previsiblemente, los gobiernos que son los “proxis”
regionales del imperio en Sudamérica como Colombia, Perú y Chile hasta el
cierre de esta nota no habían emitido opinión. En Chile, el periódico El Mercurio,
consumado especialista en las malas artes de la desinformación, tituló el
secuestro a que fuera sometido el presidente boliviano como una “impasse”. En
el caso del Perú, país que ejerce la Presidencia pro-témpore de la Unasur,
sorprendió aún más la pasividad de su gobierno que ante la gravedad de los
hechos acaecidos en Europa debió haber convocado de inmediato una reunión de
urgencia para adoptar una política común en defensa del presidente boliviano y,
por extensión, de toda América Latina. 
”. En el caso del Perú, país que ejerce la Presidencia pro-témpore de
la Unasur, sorprendió aún más la pasividad de su gobierno que ante la gravedad
de los hechos acaecidos en Europa debió haber convocado de inmediato una
reunión de urgencia para adoptar una política común en defensa del presidente
boliviano y, por extensión, de toda América Latina. No sólo no lo hizo sino que
el presidente Ollanta Humala desistió de participar en la cumbre de Cochabamba
o de enviar a un emisario en su nombre, con lo cual se debilita la gravitación
de la UNASUR, sobre todo si se tiene en cuenta que tampoco participarán en ella
la presidenta Dilma Rousseff y sus pares de Colombia y Chile.

      La lección que se
desprende de este escandaloso incidente es que no tiene sentido alguno avanzar
en un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, habida
cuenta de la complicidad de los gobiernos del Viejo Continente para quebrar las
normas más elementales del derecho internacional. ¿O es que vamos a creer que
si violan sin chistar reglas fundamentales ante la menor señal de Washington
van a respetar las otras, mucho menos importantes, que regulan el comercio
internacional? Habría que ser muy ingenuos para creer en algo así. La verdad:
ni en Estados Unidos ni en la Unión Europea existe la “seguridad jurídica” que
con tanta vehemencia reclaman de nuestros países. Por lo tanto, reforcemos la
unidad de Nuestra América porque si no nos integramos y nos unimos, si no nos
defendemos entre nosotros, la Roma americana 
y sus compinches europeos se cebarán en su impunidad y mientras cantan
loas al libre comercio harán lo que genialmente anticipaba hace casi dos siglos
Simón Bolívar cuando decía que “los Estados Unidos parecen predestinados por la
providencia a plagar de miserias a las Américas en nombre de la libertad.”