Merkel y La Troika quieren liquidar todo vestigio de democracia en Grecia y Europa, legalizar el despotismo del capital financiero y presentar como «ayuda» lo que no es sino un criminal chantaje para proseguir succionando la riqueza de Grecia. Quieren aplicar un tremendo escarmiento a los griegos, castigándolos por su osadía al haberse rebelado en contra de las exacciones de la Troika; y también advertir a los otros pueblos y gobiernos de Europa que serán tratados igual o peor en caso de que alguno de ellos -también en una situación crítica- tenga la ocurrencia de pretender transitar por el camino valientemente abierto por los griegos.
En la mesa están todas las opciones para Grecia

Ante la ignominiosa «rendición incondicional» propuesta por la Troika y su vocera, Angela Merkel, el gobierno de Syriza respondió -insólitamente para los banqueros y burócratas de Bruselas- con ¡democracia!. Si, nada menos que con democracia, consultando a su pueblo para que sea éste quien decida y no como ocurre en los otros gobiernos de la Unión Europea donde quienes son consultados son los tecnócratas y expertos al servicio del capital. Sabedores del peligro que conlleva la sorprendente apelación democrática la Troika lanzó una tremenda campaña de terrorismo mediático en donde se le auguran al pueblo griego toda clase de desgracias y calamidades si votan por el no; si deciden rechazar los humillantes y leoninos términos del acuerdo impuestos por la Troika. Confío en que sabrán sobreponerse al pánico inducido por esa maniobra. Si así fuera, si el pueblo griego acompaña a su gobierno con el voto no sólo habrá dado un significativo paso para su propia supervivencia como nación. También será una gran derrota no sólo del neoliberalismo sino también del capitalismo, y todos los pueblos del mundo tendrán un buen motivo para celebrar. Por eso es que este domingo todos seremos griegos.