28.7.2014


ACLARACIÓN: Sólo en el día de hoy pude acceder al original del artículo de Eric Hobsbawm que forma parte de un dossier especial publicado por la  London Review of Books  en Enero del 2009. Se trata de un material muy interesante que reúne las opiniones de muy destacados intelectuales sobre el ataque israelí a Gaza que tuvo lugar en Diciembre del 2008. El texto que me habían enviado algunos amigos no era una copia fiel de ese original, y había un párrafo que por faltarles algunas palabras -algo no inusual cuando se envían algunos textos por correo electrónico, sobre todo si no se lo hace con el formato pdf – dieron lugar a que un pasaje del texto de unos cuatro o cinco renglones fuera muy poco inteligible. Eso ha sido corregido y, además, estoy pegando a continuación el texto original. He resaltado en amarillo esa parte del escrito de Hobsbawm para despejar todas las dudas al respecto y lo mismo hice en la traducción al castellano que sigue a continuación. Agradezco a los amigos que me llamaron la atención sobre ese pasaje, lo que confirma una vez más que la batalla de ideas es un proyecto eminentemente colectivo. 
(Los interesados en leer todos los artículos del dossier pueden hacerlo en el siguiente enlace: 
http://www.lrb.co.uk/v31/n02/gaza-writers/responses-to-the-war-in-gaza )




LONDON REVIEW OF BOOKS
 

Eric Hobsbawm

For three weeks barbarism has been on show before a universal public, which
has watched, judged and with few exceptions rejected Israel’s use of armed
terror against the one and a half million inhabitants blockaded since 2006 in the Gaza Strip.
Never have the official justifications for invasion been more patently refuted
by the combination of camera and arithmetic; or the newspeak of ‘military
targets’ by the images of bloodstained children and burning schools. Thirteen dead
on one side, 1360 on the other: it isn’t hard to work out which side is the
victim. There is not much more to be said about Israel’s appalling operation in
Gaza.

Except for those of us who are Jews. In a long and insecure history as a
people in diaspora, our natural reaction to public events has inevitably
included the question: ‘Is it good or bad for the Jews?’ In this instance the
answer is unequivocally: ‘Bad for the Jews’.

It is patently bad for the five and a half million Jews who live in Israel
and the occupied territories of 1967, whose security is jeopardised by the
military actions that Israeli governments take in Gaza and in Lebanon; actions
which demonstrate their inability to achieve their declared aims and which
perpetuate and intensify Israel’s isolation in a hostile Middle East. Since
genocide or the mass expulsion of Palestinians from what remains of their
native land is no more on the practical agenda than the destruction of the
state of Israel, only negotiated coexistence on equal terms between the two
groups can provide a stable future.
Each new military adventure, like the ones
in Gaza and Lebanon, will make such a solution more difficult and will
strengthen the hand of the Israeli right wing and the West Bank settlers who do
not want it in the first place.

Like the war in Lebanon in 2006, Gaza has darkened the outlook for the
future of Israel. It has also darkened the outlook for the nine million Jews
who live in the diaspora. Let me not beat about the bush: criticism of Israel
does not imply anti-semitism, but the actions of the government of Israel
occasion shame among Jews and, more than anything else, they give rise to
anti-semitism today. Since 1945 the Jews, inside and outside Israel, have
enormously benefited from the bad conscience of a Western world that had
refused Jewish immigration in the 1930s before committing or failing to resist
genocide. How much of that bad conscience, which virtually eliminated
anti-semitism in the West for sixty years and produced a golden era for its diaspora,
is left today?

Israel in action in Gaza is not the victim people of history, nor even the
‘brave little Israel’ of 1948-67 mythology, a David defeating all its
surrounding Goliaths. Israel is losing goodwill as rapidly as the US did under
George W. Bush, and for similar reasons: nationalist blindness and the
megalomania of military power. What is good for Israel and what is good for the
Jews as a people are evidently linked, but, until there is a just answer to the
Palestinian question, they are not and cannot be identical. And it is essential
for Jews to say so.

Eric Hobsbawm’s
most recent book is Globalisation, Democracy and Terrorism.





27.7.2014


¡Hola! Comparto una breve pero incisiva reflexión del gran historiador marxista y judío Eric Hobsbawm a propósito de los anteriores ataques de Israel a Gaza y al Líbano. Sus palabras conservan una notable actualidad frente al genocidio actualmente en curso, otra vez, en Gaza. A continuación la versión en español (publicada por El Ciudadano, de Chile (http://www.elciudadano.cl/2014/07/25/109731/a-proposito-de-gaza-por-eric-hobsbawm/) pero a la cual le he hecho algunas correcciones que me parecían necesarias. Espero que quede bien claro lo que dice Hobsbawm: que la crítica al estado de Israel no significa antisemitismo, latiguillo con el cual la derecha racista de Israel pretende descalificar las críticas que se les formula a sus criminales políticas.

“Durante tres semanas la barbarie ha sido mostrada ante un
público universal, que ha observado, juzgado y, con pocas excepciones,
rechazado el uso del terror militar por parte Israel contra un millón y medio
de habitantes bloqueados desde 2006 en la Franja de Gaza. Nunca antes las justificaciones oficiales
de la invasión han quedado tan claramente refutadas como ahora, con la
combinación de cámaras y aritmética; ni el lenguaje de las “objetivos
militares” con las imágenes de niños ensangrentados y de escuelas incendiadas.
Trece muertos de un lado, 1.360 de otro: no es difícil establecer dónde está la
víctima. No hay mucho más que decir acerca de la terrible operación de Israel
en Gaza.
Excepto para aquellos de nosotros que somos judíos. En una
larga e insegura historia como pueblo en la diáspora, nuestra reacción natural ante
eventos públicos ha incluido inevitablemente la pregunta: “¿Es bueno o malo
para los judíos?” En este caso, la respuesta es inequívoca: “Malo para los
judíos”.
Es claramente malo para los cinco millones y medio de judíos
que viven en Israel y los territorios ocupados desde 1967, cuya seguridad se ve
amenazada por las acciones militares que los gobiernos israelíes tomen en Gaza
y en Líbano, acciones que demuestran su incapacidad para lograr sus objetivos
declarados y que perpetúan e intensifican el aislamiento de Israel en un
Oriente Medio hostil. Dado que ni el genocidio o la expulsión masiva de
palestinos de lo que queda de su tierra natal así como la destrucción del estado de
Israel están en la agenda práctica de ambas partes en conflicto, sólo una
coexistencia negociada en igualdad de condiciones entre los dos grupos puede
proporcionar un futuro estable.
 
Cada nueva aventura militar, como las de Gaza y el Líbano, hará
que esa solución sea más difícil y fortalecerá al ala derecha israelí y a los colonos
de
la Ribera Occidental,
que encabezan el rechazo a la solución negociada.
Al igual que la guerra del Líbano en 2006, Gaza ha
oscurecido las perspectivas de futuro para Israel. También ha oscurecido las
perspectivas de los nueve millones de judíos que viven en la diáspora.
Permítanme que no me ande con rodeos: la crítica de Israel no implica
antisemitismo, pero las acciones del gobierno de Israel causan vergüenza entre
los judíos y, sobre todo, estimulan el antisemitismo de nuestros días. Desde
1945, los judíos, dentro y fuera de Israel, se han beneficiado enormemente de
la mala conciencia de un mundo occidental, que había rechazado la inmigración
judía en la década de 1930, unos años antes de que permitiera o no se opusiera
al genocidio. ¿Cuánta de esa mala conciencia, que prácticamente eliminó el
antisemitismo en Occidente durante sesenta años y produjo una época dorada para
su diáspora, queda en pie al día de hoy?
La acción de Israel en Gaza no es la de un pueblo que es una
víctima de la historia, ni siquiera es el “pequeño valiente” Israel de la
mitología de 1948-67, con un David derrotando a todos los Goliaths de su
entorno. Israel está perdiendo la buena voluntad tan rápidamente como los
EE.UU. de George W. Bush, y por razones similares: la ceguera nacionalista y la
megalomanía del poder militar. Lo que es bueno para Israel y lo que es bueno
para los judíos como pueblo son cosas que están evidentemente vinculadas, pero
mientras no haya una respuesta justa a la cuestión de Palestina no son y no pueden
ser idénticas. Y es esencial para los judíos que se diga.”