28.12.2015

En lo que
tal vez muchos de ustedes consideren un ejercicio masoquista hoy Lunes
dediqué un par de horas de la mañana para a hacer un zapping por
distintas radios para tomar el pulso de la opinión dominante. Una tarea
que somete los nervios –y el estómago- a una tensión extraordinaria
porque hay que escuchar cada cosa que sólo un personaje como Gandhi
podría metabolizar algunas intervenciones sin morir en el intento. 

La
perla del día fue una entrevista que le hicieron a Hernán Lombardi en
Radio Mitre, en la segunda mañana. Sería largo reseñar todo lo que dijo y
la flagrante tergiversación de ciertos hechos básicos, o el
ocultamiento de los siniestros alcances del Plan Cóndor de la
información, o el apagón mediático, que hoy se cierne sobre la Argentina
de Macri, dominada como jamás antes por un coro monocorde de voces que
desde la televisión, la prensa y la radio desinforman y malinforman
maliciosamente a la opinión pública. Ya no hay dos opiniones, como mal o
bien teníamos hasta hace pocos días. Hay una y basta. Pero más que esa
deprimente constatación me asombró el nivel de virulencia verbal
empleado por los entrevistadores, y particularmente por la Señora
Magdalena Ruiz Guiñazú, que en la fase final de la entrevista apeló una y
otra vez a expresiones tan poco académicas y procaces como «falta de
cojones», o «no tener huevos» para referirse al supuesto linchamiento
mediático que, según ella, habrían cobardemente practicado los
panelistas de 678 con sus colegas. Es cierto que en la decadencia
generalizada que desgraciadamente carcome a la esfera pública desde hace
décadas recurrir a expresiones como esas se convirtieron en moneda
corriente. Pero no dejan de ser una triste señal que semejante deterioro
del lenguaje haya hecho presa de una periodista dizque “independiente”,
otrora cuidadosa con el uso de la palabra pero que, ganada por un ánimo
revanchista y vengativo, apela al lenguaje de de los “barra bravas”
para plantear sus diferencias con colegas que piensan distinto. Puedo
equivocarme pero me parece que esto no cuadra demasiado con la tradición
republicana que ella y sus colegas de Radio Mitre dicen defender. En
fin, todo esto nada bueno augura para el futuro de la Argentina porque
poco o nada se puede construir sobre la base del odio y la intolerancia.
Ojalá que sea una patología pasajera.