Lean este documento oficial del gobierno cubano conteniendo el balance final sobre la Cumbre de las Américas celebrada la semana pasada en Cartagena de Indias, Colombia. Tal como se dice en el mismo, allí se comprobó el completo aislamiento de Estados Unidos y del servil gobierno de Canadá. No es la primera Cumbre en la cual no puede haber declaración final porque ya se acabó la época en que Estados Unidos dictaba las conclusiones y los países de América Latina y el Caribe simplemente refrendaban lo resuelto con sus firmas. Tiempos que cambian, reflejo del inexorable debilitamiento del imperio. Pero, ¡atención!: tal como lo hemos dicho en numerosas oportunidades si hay algo que enseña la historia de los imperios, desde los romanos hasta hoy día, es que en su fase de decadencia y descomposición se tornan más belicosos, inmorales y violentos. Qué otra cosa están demostrando las bases militares que rodean y cercan a toda la región?

Gobierno cubano: Declaración sobre la Cumbre de las
Américas
En Colombia,
Cartagena de Indias, quedó demostrado que hay un abismo creciente entre
“Nuestra América” martiana y “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia”.
Allí se produjo una rebelión de la América Latina y el Caribe contra la
imposición de “un gobierno y medio“, que ejercía un veto imperial a los
párrafos del proyecto de Declaración Final de la llamada Cumbre de las Américas
que reclamaban el cese del bloqueo y la exclusión de Cuba de los eventos
hemisféricos.
Desde la anterior Cumbre del 2009 se disiparon las
ilusiones sobre la política del presidente Obama, se abrió una brecha entre sus
discursos y sus actos, no hubo mayor cambio en la política hacia América Latina
y el Caribe, el bloqueo a Cuba continuó e, incluso, se endureció en el sector
financiero, pese a la condena internacional y el voto abrumador de la Asamblea
General de las Naciones Unidas, con el objetivo de “provocar hambre,
desesperación y el derrocamiento del gobierno” lo que ahora se conoce como
“cambio de régimen”. (clic abajo en Más información) 

El ALBA se reunió el 4 de febrero pasado, en
Caracas, en ocasión de conmemorar la heroica Rebelión Cívico-Militar de 1992,
adoptó una Declaración sobre la Soberanía Argentina de las Malvinas, otra sobre
el bloqueo y consideró injusta e inaceptable la imposición de la exclusión de
Cuba de estos eventos. El presidente Correa afirmó resueltamente que de no
resolverse esta cuestión, Ecuador no asistiría a la Cumbre de Cartagena, lo que
sacudió a la región. Esa valiente posición fue el preludio de lo ocurrido.
El presidente Raúl Castro Ruz dijo allí: “Yo quiero
agradecer a Ustedes, presidente Correa, a Evo y a todos Ustedes estos planteamientos…
Es un tema de vital importancia, tienen toda la razón. Nosotros jamás hemos
reclamado que se tome una medida como esa, pero no por eso vamos a dejar de
apoyar esta que consideramos muy justa”.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos,
quien nos visitó, de manera respetuosa, y recibió como respuesta del presidente
Raúl Castro Ruz que Cuba, en caso de ser invitada a la Cumbre, asistiría, como
siempre, con todo respeto, apego a los principios y a la verdad, tuvo el mérito
de introducir directamente el tema del bloqueo y la exclusión de Cuba.
El presidente Evo Morales, que había sido el
primero en cuestionar dicha Cumbre en la reunión de febrero del ALBA en
Caracas, dio la batalla en Cartagena y afirmó “estamos en una etapa de
desintegración. No es posible que un país pueda vetar la presencia de Cuba, por
tanto, no hay integración y con la ausencia de Ecuador, como una ausencia justa
en protesta al veto de Estados Unidos hacia Cuba, ¿de qué integración podemos
hablar?”.
El presidente Chávez, el 13 de abril pasado,
exclamó “ahora, en verdad, si estos dos gobiernos, Estados Unidos y Canadá, se
niegan a discutir temas tan profundamente consustanciados con el ser de la
América Latina y el Caribe, como el tema de Cuba, de la hermana Cuba, de la
solidaria Cuba, o el tema de las Islas Malvinas, ¿para qué más Cumbres de las
Américas entonces?; habría que acabar con esas Cumbres. Antes, había escrito:
“Clamamos, igualmente, por el fin del vergonzoso y criminal bloqueo a la
hermana República de Cuba: bloqueo que, desde hace más de 50 años, ejerce el
imperio, con crueldad y sevicia, contra el heroico pueblo de José Martí”.
Daniel Ortega, en masivo y juvenil acto de
solidaridad con Cuba, el 14 de abril, en Managua planteó: “yo creo que es el
momento del gobierno de los Estados Unidos para escuchar a todas las naciones
latinoamericanas de las más diversas ideologías, de los más diversos
pensamientos políticos; desde los pensamientos más conservadores hasta los pensamientos
más revolucionarios, pero ahí están todos coincidiendo en que Cuba tiene que
estar presente en estas reuniones o no habrá próximas Cumbres llamadas o mal
llamadas de las Américas”.
Resultó impresionante la sólida postura unitaria de
Nuestra América en torno al bloqueo, la exclusión de Cuba y a las Malvinas. Fue
esencial la firmeza y la dignidad de la Presidenta de Argentina en la defensa
enérgica de esas causas.
Nos sentimos orgullosos cuando la presidenta de
Brasil, Dilma Rousseff defendió con serena dignidad ante Obama, que la Patria
Grande solo puede ser tratada como igual y confirmó la postura común en apoyo a
Argentina y a Cuba.
Los líderes de los países del Caribe mostraron la
solidez de la Comunidad del Caribe (CARICOM) y que esta y la América Latina son
igualmente indivisibles. Su defensa de la soberanía argentina de las Malvinas y
su tradicional y categórico respaldo a Cuba fue trascendental.
Las fuerzas de izquierda, los movimientos
populares, las organizaciones sindicales, juveniles y estudiantiles, las
organizaciones no gubernamentales reunidas todas en el Congreso de los Pueblos,
en Cartagena, expresaron emotiva solidaridad con Cuba. La Reunión
Interparlamentaria de las Américas adoptó una condena a la exclusión y el
bloqueo a nuestro país.
Estados Unidos subestimó que el 2 de diciembre del
2011, en Caracas, en el Bicentenario de la Independencia, bajo el liderazgo de
Chávez, en el 55 aniversario del Desembarco del Granma, había nacido la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), lo que el líder de
la Revolución Fidel Castro Ruz anticipó en febrero del 2010, al escribir que
“ningún otro hecho institucional de nuestro hemisferio, durante el último
siglo, refleja similar trascendencia”.
Cuando se eligió en esa primera Cumbre a Cuba, como
Presidente de la CELAC en el 2013, el General de Ejército Raúl Castro Ruz
declaró: “con las decisiones que aquí adoptamos y con el trabajo conjunto de
los últimos tres años, reivindicamos más de dos siglos de luchas y esperanzas.
Llegar tan lejos nos ha costado esfuerzo, pero también sangre y sacrificio. Las
metrópolis coloniales de antaño y las potencias imperiales de hoy han sido
enemigas de este empeño”.
Obama tampoco parece entender el significado de la
victoria bolivariana del 13 de abril del 2002 ni de que, precisamente ahora, se
cumplen diez años del golpe de estado organizado por su predecesor, con el
apoyo de la OEA y del gobierno español de Aznar, contra el presidente Hugo
Chávez, con el que se pretendió aniquilar a la Revolución Bolivariana y
asesinar a su líder. Como le recordó el canciller venezolano Nicolás Maduro,
mirándole a los ojos, en memorable discurso en la Cumbre de Cartagena, el
gobierno norteamericano persiste en la conducta de intervenir en los asuntos
internos de Venezuela y de apoyar a los golpistas convertidos ahora en
candidatos electorales.
El presidente Obama debería percatarse de que la
Cumbre de Cartagena no fue propicia para aconsejar democracia a Cuba. Menos si
quien pretendió hacerlo estuvo allí totalmente aislado, obligado a ejercer un
veto imperial por falta de ideas y de autoridad política y moral; se dedica a
la demagogia, en camino a unas elecciones escabrosas. Mejor, debiera ocuparse
de sus guerras, crisis y politiquería, que de Cuba, nos ocupamos los cubanos.
Estados Unidos nunca quiso debatir acerca de las
terribles consecuencias para América Latina y el Caribe del neoliberalismo ni
sobre los inmigrantes en Estados Unidos y Europa separados de sus familias,
retornados cruelmente o asesinados en muros como el del Río Bravo. Tampoco
aceptó jamás hablar de los pobres que son la mitad de la Humanidad.
El imperio y las otrora metrópolis coloniales no
escuchan a los “indignados”, a sus ciudadanos y minorías que viven en la
pobreza en esas sociedades opulentas, mientras salvan con sumas exorbitantes a
banqueros corruptos y a especuladores. En la superpotencia, el 10% de las
familias controlan el 80% de la riqueza. Esos recursos son suficientes para
resolver los problemas del planeta.
Lo nuevo en Cartagena es que buena parte de los
gobiernos, con naturales diferencias y distintos enfoques, demandaron un modelo
alternativo que privilegie la solidaridad y la complementariedad frente a la
competencia fundada en el egoísmo; procure la armonía con la naturaleza y no el
saqueo de los recursos naturales ni el consumismo desenfrenado. Pidieron que se
asegure la diversidad cultural y no la imposición de valores y estilos de vida
ajenos a nuestros pueblos; que se consolide la paz y se rechacen las guerras y
la militarización.
Hicieron un llamado a recuperar la condición humana
de nuestras sociedades y a construir un mundo donde se reconozca y respete la
pluralidad de ideas y modelos, la participación democrática de la sociedad en
los asuntos de gobierno, incluida la consulta de las políticas económicas y
monetarias; se combatan el analfabetismo, la mortalidad infantil y materna, las
enfermedades curables. Se reclamó el acceso tanto a la información libre y
veraz como al agua potable; se reconoció la exclusión social y que los derechos
humanos son para el ejercicio de todos y no para usarlos como arma política de
los poderosos.
El gobierno de Estados Unidos esta vez tuvo que
escuchar, no una voz casi única como fue durante décadas, ni una escasa minoría
hasta hace poco. Ahora, fueron mayoría los pueblos que hablaron en la Cumbre
por boca de sus Presidentes y Jefes de Delegaciones para dar este debate
imprescindible, o a través de la actitud de los que no fueron. La Cumbre tuvo
que ser censurada porque el imperio escucha con oídos sordos.
En Cartagena, quedó al desnudo la Doctrina Monroe
de “América para los(norte) americanos”. Como si nadie recordara el engaño de
la Alianza Para el Progreso, en 1961, y de la Iniciativa Para las Américas o
ALCA, en 1994; han querido timarnos ahora con la “Alianza Igualitaria”.
Como predijo, en un evento internacional en la
misma Cartagena, el 14 de junio de 1994, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz
las llamadas Cumbres de las Américas sólo han beneficiado al Norte.
José Martí, cuando juzgó una reunión similar, en
Washington, hace 105 años, escribió: “después de ver con ojos judiciales los
antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad,
que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda
independencia”.
Durante el propio evento, el ALBA hizo oficial y
público que, sin un cambio radical de la naturaleza de estas Cumbres, no
asistirá más. Otros líderes continentales, también lo han advertido.
De la OEA, ese cadáver insepulto, ni hay que
hablar.
A la República Argentina le asiste el derecho
inalienable de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich
del Sur y los espacios marítimos circundantes.
Cuba recuerda que la Patria Grande no estará
completa hasta que el hermano pueblo puertorriqueño ejerza su derecho
inalienable a la autodeterminación y Puerto Rico, esa nación latinoamericana y
caribeña, sometida por Estados Unidos al colonialismo, alcance su plena
independencia.
Con un sólido consenso de soberanía regional y
defensa de nuestra cultura, dentro de nuestra rica diversidad; con casi 600
millones de habitantes; con enormes recursos naturales; Nuestra América tiene
una oportunidad para resolver los graves problemas de extrema desigualdad en la
distribución de la riqueza y puede, con su fuerza ya evidente, contribuir al
“equilibrio del mundo”, a la defensa de la paz y a la preservación de la
especie humana.
Para ello, frente a los intentos de dividirnos y
descarrilarnos que otra vez vendrán, necesitará mantenerse unida.
Nadie olvide en el Norte, que hace 51 años, el
pueblo cubano defendía ya, a estas mismas horas, una Revolución Socialista en
las arenas ensangrentadas de Playa Girón, y que, desde entonces, “todos los
pueblos de América fueron un poco más libres”.
La Habana, 18 de abril del 2012.
Rebelión, 20 Abril 2012