20.3.2014


Comparto el excelente artículo de Ángel Guerra Cabrera sobre el tema de Crimea y su reintegración a Rusia. Agrego, como dato contextual al trabajo del amigo Guerra Cabrera, que la cesión de Crimea a Ucrania, sorpresivamente decidida por Nikita Krushev en 1954 obedeció a la necesidad de consolidar la lealtad de Ucrania hacia la Unión Soviética. Ucrania había sido devastada en la Segunda Guerra Mundial (se estima que uno de cada seis ucranianos murió en esos años) y, además, Krushev había nacido en Kalinovka, una pequeña aldea rusa fronteriza con Ucrania, hablaba el ucraniano y había sido comisionado por el Kremlin para actuar en Ucrania. Coordinó la defensa de Kiev ante el avance de las tropas nazis y eso ayuda a comprender su gesto de 1954 en el que cedió la estratégica península de Crimea a las autoridades ucranianas. Sin más, leamos lo que dice Guerra Cabrera.





          Crimea:
regalo a Rusia de “Occidente”
                            Ángel Guerra Cabrera
¿Qué creían los mediocres
políticos que gobiernan Estados Unidos  y
la Unión Europea? ¿Que nada menos que Vladimir Vladimírovich Putin iba a
aceptarles con los brazos cruzados el establecimiento por la fuerza de un
gobierno enemigo en Kiev y, poco después, de los tanques de la OTAN en la
frontera rusa?
Con su delirio de cercar a Rusia,
Estados Unidos acaba de cosechar la irreversible reintegración a Moscú de la
singularmente estratégica península de Crimea, en cuyo puerto de Sevastopol, está
fondeada la poderosa flota rusa del Mar Negro, unica salida  de sus buques al Mediterraneo.
Crimea fue parte del imperio
zarista desde 1783 y permaneció en la Unión Soviética, su sucesora, hasta su disolución
en 1991 pero cuenta con una población mayoritariamente rusohablante o rusa. Por
alguna razón que desconozco, NIkita Krushev, siendo líder de la extinta URSS
decidió que Crimea fuera trasferida a la República Socialista Soviética de
Ucrania en 1954, lo que en fin de cuentas la mantenía dentro de la soberanía
del gran estado multinacional con capital en Moscú.
Además, no es fortuito que al
disolverse la URSS y Crimea declararse independiente en un plebiscito, Kiev,
para que esta siguiera formando parte de Ucrania, tuvo que aceptarla como
República Autónoma. Y el proceso político posterior a la disolución de la URSS
en la península ha dejado muy claro que formar parte de Rusia constituye un
caro anhelo de la mayoría de su población, confirmado de forma aplastante por
los resultados del referendo del 16 de marzo en que con una concurrencia a las
urnas de más de 83 por ciento, el 96.67 se manifestó a favor de formar parte de
Rusia.  Ello significa que fue también la
opción de no pocas personas de origen ucraniano o tártaro. Sevastopol, que en
la era soviética siempre estuvo directamente subordinada a Moscú votó en proporción
semejante por recuperar su condición anterior de ciudad federal, como lo son
Moscú o la antigua Leningrado.
Washinton y Bruselas, con su ya
larga y grosera intervención en Ucrania desde la “revolución naranja”(2004),
los ríos de dinero enviados a sus agentes en ese país y ahora la “revolución”
de la plaza Maidán no le dejaron otra opción a Rusia que enviar tropas a Crimea
si quería seguir siendo una potencia mundial.
El Euromaidán implicaba la
virtual ocupación de Ucrania por “Occidente” mediante la directa intervención
de sus servicios especiales y de un pequeño pero muy bien entrenado ejército de
neonazis ucranianos declaradamente seguidores de colaboracionista Stepan
Bandera. Estos ejercieron extrema violencia contra las fuerzas de seguridad y
los bienes públicos y fueron apoyados por francotiradores que mataron por igual
a policías y manifestantes, de lo que luego culparon al presidente Victor
Yanukovich.
 A todo ello se añadieron los llamados en plena
plaza para derrocar al gobierno legítimo por aventureros políticos como la
subsecretaria de Estado Victoria Nuland, el senador John MacCain, líder del
Injerencista Instituto Nacional Republicano y de una infinidad de
irresponsables y prepotentes cancilleres, ministros y legisladores de Alemania
y otros países. El Euromaidán es otro de los golpes “débiles” gringos tan de
moda contra los países que defienden altivamente su soberanía y su democracia
–como la Venezuela bolivariana- o donde, como en Ucrania, por su vecindad e
importancia estratégica para Rusia Washington quiere hace tiempo un gobierno títere
pese a que el timorato Yanukovich estaba lejos de ser su enemigo.
Rusia ha soportado que violando
la promesa de George H. W. Bush a Mihail Gorvahov, Washington y Bruselas extiendan
la OTAN hacia las fronteras rusas, organización a la que han ingresado 12 de
los países de la antigua esfera de influencia de la Unión Soviética, incluyendo
Polonia, Estonia, Lituania y Letonia. Ha visto cómo se despliegan bases aéreas
y el escudo antimisiles de Estados Unidos en sus fronteras y la descarada
captura por camarillas proyanquis mediante “revoluciones” de colores de los
gobiernos de varios de los estados de anterior espacio soviético. Pero en 2007
y luego en 2008 a raíz de la paliza con que los rusos respondieron a una
provocación del ejército georgiano (
http://www.jornada.unam.mx/2008/08/28/index.php?section=opinion&article=034a1mun), Putin
advirtió que la línea roja a esa expansión pasaba por Georgia y Ucrania.
A raíz del plebiscito en Ucrania
el jefe del Kemlin dijo una frase lapidaria: Nos dicen que estamos violando el
derecho internacional. Qué bien que Occidente recuerda la ley internacional,
más vale tarde que nunca (
http://actualidad.rt.com/actualidad/view/122836-putin-citas-rusia-ucrania-crimea.)

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Twitter: @aguerraguerra