24 Noviembre 2010 – Fidel ofrece un almuerzo para una delegación de intelectuales participantes en el Coloquio organizado por Casa de las Américas.De izquierda a derecha: Monereo, Katz, Stolowicz, Boron, Bohorquez, González Casanova, un ayudante de Fidel y el Comandante.

Días pasados un lector de Kaos en la Red me formuló una serie de críticas a mi artículo sobre los cambios que se vienen en Cuba, publicado en este blog y en numerosos periódicos digitales. Las preguntas pueden leerse en http://www.kaosenlared.net/noticia/pregunta-publica-lector-kaos-prestigioso-respetado-sr-atilio-boron
A continuación, mi respuesta.

Buenos Aires, 9 Diciembre 2010.
Estimado José Herrera:
Gracias por su inquietud, sus comentarios y sus preguntas. 
I. Efectivamente, algunas de las reformas que se están poniendo en marcha en Cuba autorizarán la contratación de fuerza de trabajo y sin duda esta decisión no puede ser considerada como un factor que profundizará las reformas socialistas que Cuba necesita … (clic abajo para continuar) para enfrentar los desafíos de la hora. Probablemente sea un mal necesario, quizás inevitable, dadas las condiciones económicas nacionales pero también internacionales que definen la coyuntura actual.Dicho esto hay también que decir que: (a) esta medida legaliza algo que ya existe en la Isla, no sólo en la industria turística sino también en otras ramas de la economía en donde conviven otras formas de propiedad aparte de la estatal; (b) que es probable que la gravitación de ese segmento de la fuerza laboral aumente en los próximos años, aunque es difícil predecir en qué proporción; (c) pero que de todos modos la gran mayoría de la fuerza de trabajo de la Isla seguirá siendo contratada al margen de las relaciones capitalistas y que el sector privado será siendo minoritario y muy fuertemente controlado por el estado.

II. La estimación de que habrá unos 500.000 trabajadores que dejarán de trabajar en el ámbito estatal no significa, como ocurre en las economías capitalistas, que vayan a ser arrojados a la calle como material de desecho. En Cuba no habrá ajuste capitalista, al estilo de los que vemos en América Latina u hoy en Europa. En primer lugar porque se espera que una parte de los mismos pueda encontrar trabajo en el cuenta-propismo y el sector privado. Segundo, hay que recordar que el sector privado no significa la típica empresa capitalista sino que incluye formas de propiedad social o comunitaria, como las cooperativas, o emprendimientos mixtos en donde se combinen tipos distintos de propiedad. Tercero, que una parte importante de ese personal redundante será capacitado para asumir nuevas tareas y funciones, algunas de las cuales dentro del aparato estatal. Para citar un ejemplo concreto: hay un ministerio que tiene en su plantilla unos quince mil trabajadores en exceso de los requeridos para su actividad. Continuar indefinidamente en esa situación profundizaría una situación que ya de por sí es insostenible. A la vez, en otras ramas de la administración pública y de los servicios que no cuentan con suficiente personal. La idea es capacitarlos para asumir nuevas tareas en otros ámbitos. Pero, lo esencial, es que producto de estas reformas no quedarán trabajadores desamparados, ni aparecerán “niños de la calle” o familias enteras revolviendo en la basura para hallar algo que comer, como ha ocurrido en el varios países de la región. Los trabajadores que no puedan reinsertarse en otras agencias del estado o en el sector privado seguirán manteniendo todas las prestaciones sociales que la Revolución Cubana garantiza a sus ciudadanos.

III. En relación a los comedores se trata de un proceso que está en marcha desde hace algunos meses, en algunos centros de trabajo solamente, no en todos. En ciertos casos fueron compensados por la entrega de una cierta cantidad de dinero, en pesos cubanos, con lo cual cada trabajador puede adquirir sus alimentos, pagados en la misma moneda, en el propio centro de trabajo. De hecho, en la mayoría persisten los comedores, pero se está haciendo una evaluación caso por caso para resolver cuál será la mejor forma de prestar este servicio.

IV. Sobre los decretos-ley, que no habrían sido consultados con los trabajadores, vale aclarar lo siguiente: estos problemas y algunas de estas medidas se vienen discutiendo en Cuba desde hace varios años en los más diversos ámbitos, formales y no formales, oficiales y no oficiales. Sólo un extraterrestre podría sorprenderse por ellas. Es todo caso su ratificación final va a depender de lo que decida el VIºCongreso del PCC en Abril del 2011. Pero, como lo dije en mi nota, los “Lineamientos” son materiales para una discusión y como tal deben ser considerados.
V.Por último, ¿significan estos cambios el abandono del socialismo, como algunos se empecinan en profetizar? De ninguna manera: la planificación, y no el mercado, será quien fije el rumbo y el ritmo de la vida económica y asigne los recursos necesarios para llevar a cabo los proyectos y actividades fundamentales del país. Será también el plan, y no el mercado, quien establezca los objetivos sociales a los cuales deberá estar subordinada la economía y garantice la correcta y equitativa distribución del producto social. Y en lo que toca a la inversión extranjera, crucial para una economía con una muy baja tasa de inversión, esta no podrá ingresar libremente al país para insertarse en las actividades más rentables sino en aquellas que sean específicamente señaladas por el plan, y cumpliendo con todas las condiciones que allí se enuncien en relación a estrategia de desarrollo, transferencia de tecnología, niveles de reinversión de las ganancias y otras que sean oportunamente fijadas.
Para concluir, lo que los actuales cambios en Cuba demuestran es que la ruta para la construcción del socialismo es muchísimo más complicada de lo que se preveía en los libros. Que, como lo recordara tantas veces Fidel, “nadie sabía como se construía el socialismo.” Que en su construcción hay avances pero que, al igual que en la guerra, pueden también haber retrocesos puntuales y rectificaciones sobre la marcha, necesarias para recuperar fuerzas y luego avanzar con más firmeza en pos del objetivo socialista. No hay un solo ejemplo en el mundo en donde la implantación del socialismo haya sido un proceso lineal, rectilíneo, una sucesión ininterrumpida de avances y conquistas. En ningún país que inició este tránsito se ha llegado, hasta la fecha, a la construcción de una sociedad socialista autosuficiente y sustentable, genuina antesala del comunismo: la URSS, China, Vietnam y ahora Cuba dan prueba de ello. La Unión Soviética quiso cambiar cuando ya era demasiado tarde y, además, cuando la legitimidad de la gran revolución rusa se había agotado. El resultado fue una catastrófica involución hacia el capitalismo salvaje. China y Vietnam ensayaron otros caminos –si bien no idénticos- que si detenían el ritmo de la construcción socialista lograban un formidable avance en la creación de la infraestructura necesaria para la concreción de tan formidable empresa. Lo que es indiscutible es que el socialismo no puede construirse, y perdurar, en condiciones de atraso económico y tecnológico, de pobreza y escasez. A diferencia de lo ocurrido con la Unión Soviética la situación de Cuba es otra: todavía queda algo de tiempo, no mucho por cierto; y la legitimidad de la revolución sigue en pie, pero un tanto desgastada por su pobre desempeño económico. Si Cuba persiste en mantener su actual esquema económico la Revolución va a ser destruida desde adentro, como lo advirtiera Fidel en su discurso en la Universidad de La Habana a fines del 2005. Desmontarlo no es una tarea que se pueda hacer de la noche a la mañana y sin que en el camino pueda prescindirse de la introducción de ciertos incentivos de mercado. Estos son contradictorios con una concepción socialista pero inevitables, por su eficacia de corto plazo, para reanimar un moribundo esquema económico que el altruismo y radical igualitarismo de la Revolución Cubana no pueden conseguir. Las reformas en curso, y las que vendrán, tienen por objetivo consolidar las conquistas históricas de la revolución y ratificar con hechos concretos la vigencia del proyecto socialista. Será una apuesta muy arriesgada, sin duda. Pero quién dijo que construir el socialismo sería, como burlonamente decía Lenin (en “¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?”) a propósito de sus críticos, algo tan prolijo, ordenado y puntual como un tren alemán llegando a una pulcra estación y su guarda anunciando, en voz alta, “¡Estación Revolución Social! : (alle aussteigen!) ¡Todo el mundo debe apearse!”