por EFE
4 mayo, 2018




China, un país donde
Karl Marx seguramente nunca pensó que podrían aplicarse sus teorías, conmemoró
hoy con gran ceremonial el bicentenario
del nacimiento del padre del comunismo
, convencida de que su éxito
económico prueba que el filósofo alemán tenía razón.
Aunque el marxismo
chino más heterodoxo, el de las granjas colectivas y las fuerzas productivas en
manos del Estado murió con Mao Zedong en 1976, el régimen que ahora preside Xi
Jinping sigue considerándose heredero de las teorías del pensador alemán, y hoy
lo mostró con un acto solemne en la sede del Legislativo nacional.
«El marxismo,
como un amanecer espectacular, ilumina el camino de la humanidad en su
exploración de las leyes históricas y en la búsqueda de su propia liberación»,
destacó el presidente Xi en un discurso
de hora y media
pronunciado en el Gran Palacio del Pueblo, presidido hoy
por un gigantesco retrato del filósofo de Tréveris.
«Doscientos años
después, debido a los enormes y profundos cambios en la sociedad humana, el
nombre de Karl Marx es todavía respetado en todo el mundo y su teoría aún resplandece con la brillante
luz de la verdad
«, afirmó Xi en un discurso emitido en directo por la
radio y la televisión estatales.
El bicentenario se ha
conmemorado en China con numerosas actividades que van desde la organización de
exposiciones a la reedición por
editoriales estatales de clásicos marxistas como «El Capital» y
«El Manifiesto Comunista»
, este último escrito junto a su
compatriota Friedrich Engels.
Xi, que está
intentando cierto regreso a las raíces teóricas del comunismo desde su llegada
al poder, ordenó la semana pasada en una
reunión del Politburó -los 25 altos cargos más poderosos del régimen- que se
promueva la lectura y el estudio del citado manifiesto
, hoy olvidado por
las generaciones más jóvenes.
La veneración en el
país asiático hacia Marx también se notará mañana, sábado, cuando se celebre el
bicentenario propiamente dicho en Tréveris, ya que uno de los principales actos
conmemorativos será la inauguración en la localidad alemana de una estatua del pensador donada por China.
Cabe siempre la duda
de si la China actual, donde los gigantescos centros comerciales son nuevos
templos del materialismo y que es el mayor mercado mundial de productos de
lujo, es realmente lo que Marx tenía en mente cuando lanzó sus ideas, que
tantas consecuencias tuvieron en todo el planeta durante el siglo XX.
Sin embargo, para los
pensadores de este país, la China de los rascacielos, donde los Ferraris cruzan
a toda velocidad las grandes avenidas de Pekín y Shanghái, no contradice el
marxismo, porque sus ideas «eran flexibles, no dogmáticas», en
palabras del historiador de la Universidad Popular de Pekín, Xu Haiyun.
«En este país el
marxismo ya comenzó a cambiarse, a ‘sinizarse’, con Mao Zedong y, mientras la
URSS copiaba sus ideas, China las adaptó mejor a su propia situación»,
destacó en declaraciones a Efe el catedrático, quien aseguró que «el
camino actual de nuestro país no lo previó Marx, pero tampoco el capitalismo».
Zhu Jiangnan, experta
en China Contemporánea de la Universidad de Hong Kong, también insiste en que
el marxismo tuvo que readaptarse desde el principio al país, dado que Mao hizo
la revolución con campesinos y no con trabajadores proletarios como preveía el
panfleto de Marx y Engels.
«El Partido
Comunista de China, desde sus inicios, se dio cuenta de la importancia de ir
adaptando el marxismo a la situación real de China y sus cambiantes condiciones
sociopolíticas», según el análisis que hizo Zhu para Efe.
El sinólogo español
Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, lo define como un
«eclecticismo ideológico» en el que las ideas de Marx han ido
cambiando según las circunstancias, incluso con los anteriores presidentes
chinos, cuando el capitalismo parecía triunfar en el país tras la caída del
Muro de Berlín.
«Jiang Zemin
(presidente entre 1993 y 2003) tenía que asegurar el ingreso de China en la
Organización Mundial del Comercio y eso le obligó a gesticular en cierta
dirección, y Hu Jintao (2003-2013) incorporó en mayor medida la sensación
confuciana al ideario del Partido Comunista en un momento de cierta crisis
social», resumió.
Pese a todo, no deja
de percibirse cierta contradicción con el marxismo en una China, que sobre todo
tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU, se ha aupado como la
gran defensora global del libre comercio, pero el presidente Xi lo tiene claro:
hoy aseguró que Marx es «el mayor pensador de los tiempos modernos».