Intento nuevamente sortear la CENSURA de Facebook -me impiden publicitar mis posteos- que me ha impuesto como castigo por mi recientes notas desde CUBA y sobre la muerte del COMANDANTE.
Ayer traté de subir lo que ahora vuelvo a escribir agradeciendo a los jóvenes amigos chilenos que me invitaron a visitar su país, presentar la edición chilena de mi América Latina en la Geopolítica del Imperialismo y a pronunciar conferencias y sostener reuniones informales con los miembros de la Editorial América en Movimiento, del partido Nueva Democracia, de UNE, de la Fundación CREA, de la Federación de Estudiantes de Chile (FCH), del emergente Frente Amplio como producto de la conjunción de diversas variantes de la izquierda radical en Chile y de varias otras organizaciones. Especial gratitud para con Gustavo, Rafael, Carla, Kim, Daniel, Sebastián, Roberto y tantos otros, cuyos nombres no recuerdo en este momento que me prodigaron toda clase de atenciones durante mi visita a Valparaíso y Santiago. En esta última ciudad tuve el honor de pronunciar mi conferencia en el Aula Magna de la Universidad de Chile, de donde egresaran Salvador Allende y Pablo Neruda.
Mural en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile
Aprovecho la censura a que me ha sometido Facebook para abundar en mis comentarios. Chile está atravesando un momento excepcional. En lo político, el vetusto orden surgido a la salida de la dictadura se está cayendo a pedazos, producto de su incurable anacronismo y, según revelaciones recientes, una significativa dosis de corrupción que por años había pasado desapercibida gracias a los buenos modales y la discreción de la burguesía chilena pero ya no más. Con razón se habla de una clase política devenida en una cerrada casta política, inmutable ante los cambios y que todavía mantiene en actividad a políticos que ya eran parte de la dirigencia a finales de la década de los sesentas, verdaderos zombies de la derecha pero que cuentan con la fuerza suficiente como para ahogar cualquier iniciativa democrática. Un sistema político carente por eso mismo de capacidad de representación, por lo cual aproximadamente uno de cada tres chilenos en condiciones de votar no se molesta en acudir a las urnas; e incapaz también de transformarse a sí mismo, cerrilmente opuesto a algo tan elemental como facultar, por vez primera en su historia, al pueblo chileno a elegir una asamblea constituyente que decida como debe ser la organización política de su país.
Mural en el salón de conferencias de la sede de la FECH, Santiago
Momento excepcional también en lo económico, porque luego de más de cuatro décadas de políticas neoliberales el saldo final del proceso es claramente negativo. Los avances en ciertas áreas (infraestructura, principalmente, e inversión inmobiliaria) contrasta visiblemente con la desindustrialización y la acrecentada vulnerabilidad externa de la economía chilena así como con la indefensión de amplias mayorías nacionales dejadas a la vera del camino. Como antes, en los años de oro de la dominación oligárquica, hay de nuevo dos Chiles: el del sector que se benefició con las políticas neoliberales de libre comercio y la liberalización financiera y el de las amplias mayorías nacionales que son las víctimas de esas políticas. Entre los primeros el bloque burgués-imperialista es quien se apropia de la tajada del león, mientras que las capas medias deben conformarse con recibir las migajas del festín neoliberal por la vía de un consumismo exacerbado por la publicidad como feliz sucedáneo de la desciudadanización política. En el campo de los perdedores se encuentra el amplio conjunto de chilenas y chilenos estafados por un régimen previsional injusto y fraudulento, que los despoja día a día ante la mirada cómplice del gobierno; defraudados también por un sistema educacional abierto sólo a unos pocos y en donde los ideales de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918 todavía no alcanzaron a cruzar la Cordillera. En la Universidad de Chile, de lejos la institución de mayor predicamento nacional e internacional, no existe el co-gobierno y apenas un estudiante, en un Consejo Superior de casi veinte miembros, puede sentarse en el recinto y hacer oír su voz pero sin derecho a voto. Un experimento de neoliberalismo salvaje que también hizo estragos en la salud pública, otrora uno de los rasgos que distinguían a Chile por comparación a sus vecinos sudamericanos; que privatizó el agua desde sus fuentes de nacimiento; que repartió el extensísimo litoral marítimo entre siete empresas de la burguesía chilena íntimamente asociadas en una relación «non sancta» con el alto funcionariado oficial y con parlamentarios corruptos, arruinando a la pesca artesanal. Sería largo y ocioso enumerar todos los “logros” del tan publicitado “milagro económico” chileno. Uno de los aspectos más escandalosos y menos divulgado de la proeza neoliberal es haber convertido a Chile en uno de los países con la peor distribución del ingreso del continente, mientras que en los años de Allende sobresalía precisamente por lo contrario.
Conferencia en el Aula Magna de la Universidad de Chile
Por eso la imperiosa necesidad de un cambio. Por eso la importancia del surgimiento de esta nueva izquierda radical, anticapitalista, que tendrá la misión histórica de poner fin a la larga noche neoliberal, esa que comenzó el 11 de Septiembre de 1973 y que sin solución de continuidad se perpetuó con el frustrado tránsito de la dictadura pinochetista a la democracia de baja -en realidad de muy baja- intensidad construida primero por la Concertación y luego por la Nueva Mayoría, para seguir aplicando, bajo distintos ropajes, las políticas del dictador. Por eso la necesidad de unir fuerzas, de conjuntar a todas las expresiones políticas que quieren cambiar a Chile. De acordar sobre la base de las coincidencias fundamentales y de postergar la discusión sobre las divergencias marginales. Ese fue el camino seguido por nuevas fuerzas como el Frente Sandinista de Liberación Nacional y, posteriormente, del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, ninguno de los cuales es una pieza monolítica sino creaciones políticas que supieron construir la unidad en la diversidad. Como también hizo Chávez con el PSUV de Venezuela, o Evo con el MAS o Correa con Alianza País. Y esa también es la historia del 26 de Julio fundado por Fidel en Cuba. En Chile habrá que librar una lucha muy dura contra una derecha enquistada en la estructura del poder durante siglos. Sólo con unidad, con mucha unidad, y también con claridad ideológica en la batalla de ideas y con formas organizativas democráticas y flexibles, aptas para enfrentar diferentes luchas en distintos escenarios, se podrá prevalecer en este decisivo combate por la creación de un nuevo Chile que los partidos tradicionales no quieren, ni podrían, construir.