17.10.2012

Hola todas y todos: a continuación hallarán la respuesta a las andanadas de críticas que suscitó mi «osadía» de pretender plantear una disidencia en relación a un artículo publicado por Prensa Obrera y al cual me refiriera en mi post anterior. Como seguramente estarán enterados, mi pretensión de discutir política dio pie a una interminable catarata de insultos, pero ni un sólo argumento como podrán juzgar por ustedes mismos. A continuación, mi respuesta:

Respuesta a un crítico anónimo del Partido Obrero
sobre Lanata versus Chávez
Por Atilio A. Boron
Terminar radicalmente con el lenguaje injurioso
no es cosa fácil
si se tiene en cuenta que el desenfreno en el lenguaje tiene raíces
psicológicas
y es una consecuencia del escaso grado de cultura de los suburbios.
… El
lenguaje
es el instrumento del pensamiento. La corrección y precisión del lenguaje es
condición indispensable de un pensamiento recto y preciso
.
León Trotsky, Problemas de la vida cotidiana (1924)
Estimado anónimo del
Partido Obrero: fiel a las inveteradas costumbres de su organización usted
responde con insultos a una crítica política, dura pero sin agravios. Lo hace,
además, escudado en el anonimato. Se asoma a la polémica tratándome de
caradura. ¿Le parece que un debate entre marxistas puede hacerse cuando uno de
ellos actúa desde las sombras? Ni yo soy Marx ni usted es Lasalle, pero por lo
menos podríamos aprender algo de aquel debate y hacerlo a cara descubierta y
con argumentos en lugar de agravios. Allá usted.
Vamos al grano: le
aseguro que leí su artículo sobre las desventuras de Lanata en Venezuela con
mucho cuidado, porque jamás imaginé que su extravío ideológico pudiera llegar
tan lejos como para defender al periodista estrella del Grupo Clarín y atacar a
Chávez, a quien define como líder de un “bonapartismo nacionalista”. Se puede y
se deben discutir los logros y los problemas del chavismo, pero  su toma de partido en favor de Lanata raya en
lo ridículo. Su gente se enoja conmigo y me ha obsequiado un interminable
torrente de insuotos; pero debería más bien enojarse con quienes son incapaces
de establecer alguna diferencia entre un líder de masas  -así como Trotsky apreciaba al general Lázaro
Cárdenas aunque no fuera socialista- y un provocador enviado por el mayor
oligopolio mediático de la Argentina, incondicional aliado del imperialismo y
la reacción. Con todo respeto le digo que el sesgo conservador del artículo es
decepcionante: a  Lanata le reprocha su
falta de espíritu crítico, un pecadillo venial; pero a Chávez lo acusa de algo
gravísimo como la censura y la represión que supuestamente ejercería sobre sus
opositores, haciéndose eco de la prédica que a diario realiza el Grupo Clarín y
el diario La Nación. Además permítame que le diga que su artículo peca de incoherencia.
Comienza criticando al periodista de marras por haber repetido “como un loro lo
que soplaban los medios internacionales” para luego rematar su nota con un
frontal ataque a Chávez, precisamente la persona que combatía a esos loros.
Todo mal. ¡Por una vez llame las cosas por su nombre! En el marxismo eso que
usted denomina eufemísticamente  “medios
internacionales” se llama IMPERIALISMO, y hay que escribirlo así, con
mayúsculas. Perdone que use esta palabrota que parece haber desaparecido de su
vocabulario pero le aseguro que Trotsky jamás le hubiera perdonado este desliz
lingüístico. Sabe, la lucha de clases también se libra en el lenguaje. Hablar
de “medios internacionales” en lugar de imperialismo revela una ambiguedad
ideológica que es la segura antesala de un extravío político, cosa que se
comprueba a medida que se avanza en la lectura de su artículo.
Luego de esa infeliz
referencia termina su órgano de prensa victimizando a Lanata, haciéndolo
aparecer como un inocente corderito cuyas libertades democráticas fueron
conculcadas por  Chávez.  Decir que Lanata y su equipo fueron a
“laburar” es de una ingenuidad asombrosa; se lo puede contar a un niño de un
jardín de infantes pero es inadmisible en alguien que lleva toda una vida
haciendo política. Hable con la gente común y corriente, no sólo con sus
correligionarios y tome nota de lo que opinan acerca del objetivo del viaje de
Lanata y sus “laburantes”. Para colmo, en su crítica a mi nota usted vuelve a
defender a Lanata ante «lo que hizo el gobierno de Chávez con su equipo
periodístico», lo cual ratifica la certeza de lo que afirmara en mi blog.
Ante su corroborada incapacidad para comprender los procesos revolucionarios
–de ahí sus virulentas diatribas en contra de Fidel, Chávez, Evo, Correa-
reacciona como un pequeño burgués indignado: se rasga las vestiduras y  formula una defensa abstracta de la libertad
democrática de Lanata y el Grupo Clarín, arrojando por la borda las radicales
objeciones que el joven Marx había hecho acerca de esta clase de
argumentaciones que soslayan por completo las condiciones históricas  que definen el ejercicio concreto de esa
libertad. Si hubiera reparado, como lo aconseja el materialismo histórico, en
esas condiciones (verbigracia, la lucha de clases que se libra en la Argentina
y en toda América Latina) se habría dado cuenta de que Lanata y su equipo no fueron
a Venezuela para hacer periodismo sino para operar en contra de un gobierno que
hoy por hoy es el enemigo número uno del imperialismo norteamericano, tema que
no me parece para nada  irrelevante. Por
si le queda alguna duda acerca del verdadero objetivo del viaje de Lanata le
paso la dirección del video en donde se lo ve exclamar furioso, una vez que
terminara la emisión de su programa desde Caracas: “¡perdió .. la c..  de su madre”! 
(
http://www.youtube.com/watch?v=vILtuYvCcOs&fb_source=message )

Convénzase: el enemigo
principal e inmediato del imperialismo norteamericano es Chávez, no el Partido
Obrero. Y el Grupo Clarín mandó a los “laburantes” aquellos que usted  defiende a pelear en contra de Chávez e,
indirectamente, a favor de la derecha de aquí y de allá y, sobre todo, a favor
del imperio. Creo que coincidirá conmigo en que esos son nuestros enemigos.
Tenga usted la seguridad de que si esa gente llegara a tomar el poder no harán
ninguna distinción entre usted y yo: en las fosas comunes estaremos todos
hermanados, como lo estuvieron quienes fueron apresados, torturados y
desaparecidos por la genocida dictadura cívico-militar de 1976. No entiendo
como es que usted puede defender a los enviados del Grupo Clarín mientras
fulmina con su crítica a un personaje, Chávez, y a un proceso, la revolución
bolivariana,  a quienes el imperialismo norteamericano
viene combatiendo desde hace trece años. ¿Por qué será? ¿No le parece que algo
hace ruido en su cabeza? ¿No advierte alguna contradicción entre su retórica y
la prosaica realidad de la vida política? ¿No cayó en la cuenta de que tras el
“affaire Lanata” el Grupo Clarín se abstuvo de realizar cualquier análisis del
triunfo de Chávez (o la derrota de Capriles). ¿Por qué habrá sido? Mi opinión:
porque no le interesaba en lo más mínimo la labor periodística que pudieran
hacer Lanata y su equipo sino que su objetivo era montar una operación dirigida
a desprestigiar al gobierno bolivariano. No hubo tal atentado a la libertad de
prensa o de expresión; lo que hubo fue la neutralización, por parte de las
autoridades venezolanas, de una grosera maniobra de un equipo que llegó no con
la misión de  informar sino con el
propósito de provocar.
El desgraciado caso de
Mariano Ferreyra –como tantos otros héroes de nuestras luchas populares: Maxi,
Darío, Carlos Fuentealba, Teresa Rodríguez, Cristian Ferreyra y ahora Miguel
Galván, del Mocase, etcétera- merece el mayor de mis respetos. Como  todos ellos fue víctima del accionar de los
aparatos represivos del estado y las patotas con las cuales se dividen la tarea
de “disciplinar” y, llegado el caso, de eliminar a quienes luchan y resisten la
explotación y la dominación de los capitalistas. Pero no se evitará la
recurrencia de estos asesinatos insultando y difamando a compañeros que tienen
una opinión diferente sobre un hecho político o sobre una coyuntura. Le aclaro,
además, que jamás he sido invitado a un acto del gobierno de CFK:  mis críticas al kirchnerismo son públicas y
notorias. Lucho, como puedo y con las armas que tengo a mi alcance, por el
socialismo y su etapa superior, el comunismo, objetivo político irrenunciable de
todo mi actuar. El kirchnerismo, en cambio, cree en un “capitalismo
serio”.  Las diferencias son notorias
pero como el mundo real -no el que se ve desde una capilla- presenta muchas
complejidades no puedo caer en el maniqueísmo 
que oprime el cerebro de muchos de sus amigos. ¿Cómo no voy a reconocer
la importancia de la política de derechos humanos de este gobierno, aún cuando
alimente la ilusión de un “capitalismo serio”? ¿Cómo desconocer que los
asesinos de Mariano Ferreyra llevan varios meses detenidos y que casi con
seguridad van a terminar en la cárcel? ¿O para usted estas son minucias? ¿Cómo
voy a desconocer la importancia de la Unasur para tratar de erigir una valla en
contra de los avances del imperialismo norteamericano y sus bases militares en
la región?  ¿Cómo desconocer que en Mar
del Plata se derrotó al ALCA? Desconocer tales realidades me impedirían hacer
eso que, tras las huellas de Marx, recomendaba Lenin cuando decía que “el
marxismo es el análisis concreto de una situación concreta”. El reconocimiento
de aquellos avances, a los que se le podría sumar la renovación de la Corte
Suprema, por ejemplo, o de programas económicos como la Asignación Universal
por Hijo (aún con sus limitaciones) no me impide percibir la explotación del
trabajo asalariado inherente a toda sociedad capitalista, el trabajo “en negro”
tan extendido en nuestro país,  la
extranjerización de la economía, la sojización del agro, la megaminería a cielo
abierto, la trampa del INDEC, la regresividad del régimen tributario, el lento
despojo de la inflación, la crisis energética, el desplome del transporte
público y muchas otras cosas más. Espero que también coincida conmigo en que
Trotsky era un comunista inclaudicable. Pero él, a diferencia de usted,
distinguía matices. Su mundo no era de blanco o negro. Por eso cuando llegó a
México no titubeó un segundo en aplaudir la política petrolera de un régimen
burgués nacional como el de Lázaro Cárdenas, y se acogió de buen grado al asilo
que le otorgaba su gobierno aunque reconociera, al mismo tiempo, las
limitaciones y contradicciones del régimen. Aplaudiendo, en suma, los adelantos
del reparto agrario -de nuevo, aún con sus limitaciones- y la nacionalización
petrolera a la vez que censuraba el contenido burgués del proyecto cardenista.¿Por
qué no imitar esa correcta actitud de Trotsky para analizar concretamente el
caso argentino? He criticado hasta el cansancio las limitaciones y
contradicciones de lo que el oficialismo denomina “el modelo”, pero quien habla
de contradicciones asume que hay algunos aspectos positivos en la gestión del
gobierno nacional aunque en el balance los negativos tengan un peso
insoslayable. Ignorar esto tiene como precio caer en una metafísica
fundamentalista del “todo malo vs. todo bueno”, o en una historia concebida
como la interminable cadena de traiciones de los dirigentes –Lenin, Stalin, Mao,
Ho Chi Minh, Allende, Fidel, Chávez, Evo, Correa- perpetradas en contra de masas
eternamente frustradas en sus aspiraciones revolucionarias. Pero, repito, esto
es metafísica y el tema no me interesa. Entre otras cosas porque es
políticamente estéril y a mí me interesa cambiar el mundo, no tan sólo
denunciar sus iniquidades.
Por último: si de ir a
lugares se trata, déjeme decirle que tampoco fui a tomar champán con periodista
alguno del Grupo Clarín o Radio Mitre, algo que repugna mis más profundas
convicciones. Por eso, contrariamente a lo que usted dice,  me sobra autoridad moral para hablar de todos
estos temas aún con una persona como usted, que no tolera la disidencia y la
discusión política y que su único reflejo ante ello es la diatriba y la
descalificación de su interlocutor. ¡Ah!, de paso, más vale que se preocupe por
educar a sus muchachos porque están haciendo un papelón inigualable con sus
comentarios e insultos en mi blog,  convirtiéndose en los hazmerreir de quienes me
visitan. Hubo uno que calificó a la Venezuela bolivariana como un “estado
policial”, que es lo que dicen a coro los periodistas del Grupo Clarín. Sin
embargo, en ese “estado policial” un candidato afín a sus ideas, Orlando
Chirino, pudo participar en las últimas elecciones presidenciales, proponer su
candidatura y hacer su campaña criticando acerbamente al gobierno sin que nadie
lo molestara. Lástima que sólo pudo obtener unos 4.000 votos, contra más de
8.000.000 de Chávez. Conviene que se pregunte por las razones de tan resonante
derrota. Otro de sus compañeros, anónimo también él, me acusa de haberme tomado
“en serio el cuentito del imperialismo”. Fiel a las enseñanzas de dirigentes
como usted, para este compañero el imperialismo es apenas “un cuentito”.  Hágase un favor a usted mismo y mándelos a
estudiar. Si tiene desconfianza de los demás hay un par de notables trotskistas
-lamentablemente fallecidos ya- y de cuya amistad me enorgullecía: Ernest
Mandel y Daniel Bensäid que escribieron varios libros sobre el “cuentito” del
imperialismo. Ojalá que sus muchachos le hagan caso y se pongan a estudiar.

Postsciptum:
Apenas terminé de
redactar estas líneas fui advertido por mucha gente en la web de que había
salido una nueva nota, esta vez firmada por Gabriel Solano y Jorge Altamira, en
donde mi persona era objeto de un vitriólico ataque enhebrando una sarta de
mentiras, calumnias e insultos tan absurdos que lejos de enojarme me produjeron
lástima. De ahí el epígrafe de Trotsky al comienzo de esta nota. Tiene toda la
razón cuando escribió que “la corrección y precisión del lenguaje es condición
indispensable de un pensamiento recto y preciso”, como  debe ser el marxismo. Y también cuando
recordaba que “terminar radicalmente con el lenguaje injurioso no es cosa fácil
si se tiene en cuenta que el desenfreno en el lenguaje tiene raíces
psicológicas y es una consecuencia del escaso grado de cultura de los
suburbios.”  Por un momento pensé en
responder a ese desenfreno pero luego caí en la cuenta de que el esfuerzo no
valía la pena. Al fin y al cabo son expresiones de un sector residual de la
izquierda mundial que jamás protagonizó ninguna de las grandes revoluciones que
cambiaron la historia universal en el siglo XX. 
Ni la revolución mexicana, ni la rusa, ni la china, ni la vietnamita, ni
la  boliviana, ni la cubana ni la
sandinista se beneficiaron con su arrojo y su sabiduría; tampoco fueron
favorecidos con su apoyo Salvador Allende en Chile, Juan Bosch en República
Dominicana o Jacobo Arbenz en Guatemala. Vino entonces a mi memoria una
apropiada frase de Marx en el Prólogo del Primer Tomo de El Capital
con la cual pongo fin a una controversia que pretendió ser política pero que no
lo fue ni tiene las menores condiciones para serla. La frase decía así:
Bienvenidos todos los juicios fundados en una crítica científica.
En cuanto a los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca
he hecho concesiones, será mi divisa, como siempre, la del gran florentino: Segui
il tuo corso, e lascia dir le genti
! [¡Sigue tu camino y deja
que la gente hable!]
.
¡Hasta la victoria,
siempre!
Atilio A. Boron