CHÁVEZ y el Papa FRANCISCO. 
Chávez tenía un extraordinario sentido del humor, que en no pocas ocasiones lo utilizaba para burlarse de sí mismo. Esto es algo que sólo lo hacen los grandes de verdad, conscientes de la sabiduría encerrada en aquella famosa frase de Martí que decía que : «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.» Los hombres pequeños, en cambio, carecen del sentido del humor y, por añadidura, jamás lo aplican para mofarse de sí mismos. Piensan que ser solemnes es un rasgo de seriedad cuando la solemnidad suele casi invariablemente ser el disfraz bajo el que se ocultan los mediocres y los imbéciles. Chávez era infinitamente más serio que centenares de políticos y gobernantes, dentro y fuera de Venezuela, siempre en pose de severos tribunos y sin otra idea en su cabeza que su deseo de servir a los poderosos.



Por eso estoy seguro que al Comandante le hubiera encantado ver esta imagen en donde «La creación de Adán», que Miguel Angel pintó en la Capilla Sixtina, es reemplazada por un Fidel, Dios creador de todo lo existente, dándole vida a un joven Chávez tocado por el fuego sagrado del viejo líder. La caricatura fue obra de Marco Ruiz y, aparentemente, publicada en el Miami Herald. Según algunos enjundiosos «vaticanólogos» esta imagen sería utilizada por el Papa Francisco para lanzar su tan esperada cruzada reformadora dentro de la Iglesia: no más lavado de dólares en el Banco Vaticano, no más alianzas financieras con mafias criminales y oligopolios, fin del celibato eclesiástico, incorporación de la mujer al sacerdocio, despenalización del aborto y derecho de la mujer a decidir lo que hacer con su propio cuerpo, juicio y castigo a los pedófilos, verdadera -no meramente retórica- opción por los pobres y condena taxativa e irrevocable del capitalismo como un sistema económico-social absolutamente irreconciliable con el Cristianismo, religión fundada por el hijo de un carpintero judío en un pueblo esclavizado por el imperio de su época, Roma, y cuya esencia es profundamente antiimperialista y enemiga irreconciliable de ricos y poderosos.